opinión experta

Siguiendo la pista de los beneficios para la salud pública de unos niveles adecuados de omega-3

agosto 11, 2016

By Manfred Eggersdorfer 

Professor for Healthy Ageing University Medical Center Groningen (UMGG) and Senior Vice President of Nutrition Science and Advocacy at DSM

Un nuevo mapa[1] de la situación global de los omega-3 muestra que los adultos de la mayoría de regiones del mundo presentan unos niveles de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 (PUFAs) bajos o muy bajos, especialmente de EPA y DHA. Se trata del primer análisis de este tipo y se espera que los hallazgos puedan utilizarse para elaborar recomendaciones nacionales e internacionales respecto al consumo de omega-3.

Una comprensión global de los niveles de omega-3

El mapa forma parte de una nueva revisión estructurada publicada en Progress in Lipid Research. Se elaboró analizando 298 estudios sobre el nivel de EPA y DHA en el torrente sanguíneo de adultos sanos de todo el mundo, identificando en qué regiones se da un mayor riesgo de enfermedades crónicas. Las regiones con niveles muy bajos en sangre de EPA y DHA (<4%) fueron Norteamérica, Sudamérica y América Central, Europa meridional, Oriente Medio, el Sudeste Asiático y África. Las regiones del mar del Japón y Escandinavia con poblaciones indígenas que no han adoptado los hábitos alimenticios de occidente resultaron tener altos niveles de EPA y DHA (>8%).

Las regiones con unos mayores niveles de omega-3 como Escandinavia y el mar del Japón tienden a consumir una mayor cantidad de pescado que otras regiones y, a menudo, una menor cantidad de ácidos grasos omega-6 procedentes de aceites vegetales. Las regiones con unos niveles bajos de omega-3 son muchas, especialmente en el mundo occidental. Estos resultados podrían ser el reflejo de los hábitos alimentarios así como de la actitud de los consumidores hacia la suplementación.

Implicaciones para la salud pública

Como indica la World Health Organization, se calcula que las enfermedades no contagiosas causan la muerte de aproximadamente 38 millones de personas al año en todo el mundo.[2] Los ácidos grasos omega-3 (especialmente el EPA y el DHA) se relacionan desde hace tiempo con una reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares[3] y declive cognitivo[4]. El texto señala que una parte significativa de la población tiene un mayor riesgo de padecer enfermedades no contagiosas debido a los niveles bajos de omega-3.

omega-3_global_PUFA_A4_infographic

referencias

[1] Progress in Lipid Research, 20 May 2016; doi: 10.1016/j.plipres.2016.05.001  http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0163782715300333

[2] WHO Factsheet on non-communicable diseases Jan 2015 http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs355/en/

[3] Mori et al. 2014 (review), “Omega-3 fatty acids and cardiovascular disease: epidemiology and effects on cardiometabolic risk factors”; Mozaffarian et al. 2013 (study), ”Plasma phospholipid long-chain ω-3 fatty acids and total and cause-specific mortality in older adults: a cohort study”; Lavie et al. 2009 (review), “Omega-3 Polyunsaturated Fatty Acids and Cardiovascular Diseases“; www.efsa.europa.eu/de/efsajournal/pub/3840 

[4] Zhang et al. 2016, ”Intakes of fish and PUFAs and mild-to-severe cognitive impairment risks: a dose response meta-analysis of 21 cohort studies”; Mocking et al. 2016, Meta-analysis and meta-regression of omega-3 polyunsaturated fatty acid supplementation for major depressive disorders; Yurko-Mauro et al. 2015, “Docosahexaenoic Acid and Adult Memory: A Systematic Review and Meta-Analysis”; Stonehouse 2014, “Does consumption of LC Omega-3 PUFA enhance cognitive performance in healthy school-aged children throughout adulthood?”; Witte et al. 2014, “Long-chain omega-3 fatty acids improve brain function and structure in older adults”; Lee et al. 2013, “Docosahexaenoic acid-concentrated fish oil supplementation in subjects with mild cognitive impairment (MCI): a 12-month randomized, double-blind, placebo-controlled trial”; Richardson et al. 2012, “Docosahexaenoic Acid for Reading, Cognition and Behavior in Children Aged 7–9 Years: A Randomized, Controlled Trial” (The DOLAB Study); Yurko-Mauro et al. 2010, “Beneficial effects of docosahexaenoic acid on cognition in age-related cognitive decline”; Oulhaj et al. 2016, “Omega-3 Fatty Acid Status Enhances the Prevention of Cognitive Decline by B Vitamins in Mild Cognitive Impairment”.