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La ingesta de hierro en edades tempranas puede afectar al desarrollo cerebral

febrero 6, 2012

De acuerdo con un reciente estudio llevado a cabo en EE. UU., el desarrollo saludable del cerebro en los adultos parece depender de los niveles de hierro que se tengan en la adolescencia.

En el estudio se midieron los niveles sanguíneos de transferrina, una proteína que se encarga de transportar el hierro a través del organismo y hacia el cerebro, en 615 adolescentes sanos (1). Mediante la medición de los niveles medios de transferrina de los participantes, a los que se evaluó en varias ocasiones a los 12, 14 y 16 años de edad, los investigadores calcularon la disponibilidad de hierro en el cerebro durante la adolescencia. Transcurridos entre ocho y doce años, se analizaron las imágenes cerebrales por resonancia magnética de los adolescentes, que en ese momento tenían una edad media de 23 años. De entre ellos, 574 fueron sometidos a un escáner para determinar las conexiones de mielina del cerebro, así como la fuerza o integridad de las mismas. Los resultados del estudio mostraron que los niveles de transferrina estaban asociados con diferencias perceptibles en la macroestructura y la microestructura cerebral al alcanzar la edad adulta. Los participantes cuyas concentraciones de transferrina eran más elevadas –un signo típico de unos niveles deficitarios de hierro en la dieta de una persona– presentaron cambios estructurales en regiones del cerebro vulnerables a la neurodegeneración. Un análisis posterior de los gemelos que tomaron parte en el estudio reveló un conjunto común de genes que influye tanto en los niveles de transferrina como en la estructura cerebral.

Los investigadores señalaron que la ingesta de hierro en la dieta parece afectar enormemente al cerebro en la adolescencia. Puesto que la mielina acelera la comunicación del cerebro, y el hierro es esencial para la producción de mielina, unos niveles bajos de hierro en la infancia pueden mermar las reservas del cerebro que se necesitan más adelante para protegerse contra el envejecimiento y la enfermedad de Alzheimer. Se trata de una conclusión importante considerando que los científicos no estaban estudiando a personas con una deficiencia de hierro, sino a personas sanas. Al mismo tiempo, pondría de relieve la necesidad de llevar una alimentación equilibrada durante la adolescencia, cuando el centro de control del cerebro todavía está madurando. El hallazgo de un conjunto común de genes que influye tanto en los niveles de transferrina como en la estructura cerebral puede arrojar luz sobre los mecanismos neurales por los cuales el hierro afecta a la cognición, al desarrollo neurológico y a la neurodegeneración. La mielina es una vaina grasa que recubre las fibras nerviosas (axones) del cerebro facilitando la conducción de los impulsos nerviosos, y el hierro es indispensable para su producción.

El hierro y las proteínas que lo transportan son sumamente importantes para la función cerebral. La falta de hierro es la deficiencia nutricional más frecuente en todo el mundo, provocando un bajo rendimiento cognitivo en niños en edad escolar. Sin embargo, a edades más avanzadas, la sobrecarga de hierro está asociada con daño cerebral, habiéndose encontrado concentraciones anormalmente elevadas en el cerebro de pacientes con Alzheimer, Parkinson y la enfermedad de Huntington. Dado que tanto la deficiencia como el exceso de hierro pueden afectar negativamente la función cerebral, resulta crucial la regulación de su transporte al cerebro. Cuando los niveles de hierro son bajos, el hígado produce más transferrina para aumentar el transporte de hierro.

referencias

  1. Jahanshad N. et al. Brain structure in healthy adults is related to serum transferrin and the H63D polymorphism in the HFE gene. Proceedings of the National Academy of Sciences. Published online January 2012.