opinión experta

El impacto de la fortificación con micronutrientes en la salud

septiembre 15, 2013

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Centre of Excellence in Women & Child Health, Aga Khan University, Karachi, Pakistan

“A principios del siglo XX comenzó a yodarse la sal en Suiza; en 1918, Dinamarca introdujo la margarina fortificada con vitamina A y en los años 30, varios países desarrollados empezaron a utilizar leche fortificada con vitamina A y harina fortificada con hierro y vitaminas del complejo B. Estas estrategias de fortificación se aplican hoy en día de manera generalizada en casi todo el mundo desarrollado y cada vez más en muchos países de ingresos medios. La OMS clasifica las estra-tegias de fortificación de los alimentos en tres posibles grupos según su enfoque: masiva, focalizada y promovida por el mercado (1). La fortificación masiva afecta a alimentos de amplio consumo, como el trigo, la sal o el azúcar; la estrategia focalizada fortifica los alimentos consumidos por grupos de edad específicos, como es el caso de los alimentos complementarios para lactantes, y la estrategia promovida por el mercado se refiere a la práctica de un fabricante de alimentos de fortificar una determinada marca destinada a un nicho de consumidores concreto. Los vehículos alimentarios comúnmente utilizados se agrupan en tres categorías generales: alimentos básicos (arroz, arroz, aceites), condimentos (sal, salsa de soja, azúcar) y alimentos procesados (pasta, alimentos complementarios para lactantes, productos lácteos).

La fortificación de los alimentos constituye una estrategia de salud pública muy atractiva, ya que brinda la posibilidad de llegar a través de sistemas de distribución de alimentos a los grupos de población más vulner-ables, sin tener que modificar sus hábitos alimentarios. Comparada con otras medidas de intervención, la fortificación de los alimentos puede ser rentable y, si los alimentos fortificados se consumen con regularidad, presenta la ventaja de mantener estables las reservas del organismo (2). Pocos de estos programas han sido debidamente evaluados para estimar cuál es su impacto en la salud de la población. Nuestra revisión sistemática identificó un total de 201 ensayos aleatorizados controlados y estudios observacionales en los que se recoge toda la evidencia disponible sobre los efectos de las medidas de fortificación. Se incluyeron estudios en los que se investigó si el alimento se fortificó con uno, dos o varios micronutrientes y se analizó el impacto de la fortificación en los resultados de salud y en los indicadores biológicos pertinentes de muj-eres y niños. La revisión muestra que, en general, los alimentos básicos han sido la principal alternativa de fortificación al ser ampliamente consumidos por la población, mientras que para otros grupos de población objetivo, como los lactantes, se dio preferencia a los alimentos procesados y los cereales. La fortificación con yodo utiliza casi exclusivamente la sal como método tradicional y probado, la fortificación con ácido fólico se emplea comúnmente en los cereales y productos integrales, y la leche se fortifica preferentemente con vitamina D y calcio.

La mayoría de los programas nacionales analizados provienen de países desarrollados, siendo escasos los datos de países en vías de desarrollo. Sin embargo, los resultados disponibles mostraron beneficios compar-ables. Esta escasez de estudios provenientes de los países en desarrollo se debe al hecho de que los pro-gramas nacionales de fortificación requieren una gran cantidad de recursos, y son necesarios centros cientí-ficos y de investigación fuertes que identifiquen el alimento ideal, el compuesto de micronutrientes y consi-gan el soporte de la industria. La experiencia de productos básicos como los alimentos fortificados listos para usar indica que es posible tanto el abastecimiento y el suministro a escala mundial como la producción a escala local.

Efectos de la fortificación en los niños

Un metaanálisis de estudios en el que se utilizaron alimentos (principalmente leche de fórmula, leche de vaca y alimentos complementarios para bebés, así como curry en polvo, salsa de pescado y salsa de soja en los países asiáticos) fortificados con hierro demostró un aumento significativo de la concentración de hemo-globina, los niveles séricos de ferritina y una reducción de la anemia en los participantes de los estudios. Los resultados fueron consistentes para los diferentes grupos de edad (lactantes y niños en edad preescolar y escolar), países (de ingresos bajos, medios bajos, medios altos y altos) y niveles iniciales de micronutrientes (poblaciones normales y con deficiencias). Algunos estudios constataron un efecto positivo en las funciones cognitivas.

El análisis mostró que la fortificación con zinc de los alimentos de fórmula y la leche (para bebés) o los cereales (para los niños en edad escolar) aumentó los niveles séricos de zinc con un efecto positivo con-stante. El impacto en el aumento de peso no fue significativo en los diferentes grupos de edad, mientras que el efecto en el aumento de la altura solo fue significativo en bebés con muy bajo peso al nacer.

El análisis de los resultados de ensayos aleatorizados controlados demostraron que la fortificación de la leche con vitamina D y calcio aumentó significativamente los niveles séricos de 25-hidroxivitamina D3 y redujo las concentraciones séricas de la hormona paratiroidea (que estimula la liberación de calcio de los huesos) en niños y adolescentes de entre 6 y 18 años de edad.

En ensayos que investigaron la fortificación de la harina con vitamina A en niños de 1 a 16 años de edad se comprobó un aumento importante de las concentraciones séricas de retinol y los niveles de hemoglobina.

La fortificación de la sal con yodo mostró un aumento significativo de las concentraciones de yodo en la orina, mientras que los efectos sobre los niveles séricos de tiroxina no fueron significativos.

Efectos de la fortificación en las mujeres

La fortificación con hierro se ha asociado con un aumento significativo de los niveles de hemoglobina y ferritina en mujeres sanas con deficiencia de hierro, mientras que el impacto en la anemia solo fue signi-ficativo en las poblaciones con deficiencia de hierro.

La fortificación de la harina con ácido fólico (vitamina B9) en dosis mínimas de 40 microgramos por cada 100 gramos de harina redujo significativamente la prevalencia de defectos del tubo neural (incluyendo espina bífida y anencefalia) después de (al menos) 1 año del comienzo de la fortificación. Los efectos no fueron significativos para el nivel de folato en los glóbulos rojos o las concentraciones séricas de folato.

La fortificación de la sal con yodo dio lugar a un aumento de las concentraciones de yodo en la orina y una reducción de la incidencia de hipotiroidismo. El efecto no fue significativo en los niveles séricos de tiroxina.

Un análisis de ensayos aleatorizados controlados que investigaron los efectos sobre la salud de la vitamina D y el calcio ha mostrado un aumento significativo de los niveles séricos de 25-hidroxi-D3 y una disminu-ción de la hormona paratifoidea en mujeres postmenopáusicas. Los resultados también han observado un impacto significativo en la reducción de los niveles séricos de marcadores de resorción ósea (que indican un elevado riesgo de osteoporosis) en mujeres en edad fértil y en mujeres postmenopáusicas.

La fortificación por sí sola, aunque prometedora, no es la respuesta a las deficiencias nutricionales que afectan al mundo. Debido a una elevada morbilidad por diarrea y enteropatía, la malabsorción generalizada puede ser un impedimento para que esta estrategia logre la máxima eficacia. La integración de estrategias de fortificación y suplementación junto con otros programas de salud y prevención para madres y niños podrían ser la respuesta para hacer frente a la desnutrición mundial y para asegurar unos beneficios duraderos. También deberían implementarse campañas de promoción y educación paralelamente a los programas de fortificación para fomentar la conciencia, la aceptación y la equidad. Asimismo, se necesitan más programas de fortificación para evaluar el impacto directo de esta medida en la morbilidad y la mortalidad”.

Basado en: Das J. K. et al. Micronutrient fortification of food and its impact on woman and child health: a systematic review. Systematic Reviews. 2013; 2:67.

referencias

  1. Allen L. D. et al. Guidelines on food fortification with micronutrients. Geneva: World Health Organization/Food and Agriculture Organization; 2006.
  2. Serdula M. The opportunity of flour fortification: building on the evidence to move forward. Food Nutr Bull. 2010; 31(1 Suppl):S3.