opinión experta

El aporte de vitamina E necesario para el estilo de vida moderno

abril 15, 2014

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Stefan Pilz, PhD, Departamento de Medicina Interna, División de Endocrinología y Metabolismo, Universidad Médica de Graz, Austria.

“El término vitamina E engloba ocho compuestos que se encuentran en la naturaleza, siendo el alfa-tocoferol el más común y la forma biológicamente más activa. La vitamina E es un potente antioxidante que puede ser regenerado por la vitamina C después de la oxidación. Debido a su naturaleza lipofílica, la vitamina E se localiza en compartimentos lipídicos, como las membranas celulares, donde previene la peroxidación de los lípidos y la oxidación de las proteínas. La incorporación de la vitamina E en las membranas celu- lares puede alterar la actividad de las proteínas asociadas a las membranas. Esto, a su vez, puede modificar ciertas vías de transducción de señales celulares. Además, esta vitamina contribuye a una buena circulación de la sangre al regular la apertura de los vasos sanguíneos y evitar que el colesterol se acumule en las paredes de los mismos. Asimismo, la vitamina E desempeña un papel fundamental en el mantenimiento del sistema inmune, especialmente en las personas de edad avanzada.

Las recomendaciones actuales sobre las necesidades de vitamina E varían considerablemente entre países, sexos y grupos de edad. En general, las mujeres, los bebés, los niños y las personas mayores necesitan una ingesta diaria menor, mientras que los hombres, las embarazadas y las mujeres en periodo de lactancia necesitan dosis más altas. De las ochos formas naturales de vitamina E, la única que se mantiene en el plasma sanguíneo es el alfa-tocoferol, de ahí que la cantidad diaria recomendada (CDA) se base exclusi- vamente en esta forma. En 2000, la CDR para adultos se estableció en 15 mg de alfa-tocoferol al día en los EE. UU. (1). En Europa, las recomendaciones para adultos varía de 4 a 25 mg de equivalentes de alfa-toco- ferol (alf-TE) al día para los hombres y de 3 a 12 mg de alfa-TE al día para las mujeres. De acuerdo con las encuestas de consumo, más del 90 % de los estadounidenses (2) y casi el 50 % de los adultos en Alemania (3) no cubren las necesidades dietéticas diarias de vitamina E. Tomando como base el efecto adverso de una mayor tendencia a las hemorragias, en EE. UU. se ha establecido un nivel de ingesta máximo tolerable (UL) para adultos en 1000 mg/día de alfa-tocoferol (1).

Las investigaciones más recientes sugieren que la CDR debería ser más alta. Puesto que la vitamina E es vital para prevenir la oxidación de los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) en las membranas celulares, se ha calculado que la ingesta de alfa-tocoferol necesaria para proteger los PUFA es de 12 – 14 mg al día (4). Al preservar la integridad y la estabilidad de las membranas celulares e intracelulares, la vitamina E desem- peña una función importante en la estabilidad de los eritrocitos y la conductividad de los nervios centrales y periféricos (5). En Austria, Alemania y Suiza, las concentraciones plasmáticas de vitamina E necesarias para preservar la integridad de la membrana de los eritrocitos y las neuronas y evitar la hemólisis oscilan entre 12 y 46 μmol/L. El límite inferior de este rango es cuestionable, ya que la hemólisis de eritrocitos ocurre con concentraciones de alfa-tocoferol de 12 – 16 μmol/L, un margen que está dentro del rango recomendado. La cantidad dietética necesaria para alcanzar la concentración plasmática recomendada es de 15 – 30 mg de equivalentes de alfa-tocoferol al día para personas sin especial estrés oxidativo (4). Por otro lado, se ha sugerido un mínimo de 30 μmol/L para prevenir enfermedades cardiovasculares (ECV) y cáncer en indivi- duos que concentraciones plasmáticas normales de lípidos (6, 7). Para alcanzar el efecto protector de estos niveles plasmáticos se necesitaría una ingesta diaria de 50 UI de vita- mina E. Dado que la ingesta de vitamina E está correlacionada con la concentración plasmática, esta última podrá utilizarse como un indicador estable y servir así de base para otras recomendaciones.

Los ensayos controlados aleatorizados (ECA) publicados en el pasado sobre los posibles efectos en la salud de los suplementos con vitamina E podrían no resultar especialmente útiles para definir la CDR, ya que no sólo presentan muchas limitaciones al examinar cohortes definidas de manera muy restringida, sino también porque emplean dosis que superan con creces el rango nutricional-fisiológico (8). Tomando como referencia la evidencia epidemiológica, se deberían haber llevado a cabo ECAs con participantes que presentaran unas concentraciones plasmáticas de vitamina E inferiores a 20 μmol/L; sin embargo, no hay ningún estudio diseñado de este modo. Además, existe un riesgo considerable de sesgo en los meta-análisis de ECAs (por ejemplo, sesgo publicación, de búsqueda, de selección, etc.) (9). En este sentido, actualmente parece subestimarse el valor de los estudios epidemiológicos al establecer la CDR. Más concretamente, los estudios observacionales podrían ayudar a identificar las concentraciones plasmáticas objetivo que aportan beneficios a la salud y traspasarlas después a las cantidades correspondientes que permitan alcanzar dichas concent- raciones. No obstante, hay que reconocer que todavía existe una gran necesidad de ECAs bien diseñados. Se precisan más estudios sobre la cantidad de vitamina E necesaria para proteger de manera óptima los constituyentes de las membranas celulares que son susceptibles a la oxidación. Este papel fundamental de la vitamina E debería considerarse a la hora de definir los requerimientos diarios de vitamina E. Asimismo, el nivel deseado de vitamina E en plasma proporcionará un elemento importante para establecer estas reco- mendaciones”.

Basado en: Péter S. et al. The Challenge of Setting Appropriate Intake Recommendations for Vitamin E: Considerations on Status and Functionality to Define Nutrient Requirements. Int. J. Vitam. Nutr. Res. 2013; 83(2):129–136.

referencias

  1. Food and Nutrition Board, Institute of Medicine. Dietary reference intakes for vitamin C, vitamin E, selenium, and carotenoids. 2000; pp. 186 – 283. National Academy Press, Washington.
  2. Fulgoni V. L. 3rd. et al. Foods, fortificants, and supplements: where do Americans get their nutrients? J. Nutr. 2011; 141:1847–1854.
  3. Troesch B. et al. Dietary surveys indicate vitamin intakes below recommendations are common in representative Western countries. Br. J. Nutr. 2012; 13:1–7.
  4. Deutsche Gesellschaft für Ernährung, Ö.G.f.E., Schweizerische Gesellschaft für Ernährungsforschung, Schweizerische Vereinigung für Ernährung. Referenzwerte für die Nährstoffzufuhr. 2008; pp 87 – 93. Neuer Umschau Buchverlag, Neustadt an der Weinstraße.
  5. Boda V. et al. Monitoring erythrocyte free radical resistance in neonatal blood microsamples using a peroxyl radical-mediated haemolysis test. Scand. J. Clin. Lab. Invest. 1998; 58:317–322.
  6. Gey K. F. Cardiovascular disease and vitamins. Concurrent correction of 'suboptimal' plasma antioxidant levels may, as important part of 'optimal' nutrition, help to prevent early stages of cardiovascular disease and cancer, respectively. Bibl. Nutr. Dieta. 1995; 52:75– 91.
  7. Knekt P. et al. Antioxidant vitamins and coronary heart disease risk: a pooled analysis of 9 cohorts. Am. J. Clin. Nutr. 2004; 80:1508–1520.
  8. Traber M. G. et al. Vitamin E revisited: do new data validate benefits for chronic disease prevention? Curr. Opin. Lipidol. 2008; 19:30–38.