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Insuficiencia de micronutrientes: grupos de riesgo

agosto 31, 2010

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Numerosos estudios de consumo realizados a escala nacional concluyen que en los países industrializados (en términos medios estadísticos) no existe deficiencia de vitaminas. Si nos alimentáramos de una forma equilibrada y siguiéramos las recomendaciones de las sociedades de nutrición (como, por ejemplo, comer cinco porciones de fruta y verdura al día), las necesidades de vitaminas estarían cubiertas. Los expertos en nutrición admiten que existen grandes variaciones en sus estudios sobre la ingesta de vitaminas en la población, y no todas las personas alcanzan en realidad los valores de referencia deseados. En cada grupo de edad se identifican grupos de riesgo con una alimentación incorrecta y un consumo insuficiente de micronutrientes.

La expresión de la insuficiencia de micronutrientes puede ir desde a una (grave) “carencia“ que da lugar generalmente a síntomas clínicos manifiestos, hasta una “insuficiencia“ (leve), cuyos efectos en la salud no se dejan ver inmediatamente. Sin embargo, esta insuficiencia; es decir, el hecho de no obtener el aporte recomendado, favorece a largo plazo el desarrollo de afecciones crónicas como las enfermedades cardiovasculares o el cáncer. Hasta la fecha no está claro cuáles son las cantidades “óptimas” de micronutrientes y a partir de cuándo se puede hablar de un aporte “no óptimo“. A esto hay que añadir que las necesidades reales de nutrientes varían de una persona a otra y se ven influidas por factores como la edad, el sexo, el estado de salud, los hábitos de vida y la predisposición genética.



Bebés

Durante los cuatro primeros meses de vida, los bebés se alimentan por medio de la leche materna o con fórmulas de leche para lactantes. La composición de estas fórmulas satisface la necesidad de nutrientes de un bebé normal. Entre los problemas que se plantean en esta etapa de la vida está el suministro de las vitaminas D y K, ya que no están presentes en cantidades suficientes en ninguno de los dos tipos de alimentación.

De ahí que durante el primer año de vida se suplemente vitamina D como profilaxis general del raquitismo. Las dietas veganas sin una ingesta adecuada de leche y productos lácteos, la falta de exposición al sol y la desatención de la profilaxis con vitamina D son las causas actuales de la reaparición del raquitismo. Por su parte, a fin de prevenir hemorragias causadas por la deficiencia de vitamina K en los recién nacidos, se recomienda la administración profiláctica de vitamina K el primer y el quinto día de vida y también en las semanas 4-6. A partir del cuarto mes, la leche materna no basta para cubrir las necesidades de hierro y vitamina C del bebé, por lo que se va introduciendo gradualmente la alimentación complementaria.

Bibliografía

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Van Winckel M. et al. Vitamin K, an update for the paediatrician. Eur J Pediatr. 2009; 168(2):127–34.



Niños y jóvenes

La insuficiencia de micronutrientes resulta especialmente problemática en los niños y los jóvenes, dado que una carencia de los mismos puede afectar negativamente al desarrollo de sus capacidades físicas y mentales. En el caso de los niños, estos se ven amenazados por una insuficiencia cuando comen poca o nada de fruta y verdura, apenas consumen carne, leche y productos lácteos o, en general, comen poco. Los estudios nacionales de consumo han revelado que los niños de un año, los niños pequeños y los escolares, por ejemplo, consumen sólo aproximadamente la mitad de la cantidad recomendada de verduras. Las enfermedades crónicas, así como el hecho de sufrir varias enfermedades infecciosas graves seguidas con las consiguientes pérdidas de peso, representan asimismo un riesgo.

Por su parte, los jóvenes tienen una mayor necesidad de nutrientes debido al fuerte crecimiento que se da en esta etapa de la vida. Además, no son pocos los que se ven enfrentados al ideal de belleza que impone nuestra sociedad. Los problemas de alimentación pueden surgir cuando se sigue una dieta baja en calorías durante un tiempo prolongado, ya sea porque existen problemas de peso reales o se perciban como tales. Tanto niños como jóvenes padecen un mayor riesgo de insuficiencia de vitaminas B (especialmente la vitamina B9), de vitamina C y D y de calcio, magnesio y hierro.

Bibliografía

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Adultos

También entre los adultos es posible identificar grupos de riesgo que presentan un consumo inadecuado de nutrientes. Uno de estos grupos lo conforman las personas que ingieren pocos alimentos tras haber hecho repetidas dietas de reducción. Con un consumo energético medio de entre 1000 y 1500 kcal al día, es casi imposible que un adulto reciba un aporte suficiente de todos los micronutrientes.

Asimismo, el consumo regular de tabaco aumenta la necesidad de micronutrientes antioxidantes como la vitamina C y los carotenoides. Al mismo tiempo, los fumadores en general comen menos frutas y verduras y beben menos zumos de frutas que contienen vitaminas. Pese a todo, esta relación no debe llevar a la conclusión de que aumentando la ingesta de vitaminas se pueden compensar los daños provocados por el tabaco en la salud. Una prevención eficaz sólo se logra dejando de fumar.

El consumo regular y elevado de alcohol disminuye la absorción de vitaminas B y aumenta su excreción por los riñones, por lo que el cuerpo va perdiendo paulatinamente estas vitaminas. Esto también afecta al suministro de vitamina D (y calcio), razón por la cual entre los alcohólicos se observa una mayor incidencia de fracturas. En el caso de que existan lesiones hepáticas graves, la absorción deficiente de vitamina K puede dar origen a problemas de coagulación sanguínea.

Las personas solteras –sobre todo, los hombres– que no consumen frutas y verduras frescas regularmente, suelen presentar un aporte insuficiente de vitamina C, vitamina B9 y carotenoides. De igual forma, las personas que rara vez toman una comida caliente padecen principalmente insuficiencia de vitaminas B, vitamina C y vitamina E.

Bibliografía

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Mujeres embarazadas y lactantes

El requerimiento de vitaminas es más elevado en general durante el embarazo y la lactancia. Especialmente en la segunda mitad del embarazo, la madre transmite al feto importantes cantidades de nutrientes. No obstante, también existen problemas con el aporte de vitamina B9 (folato), vitamina A, vitamina D, calcio, hierro y yodo.

Como demuestran los estudios clínicos, el riesgo de defectos del tubo neural y otras complicaciones del embarazo pueden reducirse significativamente mediante la suplementación de vitamina B9 (ácido fólico). Esta suplementación debería comenzar cuatro semanas antes de la concepción y mantenerse durante los primeros tres meses de embarazo. En el caso de embarazos múltiples o muy seguidos, a menudo sólo es posible evitar que se agoten completamente las reservas de vitaminas sustituyendo la vitamina en cuestión.

Sobre todo durante el embarazo y el periodo de lactancia, la vitamina A desempeña un papel importante para el desarrollo del feto y del recién nacido. Esta vitamina contribuye de manera crucial al crecimiento y diferenciación de una serie de células y tejidos, como es el caso de los pulmones. Si bien las sociedades nacionales de nutrición recomiendan una ingesta más elevada en mujeres embarazadas y lactantes, se aconseja evitar el consumo de hígado rico en vitamina A y otros alimentos que contengan hígado. De ahí que una ingesta adecuada de betacaroteno, como fuente esencial y segura de vitamina A, sea de gran importancia.

Extensos estudios llevados a cabo a nivel nacional señalan una deficiencia de vitamina D en hasta un 70% de las embarazadas. El consumo adecuado de vitamina D y calcio no sólo es importante para la salud ósea de la madre y el hijo, sino que además puede disminuir el riesgo de complicaciones en el parto, especialmente los nacimientos prematuros y las infecciones.

Es casi inevitable que las mujeres sufran una carencia de hierro durante el embarazo. Teniendo en cuenta que el volumen sanguíneo aumenta entre un 25 y un 40 por ciento en este tiempo, y el feto produce también células sanguíneas, la necesidad de hierro es mayor. Para prevenir la anemia, se recomienda la suplementación con hierro. La anemia por deficiencia de hierro incrementa el riesgo de un alumbramiento prematuro, de bebés con bajo peso al nacer y de una anemia en el recién nacido.

Durante el embarazo y lactancia es asimismo muy importante recibir un aporte adecuado de yodo. El hipotiroidismo debido a la deficiencia de yodo no sólo pone en peligro la salud de la madre (por ejemplo, el bocio), sino que también implica un riesgo para la madurez física y mental del niño.

Bibliografía

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Strobel M. et al. The importance of beta-carotene as a source of vitamin A with special regard to pregnant and breastfeeding women. Eur J Nutr. 2007; 46(1):1–20.



Personas mayores

Las personas mayores, en general, ingieren menos alimentos y nutrientes, lo cual puede atribuirse a un menor requerimiento energético, a la pérdida de apetito y a problemas a la hora de masticar y tragar. Los trastornos del tracto gastrointestinal, los problemas de absorción y los medicamentos son también factores importantes que pueden afectar negativamente al suministro de nutrientes.

Dado que con la edad disminuye la capacidad de sintetizar vitamina D en la piel tras la exposición a los rayos UV y que muchas personas mayores pasan mucho tiempo en casa, el suministro adecuado de vitamina D en este grupo merece una atención especial. Una ingesta suficiente de calcio, vitamina D y, posiblemente, vitamina K es capaz de retrasar la aparición de la osteoporosis y de frenar su progresión. La osteoporosis es uno de los problemas más graves que padecen las mujeres después de la menopausia. Los efectos positivos de la ingesta de calcio y vitamina D se dejan sentir Incluso en edades avanzadas.

Aproximadamente un tercio de las personas mayores de 70 años no produce suficiente ácido gástrico. Esto afecta a la información necesaria durante la digestión de los alimentos para liberar los nutrientes, especialmente en el caso de la vitamina B12. Por esta razón, la deficiencia de vitamina B12 constituye el problema más tratado en los países desarrollados y se asocia a menudo con una estancia hospitalaria. La deficiencia combinada de vitamina B9 (ácido fólico), B12 y B6 suele ser la causa de un aumento de las concentraciones de homocisteína en sangre en las personas mayores, lo cual está relacionado con un mayor riesgo de arteriosclerosis.

Bibliografía

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Stover P. J. Vitamin B12 and older adults. Curr Opin Clin Nutr Metab Care. 2010; 13(1):24–7.



Veganos

La dieta vegana se caracteriza por la renuncia a todo tipo de alimentos de origen animal. Los estudios han demostrado que en el caso de los veganos, la ingesta de vitamina B12 es inferior a las recomendaciones dietéticas oficiales. El riesgo de una deficiencia de vitamina B12 puede aumentar de manera significativa durante el embarazo, por lo que se recomienda la supervisión médica. Por otra parte, los veganos, en especial los bebés y los niños pequeños, están expuestos a un gran riesgo de deficiencia de vitamina D que puede derivar en consecuencias para la formación de los huesos.

A fin de garantizar la síntesis adecuada de ácidos grasos omega-3, se recomienda aumentar el consumo de aceite de colza. Dado que también el ácido docosahexaenoico resulta importante para el desarrollo del cerebro y la retina del recién nacido, es preciso evitar su deficiencia por medio de una alimentación adecuada durante la etapa embrionaria y, posteriormente, en la leche materna. Teniendo en cuenta que, a diferencia de la leche y los productos lácteos, los productos de origen vegetal poseen una menor concentración de calcio, las personas veganas también están expuestas a un elevado riesgo de osteoporosis. Asimismo, existe un riesgo teórico de deficiencia de hierro, zinc y selenio, aunque no se dispone de datos precisos en este sentido. Es por ello que los veganos necesitan organizar su alimentación minuciosamente. En determinados casos, puede resultar útil el consumo de suplementos y alimentos enriquecidos.

Bibliografía

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Koebnick C. et al. Long-term ovo-lacto vegetarian diet impairs vitamin B-12 status in pregnant women. J Nutr. 2004; 134(12):3319–26.



Enfermos crónicos

Las enfermedades crónicas se presentan a menudo acompañadas de varias deficiencias de nutrientes. Existen trastornos de salud que reducen la ingesta de alimentos (por ejemplo, problemas a la hora de comer, masticar y deglutir) y enfermedades que limitan la ingesta de micronutrientes (como la insuficiencia pancreática y las infecciones e inflamaciones intestinales). A esto hay que sumar enfermedades asociadas con la pérdida de micronutrientes (como la diarrea crónica o la insuficiencia renal crónica) y con un aumento de su requerimiento (por ejemplo, fiebre, heridas graves, infecciones). La toma de medicamentos puede igualmente afectar negativamente al suministro de nutrientes.

La alimentación de los pacientes cuyas necesidades nutricionales no se pueden cubrir con alimentos normales está sujeta a requisitos específicos. La composición de los alimentos y su posible enriquecimiento con preparados adecuados debe realizarse bajo supervisión médica y con la ayuda de expertos en nutrición.

Bibliografía

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Biesalski H.-K. Vitamin E requirements in parenteral nutrition. Gastroenterology. 2009; 137(5):92–104.