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Los tres pilares de la salud cardiaca: el papel de la nutrición

marzo 13, 2017

By Julia Bird

La medicina moderna ha hecho grandes avances en el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. Aun así, siguen siendo la principal causa de muerte en la mayoría de países de todo el mundo. {McAloon, 2016 #1}(1){McAloon, 2016 #1}{McAloon, 2016 #1}. La nutrición es un factor de las enfermedades cardiovasculares que se puede controlar a nivel individual, como la actividad física periódica, mantener un peso sano y no fumar. De hecho, la nutrición se considera una de las diferencias clave en los índices de enfermedad cardiovascular de los países europeos, por ejemplo. Los diferentes componentes de los alimentos influyen en los tres principales factores de la enfermedad cardiovascular: la presión arterial, el perfil lipídico y el flujo sanguíneo.

El primer pilar: la presión arterial

La presión arterial mide la fuerza de la sangre que se bombea a través de las arterias. Esta viene determinada tanto por la cantidad de sangre bombeada como por la resistencia a la presión que tienen las arterias. La alta presión arterial es peligrosa y no tiene síntomas claros, por lo que puede pasar desapercibida durante años. Cuando se da una alta presión arterial, los pequeños vasos sanguíneos resultan dañados, incluyendo los de los órganos importantes como el corazón y los riñones. La presión arterial alta también puede ocasionar una dilatación, similar a un globo que se hincha, en las paredes de las arterias y los vasos sanguíneos, que puede afectar a la función de los órganos o incluso estallar. Las arterias más elásticas aguantan mejor los cambios normales de la presión arterial que se dan durante el día.

La dieta DASH (acrónimo en inglés de «Enfoque dietético para detener la hipertensión») se desarrolló específicamente para ayudar a la gente con presión arterial alta. Existen otras dietas que también son efectivas, como la dieta nórdica y la dieta mediterránea (2). Estas dietas tienen en común que contienen mucha fruta, verduras y cereales integrales; cantidades moderadas de proteínas magras, pescado y productos lácteos, legumbres, frutos secos y semillas; y poca carne, alcohol y alimentos azucarados (3). Algunas diferencias en la composición de estas dietas saludables para el corazón y las dietas comunes promueven la salud cardiaca. Por ejemplo, el alto contenido en potasio, calcio y magnesio de estas dietas contribuye a mantener un equilibrio electrolítico y una presión arterial normales (2). El consumo de fibra en la dieta, especialmente a través de los betaglucanos de avena, se relaciona con mejoras en la presión arterial (4). El resveratrol de la dieta, un componente bioactivo que se encuentra en el vino tinto, las bayas y los cacahuetes, parece mejorar ligeramente la presión arterial cuando se toma como suplemento (5). Esto se debe, probablemente, a los efectos que el resveratrol tiene en el revestimiento de los vasos sanguíneos: es capaz de aumentar la producción de óxido nítrico en las células de los vasos sanguíneos, lo cual mejora la capacidad de los vasos sanguíneos de expandirse y reaccionar a los cambios de la presión arterial (6).

El segundo pilar: unos lípidos en sangre saludables

Un perfil lipídico saludable es aquel en el que el colesterol «malo» y los niveles de triglicéridos se mantienen en niveles bajos y los niveles de colesterol «bueno» son altos. La nutrición puede modificar el perfil lipídico y mejorarlo. Así se promueve la salud cardiaca, al limitar el proceso de aterosclerosis (placas que se forman en las arterias). Se cree que la presencia de grasa monoinsaturada y polifenol en el componente básico de la dieta mediterránea, el aceite de oliva virgen, es responsable de sus efectos positivos en el perfil lipídico, especialmente de subir los niveles de colesterol «bueno» y reducir los del «malo» (7).

Los triglicéridos se consideran un factor de riesgo independiente de los ataques cardiacos y las enfermedades cardiovasculares. Se ha demostrado que los ácidos grasos omega 3 reducen, en función de la dosis, los triglicéridos en sangre (8), y por lo tanto mejoran el perfil lipídico. Funcionan reduciendo la producción de triglicéridos y aumentando su volumen. Las vitaminas C y E, que son antioxidantes, también mejoran el perfil lipídico al reducir el estrés oxidativo del colesterol LDL (9, 10).

Hace décadas que se conoce el vínculo entre las dietas ricas en fibra y un colesterol más bajo, lo cual reduce las tasas de enfermedades cardiovasculares (11). La fibra en dieta se une a los ácidos biliares que se producen habitualmente en la digestión. Estos ácidos biliares están formados de colesterol. Tras unirse a la fibra de la dieta, los ácidos biliares se expulsan en lugar de ser reciclados. El cuerpo se estimula para producir más ácidos biliares a partir del colesterol para sustituir los que se han perdido con la fibra. Por lo tanto, los niveles de colesterol se reducen (12). Además, la Comisión Europea y la Agencia de Alimentos y Medicamentos coinciden en que existe una relación causa-efecto entre una fibra de la dieta particular, el betaglucano de avena, y la reducción del colesterol (13, 14), cuando se hace un consumo de al menos tres gramos al día.

El tercer pilar: el flujo sanguíneo

Un flujo sanguíneo sano es esencial para la salud cardiaca. Los componentes de la sangre (las plaquetas) influyen en cómo fluye y se coagula la sangre. Por un lado, la coagulación de la sangre es esencial para que el cuerpo se repare tras sufrir una lesión. Por otro lado, una alta coagulación aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular, de trombosis venosa profunda y de embolia pulmonar. Debido al proceso de envejecimiento, la sangre se espesa y es más probable que forme coágulos peligrosos (15). Los componentes de los alimentos pueden ayudar a mantener un flujo sanguíneo normal. Por ejemplo, los tomates tienen efectos beneficiosos para la función de las plaquetas (16), y se ha demostrado que el extracto de tomate es efectivo para reducir la agregación plaquetaria (17), lo cual llevó a la UE a aprobar esta propiedad para la salud (18).

También se ha demostrado que los ácidos grasos de cadena larga omega 3 EPA y DHA afectan igualmente a la función plaquetaria (19). Se incorporan a las membranas celulares de la sangre en lugar del ácido graso omega 6 ácido araquidónico, que reduce la producción del tromboxano A2 promoviendo la formación de coágulos sanguíneos. Además, hay varios polifenoles, especialmente los del cacao, pero también los del té, el vino tinto, las bayas y la cebolla, que presentan un efecto antiplaquetario (19).

 

referencias

  1. McAloon, C.J., et al., The changing face of cardiovascular disease 2000-2012: An analysis of the world health organisation global health estimates data. Int J Cardiol, 2016. 224: p. 256-264.
  2. Ndanuko, R.N., et al., Dietary Patterns and Blood Pressure in Adults: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials. Adv Nutr, 2016. 7(1): p. 76-89.
  3. Sacks, F.M., et al., Rationale and design of the Dietary Approaches to Stop Hypertension trial (DASH). A multicenter controlled-feeding study of dietary patterns to lower blood pressure. Ann Epidemiol, 1995. 5(2): p. 108-18.
  4. Evans, C.E., et al., Effects of dietary fibre type on blood pressure: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials of healthy individuals. J Hypertens, 2015. 33(5): p. 897-911.
  5. Liu, Y., et al., Effect of resveratrol on blood pressure: a meta-analysis of randomized controlled trials. Clin Nutr, 2015. 34(1): p. 27-34.
  6. Bonnefont-Rousselot, D., Resveratrol and Cardiovascular Diseases. Nutrients, 2016. 8(5).
  7. Carluccio, M.A., et al., Vasculoprotective potential of olive oil components. Mol Nutr Food Res, 2007. 51(10): p. 1225-34.
  8. Backes, J., et al., The clinical relevance of omega-3 fatty acids in the management of hypertriglyceridemia. Lipids Health Dis, 2016. 15(1): p. 118.
  9. Wallert, M., et al., Regulatory metabolites of vitamin E and their putative relevance for atherogenesis. Redox Biol, 2014. 2: p. 495-503.
  10. Zhang, P.Y., X. Xu, and X.C. Li, Cardiovascular diseases: oxidative damage and antioxidant protection. Eur Rev Med Pharmacol Sci, 2014. 18(20): p. 3091-6.
  11. Kritchevsky, D. and J.A. Story, Fiber, hypercholesteremia, and atherosclerosis. Lipids, 1978. 13(5): p. 366-9.
  12. Kay, R.M., Effects of dietary fibre on serum lipid levels and fecal bile acid excretion. Can Med Assoc J, 1980. 123(12): p. 1213-7.
  13. EFSA, Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies: Scientific Opinion on the substantiation of a health claim related to oat beta glucan and lowering blood cholesterol and reduced risk of (coronary) heart disease pursuant to Article 14 of Regulation (EC) No 1924/2006. EFSA Journal, 2010. 8(12): p. 1885-n/a.
  14. U.S. Food and Drug Administration. CFR - Code of Federal Regulations Title 21. Part 101: Food labelling. Subpart E: Specific Requirements for Health Claims. Section 101.81 Health claims: Soluble fiber from certain foods and risk of coronary heart disease (CHD). 2016; Available from: https://www.accessdata.fda.gov/scripts/cdrh/cfdocs/cfCFR/CFRSearch.cfm?fr=101.81.
  15. Alexandru, N., et al., Platelet reactivity in chronic venous insufficiency. Clin Lab, 2011. 57(7-8): p. 527-34.
  16. Dutta-Roy, A.K., L. Crosbie, and M.J. Gordon, Effects of tomato extract on human platelet aggregation in vitro. Platelets, 2001. 12(4): p. 218-27.
  17. O'Kennedy, N., et al., A randomised controlled trial comparing a dietary antiplatelet, the water-soluble tomato extract Fruitflow, with 75 mg aspirin in healthy subjects. Eur J Clin Nutr, 2016.
  18. EFSA, Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies: Scientific Opinion on the modification of the authorisation of a health claim related to water-soluble tomato concentrate and helps to maintain a healthy blood flow and benefits circulation pursuant to Article 13(5) of Regulation (EC) No 1924/2006 following a request in accordance with Article 19 of the Regulation (EC) No 1924/2006. EFSA Journal, 2010. 8(7): p. 1689.
  19. Bachmair, E.M., et al., Dietary manipulation of platelet function. Pharmacol Ther, 2014. 144(2): p. 97-113.