Tema del mes

La importancia de los micronutrientes en todas las etapas de la vida

diciembre 5, 2016

By Julia Bird

Los micronutrientes son moléculas sorprendentes. Solo se necesitan en cantidades muy pequeñas —la ingesta diaria de vitaminas B12, D y K es inferior a un grano de arena fina—, pero son absolutamente indispensables para vivir. Ya seamos jóvenes o viejos, para conservar la salud necesitamos micronutrientes a diario. Sin embargo, las necesidades nutricionales cambian y los requisitos de bebés y ancianos son diferentes. ¿Qué micronutrientes son más importantes en cada etapa de la vida?

Embarazo

Los primeros pasos para una buena nutrición comienzan antes de nacer (1). La desnutrición causada por la carencia de micronutrientes puede afectar al desarrollo del feto, por lo que es importante que las mujeres que puedan concebir lleven una alimentación saludable. Los micronutrientes más importantes para los bebés antes de nacer son el ácido fólico, la vitamina A, el hierro, el yodo y el ácido graso omega 3 ácido docosahexaenoico (DHA).

El ácido fólico es necesario para el buen desarrollo del sistema nervioso: si una mujer embarazada presenta deficiencias en las primeras semanas de gestación, el feto corre el riesgo de padecer defectos del tubo neural. El cuerpo necesita folatos para fabricar ADN y su deficiencia puede interferir en el desarrollo normal del tubo neural al reducir la formación correcta de ADN en las células neuronales durante este periodo de rápido crecimiento (2). En muchos países, para disminuir la incidencia de defectos del tubo neural, han sido fundamentales la fortificación de alimentos y la complementación de la dieta con folato (3).

Antes del parto, la vitamina A es uno de los micronutrientes necesarios en la cantidad justa: puede ser perjudicial tanto por exceso como por defecto (4). La vitamina A es precisa para las células que experimentan una rápida división celular y su deficiencia puede causar defectos congénitos (5). Por otro lado, también puede provocar defectos congénitos la ingesta muy elevada de vitamina A preformada (retinol) durante las primeras 7 semanas de gestación. Las mujeres embarazadas deben mantener la ingesta en los niveles recomendados.

Durante el embarazo hay una gran demanda de hierro. El bebé en desarrollo necesita hierro para los glóbulos rojos, mientras que un nivel saludable de hierro también beneficia a la madre para prevenir enfermedades por pérdida de sangre durante el parto. Lamentablemente, la anemia por deficiencia de hierro es un factor de riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer (6). La anemia causa estrés en el niño y la madre, lo cual incrementa el riesgo de parto prematuro y de (pre) eclampsia (7).

El DHA es un ácido graso omega 3 que se incorpora a las células del sistema nervioso (8). Es un ácido graso condicionalmente esencial pero, a diferencia de otros ácidos grasos esenciales, su ingesta durante el embarazo suele ser inferior a la recomendada (9). Datos recientes indican que la complementación prenatal mejora la capacidad cognitiva de los niños preescolares (10).

Otro micronutriente crucial en el embarazo es el yodo (11). El yodo forma parte de las hormonas tiroideas y su deficiencia es la principal causa evitable de retraso mental en el mundo. El contenido de yodo de los alimentos es enormemente variable y está relacionado con el contenido de yodo del suelo. La fortificación con sal yodada es el medio más eficaz para incrementar la ingesta de yodo de la población (12).

Primera infancia

En los primeros años de vida se producen enormes transiciones: el primer alimento de los bebés es la leche, pero su dieta se diversifica a medida que comienzan a explorar y a interaccionar con el mundo. Los niños muy pequeños tiene un elevado ritmo de crecimiento, por lo que el hierro y la vitamina A son extremadamente importantes (13, 14). En la alimentación de todos los bebés y niños pequeños deberían suministrarse ácidos grasos esenciales DHA y ARA, ya que desempeñan un papel fundamental para un desarrollo visual y neurológico normal (8, 15). La ingesta de vitaminas A, D, E y calcio en niños pequeños es insuficiente en todo el mundo (16). En la primera infancia cobran importancia los micronutrientes vitamina D y flúor.

La vitamina D es necesaria para que el cuerpo absorba el calcio del tracto digestivo. La enfermedad causada por deficiencia de vitamina D o calcio en la niñez se llama raquitismo y se caracteriza por unos huesos blandos y débiles. Esta enfermedad ha permanecido bajo control durante décadas, pero está resurgiendo como problema de salud pública debido a la menor exposición al sol (17). Es preciso hacer un esfuerzo por suministrar a bebés y niños pequeños el nivel adecuado de vitamina D y calcio.

El flúor es un mineral que se incorpora a la superficie de los dientes en desarrollo. Es un proceso que solo puede suceder en la niñez, durante la dentición. Un nivel bajo de flúor en el agua potable lleva asociado un riesgo mucho mayor de caries dental (18). El micronutriente flúor es importante para mantener la dentadura durante toda la vida.

Niñez

Los niños aprenden gradualmente a ser independientes y una buena nutrición los apoya en este proceso. Para la salud de los huesos en crecimiento sigue siendo importante mantener una ingesta adecuada de hierro, así como de calcio y vitamina D. La deficiencia de yodo es un problema mundial en niños en edad escolar: aproximadamente uno de cada tres presenta un nivel insuficiente (19). Si la deficiencia de yodo no se trata, el niño puede sufrir retrasos intelectuales (20). Las familias con niños pequeños deberían cocinar con sal yodada; las familias que apenas utilizan sal en la cocina podrían beneficiarse del uso de complementos. En todo el mundo ha crecido el riesgo infantil de insuficiencia de vitamina E (21).

Una parte importante de la infancia gira en torno al colegio y el aprendizaje. El cerebro infantil experimenta un pico de crecimiento entre los 7 y los 9 años, en el área del cerebro rica en DHA que se encarga de las funciones cognitivas superiores (22). Cada vez hay más datos que subrayan la importancia del ácido graso omega 3 de cadena larga DHA para ayudar a los niños escolares a aprender mejor, especialmente a los que son más vulnerables a un bajo rendimiento académico (22, 23). La ingesta adecuada de DHA favorece un desarrollo cerebral normal durante la infancia y la adolescencia (24).

Adolescencia

Tras el intenso ritmo de crecimiento de la infancia, el siguiente gran salto de desarrollo se produce en la adolescencia. Se trata de un periodo en el que los adolescentes comienzan a afirmar su independencia, incluso con ciertos cambios de alimentación que quizá no sean deseables. Entre los micronutrientes fundamentales para los adolescentes figuran el calcio, el hierro, la vitamina C y el folato.

El calcio es el principal mineral de los huesos. El estirón que se produce entre los doce y los trece años implica que durante este periodo los adolescentes atraviesan el mayor incremento de masa ósea de su vida. Para fabricar la masa ósea de la que dependerán el resto de su vida, es fundamental una ingesta adecuada de calcio. Los productos lácteos constituyen el aporte más importante a la ingesta y los adolescentes que sustituyen el vaso de leche por un refresco corren el riesgo de que esta sea demasiado baja.

Siendo el folato importante para la síntesis de ADN, ARN y proteínas, el elevado ritmo de crecimiento de la pubertad aumenta la necesidad de este micronutriente. La ingesta diaria recomendada así lo refleja. Un estudio representativo de la población estadounidense observó que los adolescentes tenían el nivel de folato más bajo de todos los grupos de edad, independientemente de si se había fortificado o no la harina con folato (25), mientras que en los adolescentes europeos se registró una ingesta de folato demasiado baja (26). Los malos hábitos alimenticios, como saltarse el desayuno o rechazar las verduras de hoja verde, puede afectar al nivel de folato a largo plazo. Además, la vitamina C es un nutriente «de riesgo» entre los adolescentes, especialmente los de más edad.

Edad adulta

Aunque en general los adultos corren un riesgo menor de deficiencia vitamínica o mineral, puesto que ya no están creciendo y las enfermedades de la vejez quedan lejos, todavía corren el riesgo de padecer deficiencias de micronutrientes. Esto puede deberse en parte a los distintos estilos de vida. Los fumadores tienen mayor necesidad de vitaminas C y E (27, 28). La ingesta excesiva de alcohol afecta al metabolismo de varias vitaminas, en especial folato y vitaminas B1 y B3 (29-31). Se ha comprobado que la deficiencia de vitamina B6 es la más común en Estados Unidos (32), probablemente debido a una ingesta insuficiente (33). También se ha observado un nivel deficiente de vitamina B6 en varios estudios realizados con adultos europeos (34-36).

La deficiencia de hierro es un problema de envergadura mundial y las mujeres en edad reproductiva corren un riesgo mayor debido a las pérdidas menstruales (37). Las mujeres adolescentes y adultas deben asegurarse de que su ingesta de hierro sea adecuada. En especial, deben intentar consumir hierro altamente absorbible o incluir una fuente de vitamina C en la comida para maximizar la absorción (38).

Vejez

Los adultos en edad avanzada corren un riesgo de desnutrición general. Los cambios de olor, dentadura y sensación de hambre que acompañan a la edad, junto con un alto índice de enfermedades crónicas y movilidad reducida, pueden provocar que los mayores reduzcan la ingesta de alimentos ricos en nutrientes y de los micronutrientes que estos contienen (39). El coste de la desnutrición causada en ancianos por deficiencia de micronutrientes representa una carga considerable para el sistema nacional de salud de muchos países. El mes pasado, NUTRI-FACTS examinó los nutrientes básicos para mantener la salud cognitiva al envejecer, pero las personas de edad avanzada tienen además otras necesidades nutricionales importantes.

Los ancianos necesitan más vitamina D para compensar la mayor probabilidad de deficiencia de esta vitamina (40), y aun así padecen más riesgo de registrar un bajo nivel de vitamina D. También es elevada en esta población la deficiencia de vitamina B12. Esto se debe a los cambios que a esta edad experimenta el tracto digestivo, que reduce la producción en el estómago de ácidos y otros componentes líquidos necesarios en la digestión para absorber la vitamina B12 (41). También pueden provocar una deficiencia de vitamina B12 los tratamientos de algunas patologías comunes en pacientes mayores, como la metformina para la diabetes de tipo 2 (42). La deficiencia leve de vitamina B12 contribuye al deterioro cognitivo.

Otras lecturas

Brown, J.E., Nutrition Through the Life Cycle. 4th Edition, international edition. 2011. Wadsworth, Cengage Learning, 

referencias

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