opinión experta

La relación entre la ingesta de un componente alimenticio y un efecto beneficioso para la salud

agosto 1, 2011

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Conferencia de consenso Hohenheim sobre la alimentación basada en hechos

"El aumento de la conciencia pública de que la alimentación y los componentes dietéticos contribuyen de forma significativa al bienestar y a la salud personales, y a la salud pública en general, ha generado nuevas oportunidades y la necesidad de reclamar los beneficios de ciertos alimentos o componentes alimenticios. En consecuencia, se ha producido un aumento de los reclamos sobre la relación entre el consumo de categorías concretas de alimentos, alimentos o componentes alimenticios, y un beneficio específico para la salud. La calidad de los hechos contrastados en los que se apoyaban tales anuncios fue de diversa calidad: algunos reclamos derivaban de conocimientos aceptados generalmente, a pesar de no estarlo por parte de la nutrición. Otros se basaron en extrapolaciones selectivas y carentes de base sólida extraídas de estudios observacionales. Así, ultimamente ha aparecido una gran cantidad de productos que abarcan un espectro que va desde alimentos tradicionales enriquecidos con componentes específicos, hasta productos completamente nuevos. El desarrollo de estos productos coincidió con revisiones nacionales e internacionales de los valores de referencia sobre la ingesta. Dichas revisiones demostraron las limitaciones de la información de donde se habían extraído las referencias de ingesta y pusieron de relieve la necesidad de reforzar la base científica.

Es entonces cuando surge la corriente ‘nutrición basada en la evidencia’, semejante pero no necesariamente análogo a la farmacología y la medicina basadas en la evidencia. El objetivo primordial de la nutrición es mantener, o a ser posible mejorar, la salud. Esta es una diferencia esencial con respeto a los productos farmacéuticos, que generalmente se desarrollan para tratar, curar o prevenir enfermedades. El término ‘efecto fisiológico beneficioso’ se refiere a los efectos demostrables que tiene un alimento o un componente alimenticio que se anuncia con propiedades saludables. Los efectos fisiológicos beneficiosos van más allá de los efectos nutritivos aceptados tradicionalmente y su validez debería ser contrastada para la población en general o para un subgrupo de la población. Requerir que se demuestren uno o más efectos fisiológicos beneficiosos de un alimento o de un componente alimenticio en la población sana general representa un gran reto científico para la nutrición. De hecho, esta tarea es más complicada que valorar la eficacia de muchos fármacos, cuyos efectos sobre criterios de valoración clínicos o sucedáneos son a menudo más fáciles de establecer. La cuestión es cómo desarrollar nuevas estrategias de investigación de la nutrición teniendo como objetivo demostrar los efectos fisiológicos beneficiosos en las personas sanas.

Valorar la relación entre la ingesta de un alimento o un componente alimenticio y un efecto beneficioso sobre la salud es un proceso complejo. Se puede llevar a cabo basándose en gran medida en los resultados de ensayos aleatorizados controlados, pues, sin lugar a dudas, un ensayo aleatorizado controlado bien dirigido ofrece la base más amplia para las relaciones de causa y beneficio. De todas formas, este es el caso solo si el ensayo aleatorizado controlado cumple con varios criterios esenciales. Además, no siempre es posible realizar un ensayo aleatorizado controlado o no hay uno disponible y raras veces se puede dirigir al amplio campo de interacciones de la fisiología humana. Es difícil utilizar este tipo de ensayos para estudios nutritivos a menos que el componente nutritivo de interés tenga mucho en común con un componente farmacéutico. Por este motivo, la presencia o la ausencia de datos positivos procedentes de ensayos aleatorizados controlados no debería ser un criterio decisivo al evaluar el proceso de valoración que se hace de sus propiedades saludables.

Una alternativa adecuada a los ensayos aleatorizados controlados serían los estudios de casos que observasen todos los datos científicos y los hechos contrastados de las fuentes aceptadas y las instituciones científicas reconocidas. Mientras esperamos, por ejemplo, los resultados de los ensayos aleatorizados controlados que se están llevando a cabo actualmente sobre la eficacia de los carotenoides en la prevención y el tratamiento de la degeneración macular asociada a la edad, los beneficios potenciales sobre la salud pública, la plausibilidad científica y un registro de seguridad excelente de la luteína y la zeaxantina están corroborando la recomendación de que se debería fomentar el consumo y el suplemento de estos componentes en la dieta. Se puede entender por qué un oftalmólogo, en ausencia de una evidencia convincente de ensayos aleatorizados controlados pero en presencia de un cuerpo de evidencias biológicamente plausibles y racionales (aunque no procedan de ensayos aleatorizados controlados), pueda recomendar suplementos antioxidantes que contengan carotenoides maculares en vista de la falta de otras medidas disponibles, sean suposiciones o medidas comprobadas, contra la degeneración macular asociada a la edad. Los pacientes con una degeneración macular asociada a la edad en estado intermedio o avanzado, que quizás hayan perdido ya la visión en un ojo, a menudo desean participar de forma activa en disminuir el riesgo de seguir perdiendo vista y no desean esperar a que se encuentre una base científica ‘conclusiva’. De la misma forma, las personas preocupadas de una forma positiva que presentan un principio de degeneración macular asociada a la edad o con casos de esta patología en la familia, tampoco quieren esperar hasta que se encuentren resultados de ensayos aleatorizados controlados definitivos, especialmente teniendo en cuenta que los carotenoides son realmente inocuos. A falta de resultados definitivos de ensayos aleatorizados controlados, debemos ver y valorar la totalidad de los datos científicos y sopesar la evidencia disponible a día de hoy, identificándola y reconociéndola como evidencia procedente de fuentes respetadas y de instituciones científicas. Así podremos encontrar mejores alternativas a los ensayos aleatorizados controlados y realizar a tiempo recomendaciones importantes para salud pública.

Muchos antioxidantes se encuentran en los alimentos o en los suplementos alimenticios y puede ser que sus efectos antioxidantes actúen tras su ingesta siguiendo un patrón complejo. En relación con su naturaleza como antioxidantes, casi todos disminuyen la especie reactiva de oxígeno y, por consiguiente, disminuyen los daños oxidativos y compensan el estrés oxidativo. Un mayor paradigma que justifique el uso de antioxidantes es que la exposición de células y tejidos a la especie reactiva de oxígeno comporta daños oxidativos, deterioros de la funciones o, como mínimo, una enfermedad. En algunos estudios se ha mostrado que las especies reactivas de oxígeno son las responsables del desarrollo de distintas enfermedades como son el cáncer, las enfermedades neurológicas, cardíacas y otras enfermedades crónico-degenerativas. La cuestión más importante con respecto a los antioxidantes y sus ‘beneficios contrastados’ es si el hecho de detectar que los antioxidantes tienen un impacto sobre el estrés oxidativo es causa suficiente para anunciar que tienen un efecto beneficioso. Otra cuestión importante es si una combinación de marcadores relacionados con una enfermedad y el efecto antioxidante son concluyentes. En los casos de enfermedades degenerativas, el tiempo que transcurre entre el daño oxidativo y la aparición de un marcador biológico relacionado con la enfermedad es demasiado largo (años) para poder diseñar un estudio realista sobre la intervención humana. Asimismo, contraer una enfermedad degenerativa no se debe a un solo efecto. Las ingestas dietéticas, especialmente de antioxidantes, son una clave determinante de una expresión de genes, en parte debido a su influencia en la estabilidad del genoma. Parece ser que las enfermedades degenerativas de largo término, como son el cáncer, las enfermedades coronarias, inflamación crónica y envejecimiento acelerado, se deben en parte a daños cuantificables en el ADN. Los índices funcionales, como por ejemplo los daños en el ADN, pueden ser marcadores biológicos importantes para definir una ingesta adecuada y óptima de micronutrientes antioxidantes. Estos métodos son especialmente apropiados para realizar evaluaciones en estudios a escala relativamente pequeña y pueden proporcionar información valiosa sobre los mecanismos fisiológico y metabólico relacionados con la ingesta adecuada y óptima y el riesgo de padecer una enfermedad crónica en estado latente prolongado.

La investigación en el campo de la nutrición ha entrado en una nueva etapa en la que se merece disponer de sus propias metodologías nutricionales, distintas y más variadas que aquellas de las que dispone la medicina basada en la envidencia. Esto implica redefinir la salud en términos de un potencial individual para adaptarse a estímulos internos y externos, en lugar de utilizar el paradigma farmacéutico. Se están desarrollando nuevos caminos para dirigir los efectos nutricionales y funcionales de los alimentos o de los componentes alimenticios y ofreciendo oportunidades para la investigación futura. Los sistemas de asignación de propiedades saludables que no son capaces de adaptarse al amplio espectro de los efectos sobre la salud, deberían configurarse de tal forma que fueran capaces de reflejar los datos científicos disponibles. Se debería estimular este desarrollo hacia nuevas investigaciones y el desarrollo de productos innovadores e información importante para beneficiar a los consumidores, incluyendo, pero no limitando, los mensajes hacia la salud pública”.


Julio de 2011
Biesalski H. K. (University of Hohenheim, Germany), Aggett P. J. (Lancaster University, UK), Anton R. (University of Strasbourg, France), Bernstein P. S. (University of Utah, USA), Blumberg J. (Tufts University, USA), Heaney R. P. (Creighton University, USA), Henry J. (Oxford Brookes University, UK), Nolan J. M. (Whitfield Clinic, Waterford, Ireland), Richardson D. P. (DPR Nutrition Limited, UK), van Ommen B. (TNO, The Netherlands), Witkamp R. F. (Wageningen University, The Netherlands), Rijkers G. T. (St. Antonius Hospital, The Netherlands), Zöllner I. (Baden-Wuerttemberg State Health Office, Epidemiology, Germany). 26th Hohenheim Consensus Conference, September 11, 2010. Scientific substantiation of health claims: Evidence-based nutrition. Nutrition. 2011.