opinión experta

El reto del estudio de los suplementos dietéticos

junio 15, 2014

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Dr. Jeffrey B. Blumberg, Friedman School of Nutrition Science and Policy, Universidad Tufts, Boston, EE. UU.

«El estudio de los suplementos alimenticios puede conducir a muchos callejones sin salida. Dado que la mayoría de las personas que ingieren suplementos suelen cuidar su salud en general, es inherentemente engañoso realizar estudios observacionales que comparen la salud de los consumidores de suplementos con la de los no consu- midores. En su lugar, los médicos siguen lo que se conoce como práctica dietética basada en la evidencia, que requiere el uso de pruebas científicas sistemáticamente revisadas para la toma de decisiones. No todos los estudios son iguales y numerosos estudios sobre nutrientes todavía tienen que corroborarse con investigaciones y resultados similares. Pero los ensayos clínicos aleatorizados, patrón oro de los medi- camentos, también se enfrentan a numerosos problemas cuando el objeto de estudio son los nutrientes. La mayoría de los grandes ensayos clínicos de suplementos alimenticios se realizan con personas más sanas que la media, como doctores o enfermeras. Los investigadores no analizan los niveles sanguíneos iniciales ni los biomarcadores de nutrientes de los participantes antes de la suplementación. A diferencia de lo que ocurre en los estudios farmacéuticos, el grupo control también obtiene cierta cantidad del nutriente en cuestión a través de la comida. Por último, administrar suplementos a personas sanas durante años o décadas y determinar quién desarrolla una cardiopatía o un cáncer podría costar miles de millones de dólares. Semejante nivel de gasto no podría justificarse ni siquiera con un suplemento que se vendiera extraordinariamente bien.

Por otro lado, la mayoría de los estadounidenses no alcanzan a través de la alimentación el nivel de nutrien- tes recomendado por la Food and Drug Administration (FDA), sobre todo porque no comen suficiente fruta, verdura y pescado. Los datos de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. indican que más del 80 % de la población mayor de cuatro años no consume suficientes vitaminas D y E (1). Más de un tercio ingiere un nivel insuficiente de calcio y vitaminas A y C. Probablemente también falten otros nutrientes esenciales, como ácidos grasos omega 3 y selenio, pero no hay niveles de ingesta recomendados por parte del gobier- no. Las deficiencias rutinarias de nutrientes esenciales impiden que el cuerpo funcione de forma óptima y pueden constituir un motivo suficiente para tomar suplementos, aunque las enfermedades por deficiencia como el escorbuto o la pelagra sean extremadamente infrecuentes hoy en día. Los suplementos pueden ayudar a resolver las deficiencias en personas con desnutrición por falta de apetito, que no absorben bien las vitaminas de la dieta o padecen enfermedades pancreáticas, hepáticas o nefrológicas, las que tienen problemas de alcoholismo o las que se han sometido a cirugía de bypass gástrico. Varios estudios demuest- ran que los pacientes que han sufrido un infarto o padecen coronariopatías se benefician de los suplementos de ácidos grasos omega 3 (2), mientras que a las personas con niveles anormalmente elevados de triglicéri- dos se les pueden recetar suplementos farmacéuticos de omega 3.

Actualmente, muchos científicos están reuniendo pruebas sobre los beneficios a corto plazo de la suple- mentación, como el refuerzo de la respuesta inmunitaria y el retraso del deterioro cognitivo. Y, en cuanto a los beneficios a largo plazo, esperan abordar el mayor reto: demostrar que los suplementos reducen el riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares y Alzheimer. En un estudio reciente, la suplementación con alfa tocoferol, una versión de la vitamina E antioxidante, ralentizó el progreso de la enfermedad de Alzhei- mer en 6,2 meses en comparación con un placebo (3). El grupo de la vitamina E registró incluso mejores resultados que el grupo que tomaba memantina, el fármaco para el Alzheimer. Además, un nuevo estudio ha demostrado que los ácidos grasos omega 3 del pescado ―ácido docosahexaenoico (DHA) y ácido eicosa- pentaenoico (EPA)― reducen el riesgo de episodios coronarios adversos en la población en general (4). Los suplementos pueden hacer algo más que ayudar a evitar deficiencias o insuficiencias de nutrientes. Los científicos están esforzándose por diseñar estudios que investiguen el impacto de la suplementación en personas sanas. El reto está en demostrar de qué modo permanece sano el grupo con suplementación frente al grupo control con placebo».

Basado en: Bomgardner M. M. Supplemental Science. Chemical & Engineering News. April 2014; 92(16):10–15.

referencias

  1. Fulgoni V. L. 3rd. et al. Foods, fortificants, and supplements: where do Americans get their nutrients? J. Nutr. 2011; 141:1847–1854.
  2. Delgado-Lista J. et al. Long chain omega-3 fatty acids and cardiovascular disease: a systematic review. Br J Nutr. 2012; 107(Suppl 2):S201–213.
  3. Dysken M. W. et al. Effect of Vitamin E and Memantine on Functional Decline in Alzheimer Disease. JAMA. 2014; 311(1):33–44.
  4. Chowdhury R. et al. Association of Dietary, Circulating, and Supplement Fatty Acids With Coronary Risk: A Systematic Review and Meta-analysis. Ann Intern Med. 2014; 160(6):398–406.