En 1898, el bioquímico ingles Frederick Hopkins sugirió que algunos alimentos contenían ’factores accesorios’ además de proteínas, carbohidratos, grasas, etc. que eran necesarios para las funciones del cuerpo humano. En 1912, el bioquímico polaco Kazimierz Funk propuso el nombre de ’vitamina’ para un micronutriente aislado con determinados beneficios para la salud. El nombre derivaba de las palabras ‘vital’ (cuyo significado en latín es ‘necesario para el mantenimiento de la vida’) y ‘amina’ (un compuesto orgánico que contiene un átomo básico de nitrógeno). Este término pronto se convirtió en sinónimo de los factores accesorios observados primero por Hopkins.

Cuando se demostró que no todas las vitaminas eran aminas (p.ej., la vitamina C), la palabra ya estaba en boca de todos. Las vitaminas no comparten una química común, pero sí otras características. Todas son nutrientes orgánicos necesarios en pequeñas cantidades para un metabolismo normal y una buena salud. La mayoría de las vitaminas se obtienen por medio de la dieta o los suplementos. El cuerpo puede fabricar sólo tres vitaminas a partir de fuentes no dietéticas: la vitamina D, la vitamina K y vitamina B7 (biotina).