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Los flavonoides en la prevención de las enfermedades crónicas

junio 1, 2013

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Los polifenoles pertenecen, como los carotenoides, a los cerca de 60.000 metabolitos secundarios de las plantas que contribuyen a protegerlas de las plagas o a darles color, aroma o fragancia. Los polifenoles se clasifican en ácidos fenólicos y flavonoides (pigmentos), y se encuentran principalmente en frutas y bebidas derivadas de plantas como los zumos de fruta, el té, el cacao y el vino tinto, así como en las verduras, los cereales y el chocolate. Puesto que los ponifenoles se encuentran en numerosos alimentos y participan en diversos procesos biológicos, no es fácil investigar sobre ellos. Según los estudios actuales, los polifenoles podrían contribuir a la prevención de enfermedades crónicas. Sin embargo, los datos disponibles aún no son suficientes para extraer de ellos recomendaciones de ingesta generales o dirigidas a determinados grupos de población con riesgo de sufrir determinadas enfermedades.

Gran parte de la evidencia sobre la eficacia de los polifenoles se ha extraído de estudios realizados en animales, con dosis muy por encima de los niveles que los humanos alcanzan a través de la dieta. Por otra parte, hay estudios epidemiológicos y clínicos sobre la relación entre la ingesta de polifenoles (en particular del gran grupo de los flavonoides) y el mantenimiento de la salud en humanos así como la prevención de enfermedades. Muchos estudios epidemiológicos sugieren un posible efecto protector de los polifenoles como antioxidantes en las enfermedades cardiovasculares (1). Las pruebas de que tengan un efecto protector contra el cáncer, las enfermedades degenerativas y las infecciones proceden principalmente de estudios experimentales (2, 3). La función de los polifenoles parece proceder de la modulación del estrés oxidativo (4): se habla de su capacidad de unir proteínas o minerales (5), de unirse a bacterias y virus, así como de sus efectos hormonales (6).


Flavonoides

Los flavonoides, que se dividen en una serie de sustancias (las antocianinas, flavanonas, flavonoles, flavonas e isoflavonas, que a su vez se dividen en otras sustancias (7)) forman un grupo particularmente grande y diverso de polifenoles. Los flavonoides (lat. “flavus” = amarillo) a menudo dan una coloración amarilla a las plantas. Las antocianinas (gr. “anthos” = flor y “kyanos” = azul) le dan el color azul o rojo a frutas como los arándanos, las uvas rojas, las grosellas o las moras (8). Algunos ejemplos de alimentos especialmente ricos en flavonoides los constituyen la cebolla y la manzana, que contienen el flavonol llamado quercetina (9), los frutos del bosque azules y rojos, en especial los arándanos, que contienen antiocianinas (10), y el té verde, que contiene catequinas (11). Ciertas plantas como la vid poseen además una enzima activa en el metabolismo de los favonoides que produce derivados de los estilbenos. Las uvas rojas son también una importante fuente de derivados de los estilbenos como el resveratrol, una fitoalexina (del griego “phytos” = planta, “alekein” = protegerse), que las pantas producen principalmente para combatir infecciones, por ejemplo de hongos (12). El resveratrol es un antioxidante y parece influir en los procesos inflamatorios. Aumenta la producción de una enzima (sirtuina 1), que evita la muerte celular programada (apoptosis) y por lo tanto podría tener un efecto de prolongación de la vida (13, 14). Dentro de los flavonoides, las catequinas, como el galato de epigalocatequina-3 (EGCG) así como las antocianinas, y dentro de los estilbenos el resveratrol, pertenecen a los polifenoles más investigados científicamente con potencial para la prevención de enfermedades crónicas.


Las enfermedades cardiovasculares

Según la OMS, en el año 2008 murieron en todo el mundo 17,3 millones de personas a causa de enfermeda-des cardiovasculares. Se espera que hasta el año 2030 la cifra aumente a 23,3 millones (15). En la investi-gación de estrategias preventivas contra la extensión mundial de estas enfermedades, los polifenoles (en especial los flavonoides y el resveratrol) son de especial interés. Entre otros, se investigan las propiedades antihipertensivas de varios polifenoles (16).

Los estudios experimentales, epidemiológicos y clínicos han proporcionado amplia evidencia de una posible relación entre un mayor consumo de té verde y la mejora de la salud cardiovascular. El grupo de polifenoles del té verde que parece actuar de varias formas para la protección de los vasos sanguíneos es el de las catequinas (17). Actúan como: 1. antioxidantes: eliminan los radicales libres, inhiben las enzimas pro-oxidativas y contribuyen a la producción de enzimas antioxidantes (18); 2. anti-hipertensivos: entre otros, regulan el tono vascular del endotelio a través de la activación de los óxidos de nitrógeno (19); reductores de lípidos: bloquean las enzimas clave implicadas en la biosíntesis de lípidos y mejoran el perfil de lípidos en sangre gracias a la reducción de la absorción intestinal de grasas (20, 21); 4. antiinflamatorios: inhiben los procesos inflamatorios de las lesiones ateroscleróticas de las paredes vasculares (22); 5. antiproliferativos: inhiben la aparición de factores de crecimiento de las células vasculares que participan en la aterosclerosis, evitando así el crecimiento y la proliferación de células musculares lisas (24), 6. antitrombóticos: impiden la aglutinación de plaquetas.

Los estudios epidemiológicos sugieren que un mayor consumo de antocianinas podría disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. En los estudios, se determinó la ingesta de antocianinas a través del consumo de frutos rojos como las fresas o los arándanos. En el Iowa Women’s Health Study de EE. UU. se observó, transcurridos 16 años, que 0,2 mg diarios de antocianinas en las mujeres postmenopáusicas disminuían el riesgo de enfermedad cardiovascular (25). Dentro del proyecto MONICA (Multinational MONItoring of trends and determinants in CArdiovascular disease) de la OMS se ob-servó que los sujetos de Francia que consumían alcohol (vino tinto) de forma regular vivían más que los participantes de otros 17 estados occidentales, entre ellos EE. UU. y Reino Unido (26-28), a pesar de que los valores del colesterol de los franceses eran si-milares a los de los otros grupos de población. Como posible causa de esta “paradoja francesa” se discutió el posible efecto protector de la salud cardiovascular de las anto-cianinas del vino tinto. Por otro lado, en un ensayo aleatorizado controlado realizado en Noruega con hombres y mujeres de edades comprendidas entre los 47 y los 74 años se observó una mejora significativa de los marcadores del riesgo de enfermedades cardio-vasculares gracias a la suplementación con antocianinas (29). En la actualidad, se están estudiando en profundidad los posibles mecanismos de acción de las antocianinas (por ejemplo, como antioxidantes en la protección del ADN y en la peroxidación lipídica, así como en su papel como factores a través de los cuales se puede influir de forma positiva en la respuesta inmune mediante la producción de citoquinas). Para que los resultados ganen más peso, aún se deben investigar en detalle algunos aspectos en futuros estudios de intervención (30).

En los últimos años, se han estudiado en profundidad los posibles efectos protectores para la salud cardio-vascular del resveratrol. Los estudios poblacionales han demostrado que la dieta mediterránea, que es rica en resveratrol, podría disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares (31, 32). Los estu-dios con animales han producido pruebas de que los derivados del estilbeno pueden ralentizar el proceso de envejecimiento (13, 14, 33). Además, los suplementos con resveratrol en los experimentos con animales tuvieron efectos antiinflamatorios y antioxidativos, lo cual es señal de los posibles efectos preventivos de numerosas enfermedades degenerativas (34, 25). En la actualidad se están llevando a cabo otros estudios para tratar de comprender mejor los posibles mecanismos a través de los cuales el resveratrol podría contribuir a la salud cardiovascular (36, 37).


El cáncer

Según la OMS, en el año 2008 murieron 7,6 millones de personas en todo el mundo por culpa del cáncer y se estima que esta cifra aumentará hasta 13,1 millones en 2030 (38). Para hacer frente a la expansión de esta enfermedad, se están incluyendo los polifenoles en la investigación y el establecimiento de estrategias contra el cáncer. Las catequinas del té verde se encuentran en el punto de mira debido a sus posibles efectos protectores en la prevención y la terapia del cáncer. El galato de epigalocatequina-3(EGCG) es la catequina más estudiada debido a sus posibles efectos preventivos contra el cáncer, ya que parece interferir en las vías de señalización celular (39). La señalización celular es un mecanismo esencial para el mantenimiento del equilibrio celular y la mediación de los procesos biológicos. Por eso, la interrupción de dicha señalización se relaciona con diversas enfermedades, entre ellas el cáncer. Una de las acciones preventivas contra el cáncer de las catequinas podría producirse gracias a la regulación de las diversas vías de señalización y por lo tanto podrían influir de forma positiva en el control de los procesos de expresión génica como el crecimiento, la división y la muerte celular. Las catequinas inhiben, entre otros, la trans-misión del factor de crecimiento insulínico (IGF) tipo 1 y la formación de metástasis. El EGCG fue capaz, por ejemplo, de inducir in vitro la muerte de células leucémicas B. El mecanismo funcional de las catequinas en la transmisión de señal celular es muy complejo y aún no ha sido estudiado en profundidad (40).

Varios estudios epidemiológicos realizados en China han producido pruebas sobre una relación entre un mayor consumo de té verde y la prevención de varios tipos de cáncer gastrointestinal como el cáncer de estómago y de esófago (41-43). Sin embargo, estudios similares realizados con mujeres chinas y estado-unidenses de origen asiático sobre la prevención del cáncer de mama no produjeron resultados consistentes, ya que a menudo el riesgo de cáncer de mama se ve influido por la predisposición genética (45, 46). En un estudio clínico realizado en China, las mujeres con cáncer de ovarios que bebían al menos una taza de té verde al día, vivían más tiempo que las pacientes sin este hábito (46, 47). En Japón, se llevó a cabo un estudio poblacional en el que se investigó el efecto del consumo de té verde y de café en un tipo de cáncer muy agresivo y difícilmente curable, como es el cáncer de páncreas, pero el efecto preventivo del té verde no pudo observarse de forma clara (48). Por otro lado, se observó un efecto de reducción del riesgo de cáncer de próstata gracias al té verde en algunos estudios epidemiológicos realizados en China y Japón, aunque no se dio en todos (49-51). Aunque las catequinas in vitro inhibieron el crecimiento de células de cáncer de pulmón (52), los estudios de cohortes previos sólo pudieron demostrar una ligera tendencia a un efecto preventivo del té verde en cuanto a dicho cáncer (53).

Gracias a una serie de estudios in vitro e in vivo (experimentos con animales con diversos tipos de tumores) se cree que lasantocianinas podrían proteger del cáncer. Además de su función citoprotectora como antioxidante, parecen activar enzimas “desintoxicantes” que inhiben la proliferación de células cancerosas e inducen su muerte. Su efecto antiinflamatorio también podría tener un papel en este contexto. En los animales, las antocianinas parecen tener un papel potencial contra las células cancerosas en los tumores de esófago y colon así como en el desarrollo del cáncer de piel y de pulmón (54).

También se demostró que el resveratrol no solo actúa como antioxidante, sino que también inhibe la división de las células cancerosas y que puede producir su muerte. La evidencia de que el resveratrol tiene un potencial efecto protector contra el cáncer se basa en resultados de investigaciones in vitro e in vivo y aún debe confirmarse en estudios con humanos (55).


Las enfermedades neurodegenerativasy lasinfecciones

En los estudios se relacionó el galato de epigalocatequina-3 (EGCG) con un posible efecto preventivo de enfermedades degenerativas, aunque los mecanismos moleculares subyacentes aún deben investigarse. Las catequinas parecen ser sensibles a la reacción- oxidación y por lo tanto actúan en los depósitos de amiloide en el cerebro, que probablemente influyen en la aparición de enfermedades como el Alzheimer (56). Las antocianinas se encuentran en el mismo nivel de investigación: su supuesto potencial preventivo se debería principalmente a su acción antioxidante (57). En el caso delresveratrol, a los efectos antioxidantes y antiinflamatorios como factores de protección neurodegenerativa se suma la activación de la enzima reguladora sirtuina 1 (58). Los flavonoides como las catequinas y las antocianinas y el estilbeno resveratrol han mostrado efectos antiinflamatorios y antibacterianos en numerosos experimentos (58-60), de lo que se puede presuponer un efecto contra las inflamaciones y las infecciones. Aún se deben llevar a cabo estudios epidemiológicos y clínicos que demuestren su efectividad en humanos.

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