opinión experta

Los micronutrientes ayudan a mantenerse sanos en la vejez

enero 1, 2012

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Carrie Ruxton, PhD RD, dietista, nutricionista y escritora sobre temas de salud, Reino Unido

“La encuesta National Diet and Nutrition Survey (NDNS) ofrece los datos de mejor calidad y más representativos sobre el consumo de micronutrientes en el Reino Unido. Mientras que la ingesta de nutrientes de referencia (RNI, por sus siglas en inglés) está diseñada para cubrir las necesidades del 97,5% de la población sana, la ingesta de nutrientes inferior a la de referencia (LRNI) solo cubre las necesidades del 2,5% de la población. Además, la gente que hace un consumo por debajo del LRNI se considera en riesgo de deficiencia, en relación con los valores dietéticos de referencia (1), aunque la deficiencia real sólo se puede calcular utilizando marcado-res bioquímicos. En la NDNS, se observó un consumo inadecuado de vitamina A, vitamina D, ácido fólico, hierro, calcio, magnesio, zinc y yodo (2), así como de ácidos grasos omega-3 de cadena larga (3). Los marcadores del nivel nutricional reflejaron una realidad distinta, puesto que mostraron bajos niveles en sangre de las vitaminas C y D, el hierro y el folato (4). Estos datos sugieren que un considerable número de ancianos no está consumiendo las cantidades adecuadas de vitaminas, minerales y ácidos grasos omega-3. Los que sufren más riesgo de deficiencia son los mayores de 80 años y aquellos que se encuentran en instituciones, lo que ha llevado a recomendar a los ancianos el consumo de suplementos con micronutrientes (5), puesto que esto parece una manera práctica de propiciar el consumo de micronutrientes en este grupo de edad (6).

Se sabe que las dietas deficientes contribuyen al desarrollo de diabetes tipo 2, enfermedad cardíaca, apoplejía, osteoporosis y determinados tipos de cáncer (7). Aunque los mensajes de la salud pública se centran a menudo en reducir el consumo de grasa, grasas saturadas, azúcar y sal, el consumo inadecuado de vitaminas, minerales y ácidos grasos omega-3 merece la misma atención. El consumo insuficiente de calcio y vitamina D durante toda la edad adulta acelera la pérdida de densidad ósea años después, incrementando el riesgo de osteoporosis, fracturas y caídas (8). Un creciente número de estudios habla de las significativas relaciones entre niveles insuficientes de vitamina D en la edad adulta tardía y un mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular (ECV) y cáncer (9), y un envejecimiento más rápido de las células del ADN, calculado a través de la longitud de los telómeros (10). El índice de mortalidad por todas las causas es bastante más elevado en ancianos con un nivel deficiente de vitamina D (11). Los estudios muestran también que la función cognitiva en la edad adulta tardía se deteriora más rápido y el riesgo de demencia aumenta cuando el consumo de ácidos grasos omega-3 de cadena larga es bajo (12). Una encuesta longitudinal realizada con 1.091 adultos en el Reino Unido demostró un mejor rendimiento cognitivo en personas de 70 años que realizaban un mayor consumo de vitaminas B12, C, riboflavina y folato, aunque la relevancia de esta relación disminuyó cuando se tuvo en cuenta el CI calculado durante la infancia (13). Algunos estudios longitudinales han relacionado los bajos niveles de vitamina B con un deterioro cognitivo más rápido (14), a la vez que los bajos niveles de vitaminas B se han relacionado con un mayor riesgo de depresión (15). Los altos niveles en sangre de nutrientes antioxidantes, por ejemplo, los carotenoides, las vitaminas C y E, podrían reducir el riesgo de ECV, de cáncer y de complicaciones de la diabetes(16). Dos encuestas longitudinales realizadas en poblaciones más ancianas (17, 18) hallaron un menor riesgo de mortalidad por todas las causas y mortalidad por cáncer cuando los niveles de carotenoides en sangre eran altos. Un metaanálisis de 15 estudios de cohortes halló un 16-24% menos de riesgo de ECV cuando el consumo de vitamians C, E y betacaroteno era alto (19). Estos estudios demostraron los inconvenientes de una insuficiencia de micronutrientes. Los investigadores sugieren que los suplementos que contienen vitaminas C y E, carotenoides, zinc y selenio podrían ayudar a evitar el envejecimiento acelerado y reducir el riesgo de enfermedades relacionadas con la edad (20).

Las publicaciones incluyen un número de estudios con suplementación a largo plazo realizado en sectores ancianos de la población. Dos de ellos hallaron mejoras en la capacidad antioxidante si se realizaba una suplementación con zinc o una combinación de zinc, selenio, vitamina C, betacaroteno y vitamina E (21, 22). Esto podría afectar al riesgo de enfermedad, puesto que un bajo nivel de antioxidantes se ha relacionado con un mayor riesgo de cáncer y ECV (17, 18). Otros estudios han demostrado mejoras en el estado nutricional y un menor riesgo de deficiencia de micronutrientes con varias combinaciones de suplementos con vitaminas y minerales (23, 24). Otros análisis tuvieron en cuenta la función cognitiva: un estudio a largo plazo demostró una mejora en la fluidez verbal en los participantes ancianos o “con riesgo”, al seguir una suplementación con 11 vitaminas y cinco minerales (25). Varios ensayos se han centrado en la salud cardíaca, mostrando beneficios en la presión sanguínea, los lípidos en sangre, la homocisteína en suero, los marcadores antiinflamatorios y la función del corazón tras la suplementación con aceite de pescado o micronutrientes (26-29). Estos estudios sugieren que se producen mejoras en el estado nutricional y los marcadores de enfermedad cuando los sectores ancianos de la población toman suplementos con micronutrientes a medio o largo plazo. Los hallazgos están respaldados por revisiones sistemáticas y metaanálisis sobre la salud ósea y la suplementación con vitamina D (30, 31), sobre la ECV y la suplementación con ácido fólico (32), así como sobre la degeneración macular asociada a la edad y la suplementación con betacaroteno, vitaminas C, E y zinc (33). Para otras patologías como la aterosclerosis y el cáncer, los beneficios de la suplementación son contradictorios.

Una dieta variada con mucha fruta, verdura, cereales integrales, pescado, carne magra, carne de aves, productos lácteos bajos en grasas y carbohidratos feculentos debería ser la base de una intervención dietética. Sin embargo, las sucesivas encuestas alimentarias realizadas en el Reino Unido muestran que el índice de progreso hacia los objetivos de este tipo de dieta es lento. La poca habilidad en la cocina, las discapacidades, una mala dentadura, la pérdida del sentido del gusto o del apetito en los ancianos podrían ser algunos de los obstáculos que encuentran para realizar una dieta más sana. Puesto que las necesidades energéticas descienden con la edad, en parte debido a una pérdida de la masa muscular, la dieta de los ancianos debe permanecer rica en nutrientes que cubran sus necesidades. Los suplementos en dieta desempeñan un importante papel para ayudar a los mayores a mantener un consumo de nutrientes óptimo y por lo tanto reducir el riesgo de deficiencia. Las pruebas sobre la suplementación en este grupo de edad sugieren beneficios en el estado nutricional y, en el caso de algunos estudios, en los marcadores de riesgo de enfermedad. En estos estudios se suelen usar suplementos con micronutrientes como las fórmulas de multivitaminas y multiminerales, proporcionando un consumo que se acerca a las recomendaciones. Aunque los suplementos estándar, que proporcionan el 100% de la ingesta diaria recomendada por la UE, son por lo general adecuados, será necesario añadir vitamina D para que los mayores de 65 años puedan alcanzar un consumo de 10 mg al día, como recomienda el Ministerio de Salud del Reino Unido(1)”.

Basado en: Ruxton C. The role of micronutrients in healthy ageing. Nutrition & Food Science. 2011; 41(6):
420–429.

referencias

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