opinión experta

Ideas erróneas acerca de los antioxidantes

octubre 1, 2013

file

Aalt Bast y Guido R. M. M. Haenen, Departamento de toxicología, Facultad de Salud, Medicina y Ciencias de la Vida, Universidad de Maastricht, Holanda

“El daño oxidativo provocado en los ácidos grasos, las proteínas y el ADN por las especies reactivas de oxígeno (ROS, por sus siglas en inglés) es un evento celular común implicado en numerosas enfermedades. Los antioxidantes reaccionan con las ROS y neutralizan su reactividad química. De ahí que se haya sugerido la posibilidad de que puedan evitar el daño celular y ser útiles para prevenir y tratar enfermedades, como la aterosclerosis o el cáncer, que están causadas y propiciadas por una serie de factores. Ello ha dado lugar a abundante investigación sobre los antioxidantes dietéticos naturales (como las vitaminas E y C y los polifen-oles) y los antioxidantes de nuevo diseño. En lo que respecta a los efectos saludables, la actitud positiva hacia los antioxidantes se ha basado principalmente en experimentos in vitro. Su eficaz actividad neutraliza-dora demostrada in vitro llevó a extrapolar su posible efecto protector in vivo. Sin embargo, no se debería exigir de los antioxidantes respuestas farmacológicas claras. Los fármacos actúan sobre un objetivo específico como puede ser una enzima, un receptor o un transportador. La acción de un fármaco es preferiblemente específica, es decir, actúa sobre un único objetivo y produce un efecto fuerte. La eficacia clínica de un fármaco, por lo tanto, se puede medir con relativa facilidad. Esto contrasta con los alimentos y otros compuestos derivados de los mismos, como es el caso de los complementos alimenticios. Estos compuestos actúan de muchas formas. Su acción no es, desde luego, específica y sus efectos sobre la salud humana son difíciles de determinar. La mejor manera de probar la eficacia de los antioxidantes es consi-derar su capacidad para mantener un equilibrio (metabólico) en el cuerpo (conocido por homeostasis). La destrucción de la vida aeróbica causada por el oxígeno produce enfermedad y se puede retrasar adoptando las medidas antioxidantes apropiadas. Sería una lástima que se dejaran de lado las dietas o los suplementos ricos en antioxidantes unicamente porque sus efectos beneficiosos para la salud sean solo supuestos. Y sería una pena que no se diseñaran y desarrollaran nuevos fármacos antioxidantes porque prevalecen ideas erróneas sobre los mismos.

Idea errónea 1: los antioxidantes curan cualquier enfermedad
Se han llevado a cabo muchos estudios en humanos sobre el efecto de los antioxidantes en la prevención del desarrollo y progresión de enfermedades, si bien la mayoría de ellos no ha obtenido resultados concluy-entes. Las expectativas depositadas en los antioxidantes fueron demasiado altas y quedó claro que estos compuestos no pueden remediarlo todo. Ahora sabemos que la elevada reactividad química del compuesto original in vitro no constituye una prueba concluyente de que éste pueda curar cualquier enfermedad asociada con las ROS (1).

Idea errónea 2: los antioxidantes aumentan la mortalidad
Los artículos sobre los antioxidantes y la mortalidad han sido foco de una gran atención. Por ejemplo, un metaanálisis de una selección de ensayos clínicos aleatorizados concluyó que la suplementación con antioxidantes aumentaba la mortalidad por todas la causas (2). No obstante, esta conclusión fue refutada después de que un nuevo examen demostrara que ninguno de los estudios tenía la mortalidad como resultado primario (3). A pesar de las evidentes críticas, aún perdura la idea general equivocada e injusti-ficada de que los antioxidantes podrían ser muy peligrosos. En lugar de aplicar una visión polarizada de los antioxidantes como buenos o malos, sería más conveniente evaluarlos bajo la perspectiva de una relación entre los beneficios y los riesgos. Es importante identificar los grupos que podrían beneficiarse de los antioxidantes. Y no deberíamos dar demasiado crédito a este tipo de noticias alarmantes.

Idea errónea 3: cuanto más, mejor
El médico renacentista Paracelso se percató hace más de 500 años de que todo compuesto tiene efectos negativos en altas dosis. Esto también es válido para los antioxidantes. La administración de altas dosis de antioxidantes explicaría el aumento de la toxicidad observado en varias ocasiones. Por ejemplo, la suple-mentación con 20 mg de betacaroteno en hombres fumadores ha demostrado aumentar la incidencia de cáncer de pulmón (4). Hay que tener en cuenta que la ingesta media diaria estimada de betacaroteno es de tan solo 2–7 mg (5). Indudablemente, la máxima ‘cuanto más mejor’ no se aplica en este caso. No solo es necesario encontrar una dosis óptima que contemple la relación entre los beneficios y los riesgos, sino también tener un conocimiento adecuado de la biotransformación de los antioxidantes.

Idea errónea 4: en dosis elevadas, los antioxidantes se convierten en prooxidantes
Los antioxidantes tienen la capacidad de donar electrones. Este poder reductor es esencial para neutralizar los radicales y otras especies reactivas. En presencia de iones metálicos de transición, la donación de electrones puede dar lugar a un efecto prooxidante. La acción de la vitamina C (ácido ascórbico) en la peroxidación lipídica in vitro inducida por hierro es un ejemplo muy ilustrativo de este efecto (6). El hierro por sí solo induce una peroxidación lipídica suave y, en combinación, el ácido ascórbico favorece el proceso de peroxidación lipídica al reducir el ión metálico de transición. Sin embargo, en concentraciones relativa-mente altas, el ácido ascórbico inhibe la peroxidación lipídica. Por lo tanto, en concentraciones bajas el ácido ascórbico se comporta como un prooxidante, pero en concentraciones altas se convierte en un antioxidante (7). Esto contradice la idea de que una elevada concentración de un cierto antioxidante siempre tiene un efecto prooxidante.

Idea errónea 5: cualquier antioxidante sirve
Los antioxidantes pueden ser tioles, fenoles y aminas, y pueden ser hidrofílicos o lipofílicos. Esta diversidad otorga a cada antioxidante su perfil (bio)químico único, el cual se refleja en diferentes lugares de acción y actividades biológicas. Los distintos antioxidantes presentan diferentes efectos biológicos, por lo que hay que seleccionar el antioxidante correcto para patologías específicas.

Idea errónea 6: en teoría, los antioxidantes pueden no comportarse como tales
Esta idea errónea tiene su origen en el hecho de que la velocidad de reacción de los radicales con las (bio)moléculas del organismo es muy alta. Ello significa que, a fin de ejercer un efecto protector, los anti-oxidantes tienen que reaccionar más rápido con los radicales, lo cual, se argumenta, es imposible. Este es el caso de los radicales hidroxilo altamente reactivos. Sin embargo, los radicales peroxilo lipídicos de las membranas, que tienen una vida media mucho más larga que la de los hidroxilo, pueden ser neutralizados por la vitamina E (8). La captación de radicales localizada, por ejemplo mediante la unión al hierro o la neutralización del radical en el lugar de formación, puede proporcionar protección incluso de los radicales hidroxilo. En otras palabras, la protección primaria, es decir, la prevención de la formación de radicales hidroxilo, es posible. Sin los antioxidantes, la vida en un ambiente aeróbico sería imposible. Los anti-oxidantes actúan, y su acción se establece determinando su efecto en biomarcadores como los lípidos, el ADN o las proteínas que presentan daño oxidativo.

Idea errónea 7: el estado antioxidante mide la salud
Las mediciones del estado antioxidante (por ejemplo, la capacidad de absorción de los radicales de oxígeno, ORAC) carecen de especificidad (9). Pese a ello, este hecho también podría constituir una ventaja, ya que la medición comprende la actividad global de varios antioxidantes al mismo tiempo. El estado antioxidante tendría utilidad como indicador de la gravedad de una enfermedad, si bien no tiene en cuenta el perfil bio-químico único de ciertos antioxidantes.

Idea errónea 8: una vez utilizados, los antioxidantes pierden su eficacia
Parece bastante lógico que el antioxidante pierda su eficacia una vez que se oxida. Esta suposición, sin embargo, no es del todo correcta. Los antioxidantes funcionan en una red y es frecuente que se regeneren una vez oxidados (10).

Idea errónea 9: los antioxidantes naturales son mejores
La quimiofobia es un fenómeno muy extendido (11) que lleva a considerar los antioxidantes naturales −que a menudo se distinguen por el prefijo bio− superiores a los de síntesis química. Para los consumidores, la palabra ‘bio’ significa natural y es sinónimo de seguridad. Esta misma corriente de pensamiento asocia de manera injustificada las sustancias químicas como algo peligroso. La forma natural y sintética de la vitamina E RRR-alfa-tocoferol tienen la misma eficacia como protectores contra la peroxidación de lípidos en las mem-branas, sencillamente porque se trata de la misma molécula. Este también es el caso de la bio- vitamina C, que es bioequivalente al ácido L-ascórbico sintetizado químicamente.

Idea errónea 10: los fármacos antioxidantes no son eficaces
Muchos fármacos poseen una actividad antioxidante pese a no estar específicamente diseñados como tales, lo cual podría contribuir a sus efectos terapéuticos (12). La importancia de esta acción antioxidante depende del compuesto utilizado y de la patología involucrada. No obstante, resulta difícil establecer efectos agudos y directos de la captación de compuestos antioxidantes in vivo. La fisiología humana está equipada con una compleja red antioxidante. El efecto de los antioxidantes se manifiesta más claramente en situaciones en las que la formación de radicales y el daño causado por los mismos también son evidentes. Los antioxidantes, por ejemplo, son capaces de inhibir la proliferación de células (cancerígenas), si bien a través de diversos mecanismos. Por otra parte, también se ha sugerido que los antioxidantes pueden afectar negativamente la acción antitumoral de los fármacos. Curiosamente, aunque se discute con frecuencia la importancia fisio-lógica de la ya conocida y bien descrita acción antioxidante de los compuestos, está ganando mucha atención la idea relativamente infundada de que los suplementos nutricionales de antioxidantes producen cáncer, en lugar de prevenirlo, al alterar la apoptosis de las células cancerígenas inducida por oxidantes (13). La paradoja de que ‘los antioxidantes no son eficaces’ porque no pueden demostrar actividad anti-oxidante y de que, al mismo tiempo, causan toxicidad e incluso la muerte prematura a través de su actividad antioxidante es contradictoria”.

Basado en: Bast A. and Haenen G. Ten misconceptions about antioxidants. Trends in Pharmacological Sciences. Publicado en Internet en julio de 2013.

referencias

  1. Hollman, P. C. et al. The biological relevance of direct antioxidant effects of polyphenols for cardiovascular health in humans is not established. J. Nutr. 2011; 141:989–1009.
  2. Bjelakovic G. et al. Mortality in randomized trials of antioxidant supplements for primary and secondary prevention: systematic review and meta-analysis. J. Am. Med. Assoc. 2007; 297:842–857.
  3. Biesalski H. K. et al. Reexamination of a meta-analysis of the effect of antioxidant supplementation on mortality and health in randomized trials. Nutrients. 2010; 2:929–949.
  4. The Alfa-Tocopherol, Beta Carotene Cancer Prevention Study Group. The effect of vitamin E and beta carotene on the incidence of lung cancer and other cancer in male smokers.
    N. Engl. J. Med. 1994; 330:1029–1035.
  5. EFSA Panel on Food Additives and Nutritional Sources Added to Food. Scientific opinion on the re-evaluation of mixed carotenes and beta-carotene as food additive. EFSA J. 2012; 10:2593.
  6. Bast, A. et al. (1991) Oxidants and antioxidants: state of the art. Am. J. Med. 1991; 91:2S–13S.
  7. Halliwell B. Vitamin C: antioxidant or pro-oxidant in vivo. Free Radic. Res. 1996; 25:439–454.
  8. van Acker S. A. B. E. et al. Molecular pharmacology of vitamin E: structural aspects of antioxidant activity. Free Radic. Biol. Med. 1993; 15:311–328.
  9. Arts M. J. T. J. et al. A new approach to assess the total antioxidant capacity using the TEAC assay.
    Food Chem. 2004; 88:567–570.
  10. Jacobs H. et al. An essential difference between the flavonoids monoHER and quercetin in their interplay with the endogenous antioxidant network. PLoS ONE. 2010; 5:e13880.
  11. Bast A. The risk of eating: natural versus man-made toxins. In Chemistry of Crop Protection
    (Voss, G. and Ramos, G., eds). 2003; 63–68, Wiley-VCH.
  12. Bast A. Antioxidant pharmacotherapy. Drug News Perspect. 1994; 7:465–472.
  13. Watson, J. Oxidants, antioxidants and the current incurability of metastatic cancers.
    Open Biol. 2013; 3:120–144.