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Los antioxidantes podrían ayudar a reducir el riesgo de depresión

octubre 15, 2012

Según un nuevo estudio llevado a cabo en Estados Unidos, los adultos que tienen unos niveles altos en sangre de antioxidantes, como el betacaroteno, la luteína y la zeaxantina, podrían ser menos propensos a la depresión.

Para examinar la posible relación entre los síntomas depresivos mayores y el nivel de antioxidantes, se midieron las concentraciones séricas de carotenoides y de las vitaminas A, C y E, así como los síntomas de depresión, en 1.798 estadounidenses (de entre 20-85 años) que participaron en las National Health and Nutrition Examination Surveys de 2005-6 (1). Los resultados del estudio indicaron que el aumento del nivel total de carotenoides en sangre estaba asociado con una reducción significativa del 37% en general en el riesgo de sufrir síntomas depresivos mayores. Solo se observó una relación dosis-respuesta para el total de carotenoides en sangre. Entre los carotenoides, el aumento de los niveles de betacaroteno (hombres y mujeres) y luteína y zeaxantina (solo mujeres) se relacionó de forma independiente con una disminución de los síntomas depresivos.

De acuerdo con los investigadores, estos resultados justifican más investigaciones sobre este tema, ya que los antioxidantes podrían ayudar a reducir el daño oxidativo en el cerebro. La evidencia aportada por estudios epidemiológicos ha dado pie a la hipótesis de que la depresión podría deberse a unos niveles bajos de antioxidantes en sangre y que el aumento del consumo de antioxidantes en la dieta reduce el estrés oxidativo, disminuyendo con ello la incidencia de síntomas depresivos mayores al frenar la peroxidación lipídica en el cerebro (2).

referencias

  1. Beydoun M. A. et al. Antioxidant status and its association with elevated depressive symptoms among US adults: National Health and Nutrition Examination Surveys 2005-6. Br J Nutr. Published online September 2012.
  2. Craft N. E. et al. Carotenoid, tocopherol, and retinol concentrations in elderly human brain. J Nutr Health Aging. 2004; 8:156–162.