opinión experta

El impacto de los carotenoides en la función cognitiva de las personas mayores

julio 1, 2010

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Dra. Elisabeth J. Johnson, Universidad de Tufts, Centro de Investigación sobre Nutrición Humana en el Envejecimiento del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos de América, Boston, EE. UU.

"El deterioro cognitivo en las personas mayores es un importante problema de salud pública. Se estima que la incidencia del deterioro cognitivo leve es del 19 por ciento en los menores de 75 años y del 29 por ciento en los mayores 85 años. Además, el 13 por ciento de las personas mayores de 65 años padecen la enfermedad de Alzheimer (1). Dado el incremento del número de personas que supera la edad de 65 años, es probable que estas cifras sigan aumentando. Al igual que con la mayoría de las enfermedades asociadas a la edad, la manera más rentable de combatirlas es a través de la prevención, siendo la intervención en la alimentación una estrategia a considerar.

Cada vez existe más evidencia de que el daño oxidativo e inflamatorio contribuye al desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, así como al deterioro cognitivo leve y al deterioro cognitivo relacionado con la edad (2). Entre las principales causas del deterioro cognitivo, el aumento del estrés oxidativo en el cerebro está ampliamente documentado (3). El daño causado por los radicales libres en las membranas lipídicas y en el ADN puede alterar el funcionamiento normal de las células y conducir a la muerte neuronal. Teniendo en cuenta que los carotenoides actúan como antioxidantes y agentes antiinflamatorios, la ingesta de estos componentes en la dieta podría ser esperanzadora para la salud cognitiva de las personas mayores.

Las frutas y las verduras son las principales fuentes alimenticias de los carotenoides, los cuales tienen la capacidad de atrapar los radicales libres previniendo así los efectos prejudiciales sobre los lípidos (4). La investigación ha demostrado que los pacientes con deterioro cognitivo leve presentan niveles plasmáticos de antioxidantes bajos, incluyendo los carotenoides (5). Por otra parte, un nivel más alto de carotenoides también se ha relacionado con una menor concentración de marcadores de inflamación (6).

Los resultados de los estudios epidemiológicos sobre la relación entre el betacaroteno y la función cognitiva no han sido consistentes. La ingesta alimentaria y los niveles séricos de betacaroteno se han asociado con medidas de la función cognitiva en algunos estudios (7, 8), pero no en todos (9). Asimismo, dos ensayos clínicos aleatorizados han hallado evidencia del efecto protector del betacaroteno contra el deterioro cognitivo. En el estudio Physicians’ Health, los hombres tratados con 50 mg de betacaroteno en días alternos durante un promedio de 18 años mostraron una puntuación global más alta en la memoria verbal y cognitiva que aquellos que recibieron placebo. Sin embargo, no hubo ningún efecto en los hombres que se sometieron a un solo año de suplementación (10). En un ensayo aleatorizado llevado a cabo en mujeres con enfermedad cardiovascular, el tratamiento de betacaroteno no mostró ningún efecto sobre el deterioro cognitivo después de 10 años, aunque los suplementos de betacaroteno sí fueron eficaces para frenar el deterioro cognitivo en un subgrupo de mujeres que consumían poco betacaroteno en la dieta (11). Así pues, parece que los suplementos de betacaroteno pueden tener una acción protectora frente al deterioro cognitivo, si bien esto depende de la duración de la suplementación y del estado inicial de betacaroteno. Una posible explicación del fracaso para detectar una asociación en los estudios epidemiológicos podría ser que los métodos de evaluación para la ingesta de betacaroteno no proporcionan medidas suficientemente precisas de la ingesta real a largo plazo.

Aunque el trabajo investigador reciente se ha centrado en la luteína y la zeaxantina y su función en la salud ocular, estos dos carotenoides también predominan en diversas partes del cerebro. Es probable que la luteína y la zeaxantina tengan efectos protectores en el cerebro e influyan también en la comunicación y la función interneuronal a través de varios mecanismos. Dos grandes estudios de cohortes han asociado el consumo de hortalizas, especialmente las variedades de hoja verde ricas en luteína y zeaxantina, con unas tasas más lentas del deterioro cognitivo (12, 13). Se ha demostrado que los antioxidantes plasmáticos, más concretamente la luteína y la zeaxantina, están relacionados con una mejor función cognitiva en personas mayores sanas y aparecen mermados tanto en individuos con deterioro cognitivo leve (14) como en aquellos aquejados de la enfermedad de Alzheimer (5). Por otra parte, existe evidencia que sugiere que los suplementos de luteína, sola o en combinación con ácido docosahexaenoico, podrían contribuir a mejorar ciertos aspectos de la capacidad cognitiva en mujeres sanas mayores (15). Si bien dista mucho de ser concluyente, la idea de que la luteína y la zeaxantina pueden afectar a la función cognitiva es ciertamente viable.

En conclusión, la evidencia existente hasta la fecha sugiere que los carotenoides dietéticos pueden ser beneficiosos para la salud cognitiva, posiblemente debido a su papel como antioxidantes. De este modo, el hecho de tener unos niveles bajos de carotenoides podría ser un precedente o una consecuencia del deterioro cognitivo. Es decir, una mala alimentación podría ser un factor de riesgo para una reducción del rendimiento cognitivo. Los más afectados por ello son las personas mayores. Para determinar la función de los carotenoides en la salud cognitiva, se requieren estudios epidemiológicos longitudinales y ensayos clínicos con suplementos de carotenoides”.

Agro FOOD, 21(4), julio de 2010

referencias

  1. A.s.A.N. Office, Alzheimer’s Association. Alzheimer’s Disease: Facts and Figures. Chicago, IL. 2010.
  2. Wyss-Coray T. Inflammation in Alzheimer disease: driving force, bystander or beneficial response? Nature Medicine. 2006; 12(9):1005–1015.
  3. Finkel T. and Holbrook N. J. Oxidants, oxidative stress and the biology of ageing. Nature. 2000; 408:239–247.
  4. Stahl W. and Sies H. Antioxidant activity of carotenoids. Mol. Aspects Med. 2003; 24: 345–351.
  5. Rinaldi P. et al. Plasma antioxidants are similarly depleted in mild cognitive impairment and in Alzheimer's disease. Neurobiology of Aging. 2003; 24:915–919.
  6. Kritchevsky S. B. et al. Serum carotenoids and markers of inflammation in nonsmokers. American Journal of Epidemiology. 2000; 152(2):1065–1071.
  7. Jama J. W. et al. Dietary antioxidants and cognitive function in a population-based sample of older persons. The Rotterdam Study. American Journal of Epidemiology. 1996; 144(3):275–280.
  8. Perrig W. et al. The relation of antioxidants on memory performance of elderly. J. Amer. Geriat. Soc. 1997; 45:718–724.
  9. Schmidt R. et al. Plasma antioxidants and cognitive performance in middle-aged and older adults: results of the Austrian Stroke Prevention Study. Journal of the American Geriatrics Society. 1998; 46(11):1407–1410.
  10. Grodstein F. et al. A randomized trial of beta-carotene supplementation and cognitive function in men. The Physicians' Health Study II. Arch Intern Med. 2007; 167:2184–2190.
  11. Kang J. H. et al. Vitamin E, vitamin C, beta-carotene, and cognitive function among women with or at risk of cardiovascular disease. Circulation. 2009; 119:2772–2780.
  12. Morris M. C. et al. Associations of vegetable and fruit consumption with age-related cognitive change. Neurology. 2006; 67:1370–1376.
  13. Kang J. H. et al. Fruit and vegetable consumption and cognitive decline in aging women. Annals of Neurology. 2005; 57(5):713–720.
  14. Keller J. N. et al. Evidence of increased oxidative damage in subjects with mild cognitive impairment. Neurobiology. 2005; 64:1152–1156.
  15. Johnson E. J. et al. Cognitive findings of an exploratory trial of docosahexaenoic acid and lutein supplementation in older women. Nutr. Neurosci. 2008; 11(2):75–83.