opinión experta

El hambre oculta

abril 1, 2013

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Prof. Dr. Hans Konrad Biesalski, director del Instituto de Bioquímica y Ciencias de la Nutrición, director ejecutivo del Centro de Seguridad Alimentaria de la Universidad de Hohenheim (Alemania)

“El hambre oculta es un problema mundial. Se denomina oculta porque pasa desa-percibida debido a la definición incorrecta del término “hambre”. Hasta la fecha, el enfoque de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricul-tura (FAO) ha sido determinar y combatir el hambre mundial de una forma única-mente cuantitativa. Se cree que si todo el mundo tuviese acceso a una cantidad suficiente de calorías se acabaría el problema. Hoy en día, los tres alimentos básicos, el arroz, el maíz y el trigo, proporcionan para un tercio de la población mundial cerca del 80% de las calorías diarias requeridas. Sin embargo, prácticamente no contienen micronutrientes esen-ciales. Las consecuencias de este error de cálculo son devastadoras: Un aporte deficiente de vitaminas, minerales y oligoelementos durante años debilita tanto el cuerpo que los afectados acaban por no poder sobrevivir ni siquiera a un tiempo reducido de escasez de alimentos. Pero las muertes por hambre son solo la punta del iceberg. Detrás de cada niño que muere debido al hambre se esconden diez niños con malnutri-ción. A menudo estos no mueren de hambre, sino de enfermedades provocadas por la malnutrición.

La malnutrición comienza ya en la gestación y tiene un impacto negativo en el desarrollo de los niños. Por término medio, cada 20 minutos mueren en el mundo unos 130 niños, la mayoría en países en vías de desarrollo debido a las consecuencias directas e indirectas de la desnutrición y la malnutrición. Las más comunes son las deficiencias de vitamina A, zinc, hierro y yodo. En el caso de las mujeres jóvenes, el hambre oculta y, en especial, la deficiencia de hierro y la falta de asistencia durante y tras el parto son uno de los motivos de la alta mortalidad materna. A ello se suman a menudo los partos prematuros y un peso muy reducido al nacer. La deficiencia de vitamina A en la madre impide la maduración de los pulmones del feto y la falta de hierro fomenta la aparición de todo tipo de infecciones durante los primeros días de vida. Hasta medio millón de bebés pierde la vista anualmente antes de alcanzar el segundo año de vida. Otros
14 millones de niños sufren pérdidas de visión que pueden resultar en ceguera. El motivo: la deficiencia crónica de vitamina A. La deficiencia de zinc debilita el sistema inmunitario. Esta es responsable indirecta de gran parte de las enfermedades de la población mundial y cada año provoca directamente la muerte de dos millones de personas. Además, en todo el mundo, entre uno y dos mil millones de personas sufren anemia ferropénica y una cantidad muy mayor a esta presenta riesgos de sufrirla. Esta carencia frena el crecimiento de los niños y suprime la reacción inmunológica. La ferropenia también puede causar deficiencias en las capacidades intelectuales. Las consecuencias, difíciles de compensar, son para toda la vida. Los niños afectados desarrollan deficiencias físicas e intelectuales, a menudo son escolarizados más tarde, tienen enfermedades con frecuencia y ganan de promedio un 20% menos que las personas con una nutrición adecuada durante la infancia. Estas personas quedan condenadas de por vida a la pobreza y dependen de las ayudas del estado. Por este motivo, el hambre oculta tiene un coste enorme para la sociedad año tras año (25 mil millones de dólares anuales en todo el mundo), paraliza a estados enteros, puede frenar el desarrollo económico e incluso incapacitarlo en parte o completamente.

La pobreza y la desnutrición crónica son inseparables y para conocer los motivos del hambre oculta, antes hay que analizar las causas de la pobreza en los países en vías de desarrollo. Las causas principales son las siguientes:

1. El aumento de los precios de los alimentos como consecuencia de la producción de biocombustibles y su impulso con subvenciones estatales, la especulación en los mercados de materias primas y la caída del incremento de la producción de arroz y trigo por efecto del clima.
2. Los gobiernos corruptos que usurpan tierras a los pequeños agricultores para venderlas a bancos, compañías aseguradoras e incluso a estados (“land grabbing”) para el cultivo de biocombustibles y piensos.
3. El cambio climático: los veranos se vuelven cada vez más caluroso y secos en todo el planeta. Las consecuencias son especialmente graves en aquellos lugares del mundo donde ya de por sí llueve menos. Ello hace caer la producción, lo cual, a su vez, provoca una subida de los precios en todo el mundo.

Por consiguiente, las medidas con las que se podría combatir el hambre oculta son la mejora de las técnicas agrarias, los métodos de cultivo y las semillas, unas condiciones comerciales justas en los mercados mundia-les, garantizar el abastecimiento de alimentos y su valor nutritivo y la justa distribución de los alimentos.

Sin embargo, el fenómeno del hambre oculta no solo está presente en los países en vías de desarrollo, sino que, con el aumento de la pobreza, afecta cada día a más naciones desarrolladas. En estas, aunque hay abundancia de alimentos, está aumentando el número de personas que no puede permitirse una alimenta-ción equilibrada a largo plazo. Cuanto más escasos son los recursos socioeconómicos, peor es también la alimentación. La mayoría de víctimas del hambre oculta en la actualidad son los niños pobres y sus madres. Según un estudio comparativo de UNICEF, alrededor de 30 millones de niños crecen inmersos en la pobreza relativa en los 35 estados más ricos del mundo. En Alemania, por ejemplo, hasta 16 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza, de los cuales 1,2 millones son niños. No suelen realizarse estudios nacionales para determinar en qué medida la dieta de los niños procedentes de grupos socialmente desfavorecidos es equilibrada. Esto no está presente en la agenda política de estos países, dado que lo que no debería ocurrir “no puede” ocurrir. En función de la edad, la alimentación adecuada para un niño, con todos los nutrientes necesarios, cuesta un mínimo de entre tres y seis euros por niño y día. Debido al precio considerable de los alimentos sanos y con suficientes nutrientes esenciales, las personas sin recursos se ven forzadas frecuentemente a comprar alimentos más económicos, a menudo con un alto contenido energético (grasas) y con pocos de estos nutrientes. Aunque los afectados se llenan el estómago todos los días, su alimentación inadecuada en muchos casos priva al cuerpo de las vitaminas, los minerales y los oligoelemen-tos esenciales. Aquellos que no disponen de dinero suficiente para alimentarse de forma equilibrada tienen más probabilidades de padecer durante la edad adulta enfermedades típicas del mundo industrializado, tales como la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Por ello, no es de extrañar que un gran estudio realizado en Estados Unidos y publicado recientemente haya detectado que son considerablemente más numerosos los casos de sobrepeso en aquellos niños entre dos y cinco años procedentes de grupos con un bajo nivel de ingresos que en la media de niños de la misma edad de todo el país. Según los investigado-res, la causa es la falta de seguridad alimentaria de las familias pobres.

Un informe sobre la seguridad de los alimentos realizado por Naciones Unidas en 2011 indica lo siguiente: Al igual que la desnutrición, la deficiencia de micronutrientes o hambre oculta viola el derecho de los niños a un nivel de vida que les permita beneficiarse de un desarrollo físico y mental adecuado. Por ello, los estados tienen la obligación de establecer sistemas alimentarios que garanticen a todos los ciudadanos el acceso, no solo a alimentos que les proporcionen la energía necesaria, sino también a una variedad de alimentos que garantice el aporte de todos los micronutrientes.“

Basado en: Biesalski H.-K. Der verborgene Hunger. Satt sein ist nicht genug, Springer-Verlag Berlin Heidelberg, 2013.