opinión experta

La vitamina C y el resfriado común

marzo 1, 2015

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Alexander Michels, PhD, Investigador asociado, Universidad Estatal de Oregón, Linus Pauling Science Center, Oregón, EE. UU.

«Cuando Pauling escribió su libro “La vitamina C y el resfriado común” y propugnó la acción antiviral de la vitamina C, solo existían unos pocos estudios clínicos que podían someterse a evaluación. Además, los estudios científicos con ácido ascórbico todavía estaban en sus comienzos por entonces, ya que no se conocían bien las funciones biológicas del ácido ascórbico, como sus actividades enzimáticas y antioxidantes. En las décadas posteriores a la primera revisión de Pauling en este campo se realizaron y publicaron numerosos estudios sobre el tema, muchos de ellos inspirados en las afirmaciones de Pauling, pero la mayoría carentes del nivel de sofisticación necesario para estudiar de forma definitiva la vitamina C en sujetos humanos. De hecho, sin un cambio radical en el diseño experimental de este tipo de estudios y la evidencia de estudios básicos que examinen los posibles mecanismos de acción de la vitamina C, no alcanzaremos consenso científico sobre la eficacia de esta vitamina en la prevención y el tratamiento de los resfriados.

Hay una cuestión muy importante en los ensayos de suplementos sobre el resfriado común: ¿Qué es el resfriado? Existe una gran cantidad de virus que causan los síntomas asociados con el resfriado, desde los rinovirus y coronavirus hasta los parainfluenza. Se estima que hay más de 200 tipos diferentes de infecciones virales que pueden dar origen a los síntomas del resfriado. Resulta difícil detectar el efecto de la vitamina C en los ensayos clínicos si esta solo es más eficaz contra un subgrupo de estas infecciones virales. Por otra parte, las infecciones bacterianas, especialmente las del tracto respiratorio, pueden producir síntomas que se asemejan mucho a los de una infección vírica. La eficacia de los suplementos de vitamina C en la prevención o el tratamiento de las infecciones bacterianas en las vías respiratorias todavía no está del todo clara.

En 1970, Pauling observó que aún no se conoce el mecanismo por el que la vitamina C resulta eficaz contra infecciones virales tales como el resfriado común y planteó la hipótesis de que la eficacia del ácido ascórbico para proporcionar protección contra las enfermedades víricas proviene de su función en la prevención de la entrada de partículas de virus en las células. A pesar de que han transcurrido más de 40 años desde que Pauling escribiera estas líneas, son muy raras las pruebas controladas de laboratorio con vitamina C y la infección vírica. Como consecuencia de ello, aún no sabemos cuál es la dosis de vitamina C que podría ser eficaz para retardar o prevenir muchos tipos de transmisión viral en las células. No obstante, Pauling y sus colegas sí identificaron algunos mecanismos con los que la vitamina C protegía frente a la infectividad y la replicación del VIH en cultivos celulares, trabajo que se publicó en la revista especializada Proceedings of the National Academy of Sciences en 1990. Los datos recopilados hasta la fecha sugieren que lo más probable es que los suplementos de vitamina C actúen fortaleciendo el sistema inmune.

Estos datos son, sin embargo, polémicos, ya que a menudo provienen de modelos animales que no reproducen la respuesta del sistema inmunitario humano. Aunque Pauling promulgó el consumo diario de varios gramos de vitamina C y un aumento de la dosis para combatir los resfriados, hay muy pocos estudios que intenten seguir este régimen. Las dosis utilizadas en los ensayos clínicos sobre la vitamina C varían mucho, lo cual posiblemente sea un reflejo de la incertidumbre que reina en este campo. La vitamina C se obtiene de la dieta, y el estado nutricional puede ser de gran importancia para determinar la cantidad de suplementos de esta vitamina que produce un efecto. Del mismo modo, es difícil hacer comparaciones entre personas que padecen una deficiencia de vitamina C, una insuficiencia (sin saturación del plasma) o una saturación (tomar más vitamina C de la necesaria para saturar el plasma). Muchos estudios no realizan esta distinción, ya que es un concepto que pocos investigadores comprenden del todo.

En 2013, se sometieron a revisión 70 años de investigación clínica sobre la vitamina C y el resfriado (1). Los resultados revelaron que los suplementos regulares de 200 mg o más de vitamina C acortaban la duración de los resfriados, con mayores beneficios en los niños que en los adultos. Además, los suplementos regulares de entre 250 mg y 2000 mg/día redujeron la incidencia de los resfriados, aunque estos resultados no alcanzaron significación estadística salvo en aquellos individuos sometidos a un fuerte esfuerzo físico (como corredores de maratón, esquiadores o soldados en condiciones subárticas). En conclusión, la administración diaria de suplementos parece ser muy importante para reducir la gravedad y la duración de los resfriados. Es posible que la administración continua de suplementos de vitamina C durante largos periodos antes de que se presente un problema vírico influya a la hora de asegurar una respuesta óptima del sistema inmune, lo cual lleva algo de tiempo.

A este respecto, hay un estudio japonés que merece una mención especial (2). Se trata de un ensayo clínico de cinco años de duración diseñado para examinar el efecto de una dosis diaria pequeña (50 mg) o elevada (500 mg) de vitamina C en el desarrollo del cáncer gástrico entre 244 sujetos. Los investigadores evaluaron los efectos de los suplementos de vitamina C sobre el resfriado común al final del estudio y concluyeron que el riesgo de contraer tres o más resfriados en un periodo de cinco años se redujo en un 66 % con la ingesta diaria de la dosis más alta de vitamina C en comparación con la dosis más baja. No obstante, hay que señalar que estas personas ya consumían una cantidad importante de vitamina C en la dieta antes de que comenzara el estudio. Las mediciones de ácido ascórbico en plasma mostraron que estos individuos no tenían una deficiencia de vitamina y que muchos probablemente habían alcanzado una saturación de la sangre. Este podría ser el motivo por el que fueron necesarios aproximadamente dos o tres años de suplementación antes de que se apreciara una diferencia en la incidencia de los resfriados, con muchas estaciones frías en las los sujetos estuvieron expuestos al ataque repetido de varios virus del resfriado. Dado que los suplementos de vitamina C ayudan a activar el sistema inmunitario, también es posible que su efecto sea más eficaz contra infecciones de repetición que en el primer resfriado contraído tras comenzar la suplementación.

La importancia de la saturación plasmática se tocó a principios de este año en un estudio (3) que no fue incluido en la revisión (1), pero que merece una atención especial por su elaborado enfoque del tema de la insuficiencia de la vitamina C. A diferencia de la mayoría de los estudios sobre los suplementos de vitamina C y el resfriado, entre los que se incluye la investigación japonesa descrita anteriormente, este estudio se limitó a los hombres que tenían unas concentraciones plasmáticas de vitamina C inferiores a 45 μM y, por tanto, unos niveles insuficientes. Durante el ensayo de ocho semanas de duración, se administró a algunos individuos 1000 mg/día de vitamina C. Estos sujetos (pero no los que recibieron un placebo) mostraron unos niveles altos de ácido ascórbico en plasma próximos a la saturación. Al final del estudio, los investigadores descubrieron que los sujetos que tomaron los suplementos de vitamina C presentaban un 40 % menos de probabilidades de resfriarse y que la duración de los resfriados disminuyó en casi un 60 %. De hecho, el estudio sugirió que el consumo de una dieta pobre en vitamina C posiblemente sea un factor que determine la propensión a los resfriados. En las personas que corrigen su insuficiencia de vitamina C con suplementos se observó un beneficio mayor y más inmediato sobre el resfriado.

El Instituto Linus Pauling recomienda que todos los adultos consuman al menos 400 mg/día de vitamina C, dosis que puede alcanzar la saturación del plasma en la población. Se ha sugerido que la vitamina C mejora los síntomas gracias a su efecto antihistamínico. Aunque varios estudios anteriores han demostrado que las dosis de 2000 mg/día de vitamina C disminuían los niveles de histamina en sangre en un 60 % (4), en el estudio reciente (3) las dosis de 1000 mg/día no tuvieron ningún efecto sobre los niveles de histamina. Habría que señalar que los suplementos tomados después de que se manifiesten los síntomas de resfriado, como el consumo de vitamina C al primer signo de dolor de garganta o secreción nasal, parecen tener un efecto poco apreciable. La acción beneficiosa de la suplementación con vitamina C sobre el resfriado común es más notoria cuando la vitamina se toma regularmente, exista o no un resfriado, como sugirió Linus Pauling. Como ya se mencionó antes, esto se debe probablemente a la cantidad de tiempo necesario para que la vitamina C despliegue todo su efecto en el sistema inmunitario. A pesar de algunas afirmaciones que defienden lo contrario, la evidencia clínica corrobora el efecto de los suplementos de vitamina C contra el resfriado común, como ya lo hiciera Pauling hace 44 años. Aún así, se necesitan estudios más rigurosos que fundamenten esta asociación».

Basadoen: Michels A. Vitamin C and the Common cold: Current Status. The Linus Pauling Institute. Research Newsletter. Fall/Winter 2014.

referencias

  1. Hemilä H. and Chalker E. Vitamin C for preventing and treating the common cold. Cochrane Database Syst Rev. 2013; 1:CD000980.
  2. Sasazuki S. et al. Effect of vitamin C on common cold: randomized controlled trial. Eur J Clin Nutr. 2006; 60(1):9-17.
  3. Johnston C. S. et al. Vitamin C supplementation slightly improves physical activity levels and reduces cold incidence in men with marginal vitamin C status: a randomized controlled trial. Nutrients. 2014; 6(7):2572-2583.
  4. Johnston C.S. The antihistamine action of ascorbic acid. Subcell Biochem. 1996; 25:189–213.