opinión experta

El proyecto irlandés Jingo proporciona información detallada sobre la relación entre la deficiencia de vitamina D y el estado inflamatorio en personas mayores

diciembre 1, 2015

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Professor Mary Ward, Northern Ireland Centre for Food & Health, Ulster University, Northern Ireland

La profesora Mary Ward es catedrática de Nutrición y Dietética en el Northern Ireland Centre for Food & Health (NICHE), School of Biomedical Sciences, de la Universidad del Úlster en Irlanda del Norte. Forma parte de Jingo, un proyecto irlandés que utiliza técnicas de la nutrigenómica con una base de datos nacional del fenotipo nutricional irlandés (1). La información detallada que puede generar la base de datos sirve para examinar de cerca la interacción entre la genética y la alimentación. El proyecto Jingo permite determinar la relación entre diferentes fenotipos nutricionales y perfiles transcriptómicos, proteómicos y metabólicos específicos, lo que a su vez posibilita la obtención de perfiles alimentarios y nutricionales mucho más precisos.

La profesora Ward ha utilizado un subconjunto del estudio TUDA (que investigó las interacciones entre la genética y la alimentación en 5200 adultos irlandeses mayores de 60 años con enfermedades crónicas propias del envejecimiento) y ha participado en el proyecto Jingo para analizar los efectos de la deficiencia de vitamina D en la función inmune de las personas mayores. Se midieron los niveles de 25-hidroxivitamina D en suero y los marcadores de inflamación (citoquinas séricas IL-6, IL-10, FNT-α y proteína C reactiva) en una cohorte de 957 adultos irlandeses de 60 años o más de Irlanda del Norte (2).

Irlanda está situada a 53° de latitud norte, por lo que las oportunidades de que la población obtenga la vitamina D3 mediante la exposición a la luz solar son limitadas, en especial durante los meses de invierno. En Irlanda la fuente principal de vitamina D3 es la carne y los productos cárnicos, pero la concentración es baja (3). En el mercado irlandés hay muy pocos alimentos fortificados con vitamina D (a excepción de la margarina). Como resultado, en este país la ingesta de vitamina D3 en la dieta es muy baja; un reciente estudio indica que la dosis media diaria solo alcanza 3,9 µg/d, muy por debajo de la mayoría de las recomendaciones (4).

La vitamina D3 es importante para la salud ósea. Aumenta la absorción del calcio en el intestino delgado y regula indirectamente la liberación de las reservas óseas de calcio al torrente sanguíneo. La profesora Ward ha examinado la importancia de un nivel adecuado de vitamina D3 para prevenir el desarrollo de laosteoporosis (5). Ha observado que la densidad ósea comienza a disminuir cuando los adultos entran en la cuarentena y que esta pérdida puede acentuarse por la deficiencia de vitamina D3 a largo plazo, lo cual produce la desmineralización de los huesos. Según advirtió, la bibliografía indica que los cambios adversos del sistema inmune en adultos de más de 70 años son factores importantes para la aparición de laosteoporosis, en especial la regulación al alza de las citoquinas proinflamatorias IL-1, IL-6 y FNT-α (factor de necrosis tumoral alfa).

En el estudio más reciente (2), donde se utilizó la cohorte de más de 60 años de la NANS, la profesora Ward descubrió que los participantes con un menor nivel en sangre de 25-hidroxivitamina D tenían más probabilidades de registrar un mayor nivel de las citoquinas inflamatorias IL-6, IL-10, FNT-α y proteína C reactiva. El nivel elevado de estas citoquinas lleva asociado un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y otras dolencias crónicas donde la inflamación es un factor clave, como la artritis reumatoide y la esclerosis múltiple.

El estudio confirmó la variación estacional prevista de 25-hidroxivitamina D sérica; la mayor concentración mediana se produce en verano (55,3 nmol/l), frente a 38,6 nmol/l en primavera. Se observó la misma tendencia con la citoquina IL-10, pero no con los demás biomarcadores inflamatorios. En conjunto, el estudio demostró una correlación negativa significativa entre los niveles de 25-hidroxivitamina D e IL-6, PCR y la relación IL-6:IL-10.

Aunque la asociación no demuestra causalidad, este estudio justifica la realización de más ensayos clínicos aleatorizados de intervención directa con vitamina D3 en personas mayores con el fin de reducir los niveles de citoquinas inflamatorias en sangre.

referencias

  1. www.ucd.ie/jingo/aboutjingo (accessed on 30.11.15)
  2. Laird E, McNulty H, Ward M, Hoey L et al.; “Vitamin D Deficiency Is Associated With Inflammation in Older Irish Adults”; The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism 2014, 99(5), 1807–1815.doi.org/10.1210/jc.2013-3507
  3. Hill TR, O’Brien MM, Cashman KD, Flynn A & Kiely M; “Vitamin D intakes in 18-64 year old Irish Adults”; Eur J Clin Nutr 2004; 58: 1509-1517.
  4. Irish Universities Nutrition Alliance. National Adult Nutrition Survey, Dublin, Ireland. Irish Universities Nutrition Alliance 2011.
  5. Laird E, Ward M., McSorley E, Strain JJ & Wallace J.; “Vitamin D and Bone Health; Potential Mechanisms”; Nutrients 2010, 2(7), 693–724. doi.org/10.3390/nu2070693