La vitamina C (ácido ascórbico) es hidrosoluble y sensible al oxígeno. Por esta razón, puede destruirse parcialmente en los alimentos durante su procesamiento, si se exponen al aire durante su conservación o si son tratados con agua. Los fabricantes pueden protegerlos de la oxidación añadiéndoles vitamina C. La adición de ácido ascórbico como antioxidante debe indicarse debidamente en la lista de ingredientes de la etiqueta del producto final.