opinión experta

La pobreza reduce las oportunidades educativas de los niños y puede acarrear enfermedades

junio 1, 2011

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Prof. Dr. med. Hans Konrad Biesalski, portavoz del comité consultivo de expertos de información nutricional de la Universidad de Hohenheim, Alemania.

“A primera vista Alemania es un país en el que todo parece estar bien, también en lo que a las comidas de los niños se refiere. Según los responsables del estudio nacional de consumo (Nationalen Verzehrsstudie, NVS II), en Alemania no existe deficiencia de vitaminas a partir de los 14 años de edad. Esto es correcto si por ello se entienden estados carenciales graves con cuadros clínicos clásicos. Sin embargo, y de acuerdo con los resultados del citado estudio, resulta evidente que se ignora el hecho de que una gran parte de la población no ingiere las cantidades recomendadas de ciertos nutrientes esenciales tales como el ácido fólico, la vitamina D, el calcio o la vitamina E.

Por lo tanto, el argumento tantas veces repetido de que todos pueden tener una alimentación saludable no sirve de mucho. Efectivamente, cualquiera puede alimentarse adecuadamente siempre y cuando disponga de suficientes recursos económicos y los conocimientos necesarios sobre una nutrición sana. Las familias pobres se ven a menudo obligadas a reducir sus gastos en alimentos y comer de forma desequilibrada. Esto les limita casi automáticamente a alimentos con un alto contenido energético, sobre todo aquellos ricos en grasas, pero con un escaso valor dietético. Incluso en los supermercados de descuento se necesitan al menos cinco euros al día por niño para poder configurar una dieta, que sin llegar a ser orgánica, pueda calificarse como medianamente ‘saludable‘. El sistema Hartz IV prevé una ayuda de 2,62 euros al día para los niños de edades comprendidas entre los 2 y los 6 años y de 3,22 euros para aquellos entre los 7 y los 14 años; es decir poco más de la mitad del mínimo necesario.

La consecuencia de esto es una selección social que afecta a la capacidad física de los niños de las familias más necesitadas y, en consecuencia, les priva de la base para una buena educación y éxito profesional. El aporte insuficiente de vitaminas durante la infancia debilita el sistema inmune y hace que los afectados sean más propensos a las enfermedades y al absentismo escolar. Otro de los resultados que revelan las encuestas alemanas es que los niños de familias pobres tienen el doble de probabilidades de enfermar y padecer sobrepeso. A la larga, la carencia de los micronutrientes mencionados favorece el desarrollo de enfermedades crónicas como la arteriosclerosis y la diabetes entre otras. Más espectaculares si cabe son los estudios llevados a cabo recientemente en Suecia y Estados Unidos, en los que se demuestra que los 2,5 millones de niños que sufren malnutrición debido a la pobreza se convertirán en adultos con un riego dos veces superior de padecer hipertensión y diabetes.

La prevención de estas enfermedades en la infancia es una obligación social antes de que sea demasiado tarde en la edad adulta. Una de las soluciones solicitadas en el Foro Bioético del Consejo Alemán de Ética 2007 es la implantación de una alimentación sana en las escuelas y guarderías. Ésta debería ser gratuita para todos los niños –como es el caso en los países escandinavos– o por lo menos, para los niños de familias con ingresos bajos, ya que sugerir la posibilidades de una alimentación saludable no sirve de mucho si aquellos que realmente la necesitan no tienen acceso a ella por razones económicas.“

Comunicado de prensa de la Universidad de Hohenheim, AlemaniaMayo de 2011.