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Los micronutrientes durante las fases de regeneración y convalecencia

mayo 1, 2015

Los intensos esfuerzos físicos y mentales producto de enfermedades o de actividades deportivas causan debilidad y pueden provocar agotamiento. En estos casos se hace necesario un periodo de recuperación. La convalecencia sirve para recobrar gradualmente la salud después de haber sufrido alguna enfermedad, mientras que por regeneración se entiende la recuperación funcional y estructural de los tejidos u órganos dañados tras la práctica de un deporte. El objetivo de ambas no es solo completar la curación y el fortalecimiento sino también prevenir nuevas enfermedades o posibles complicaciones, como infecciones recurrentes o fatiga crónica y disminución del rendimiento. La regeneración y la convalecencia son procesos biológicos complejos en los que la recarga de las reservas de energía y de micronutrientes desempeñan un papel importante. Ya sea durante el esfuerzo físico como después del mismo, es imprescindible una ingesta adecuada de micronutrientes como las vitaminas y los minerales para evitar posibles deficiencias provocadas por el aumento de la demanda y ayudar al organismo a recuperarse.

Los estudios demuestran que muchas personas se consideran sanadas cuando han desaparecido los síntomas perceptibles de la enfermedad sin tomarse el tiempo suficiente para convalecer, lo que puede elevar el riesgo de recaídas y nuevas enfermedades. A diferencia de los atletas profesionales, que cuentan con una red de atención profesional, los deportistas aficionados a menudo ignoran las fases de regeneración necesarias, con lo que su cuerpo no se recupera convenientemente y no es capaz de desarrollar todo su potencial. Sin embargo, la recuperación consiste en algo más que en guardar reposo. Durante el esfuerzo físico y después de este, suele aumentar la necesidad de micronutrientes – especialmente de antioxidantes como las vitaminas E y C, los carotenoides y el selenio, de vitaminas B y también de las vitaminas A y D, hierro y magnesio – por lo que puede ser de utilidad tomarlos en forma de suplementos cuando no se obtienen cantidades suficientes a través de la dieta. En los pacientes y los deportistas, la deficiencia crónica de micronutrientes se desarrolla por lo general lentamente, y a menudo basta con un consumo insuficiente, sin que exista una carencia manifiesta, para que las funciones de los músculos, los nervios y el sistema inmune de las células se vean afectadas. La ingesta de ciertos micronutrientes no puede sustituir las fases de regeneración o convalecencia, aunque posiblemente sí las acorte, pero en todo caso sí contribuye a mejorar el efecto de la recuperación.

Antioxidantes

El sistema inmune no sólo se ve obligado a trabajar más ante la presencia de enfermedades relacionadas con los gérmenes (virus, bacterias), sino también durante el esfuerzo físico. Aparte de ser la defensa del organismo, se encarga de regular numerosos procesos de regeneración. Los diversos mensajeros químicos del sistema inmune influyen, entre otras cosas, en los procesos inflamatorios y regenerativos de las células musculares (1). Durante la práctica de deporte aumenta el consumo de oxígeno y la producción de radicales libres (especies reactivas de oxígeno), que, en altas concentraciones, (estrés oxidativo) pueden dañar los componentes celulares (membranas, proteínas y ADN) (2). Los radicales libres también pueden debilitar el sistema inmunitario. Así, por ejemplo, el estrés oxidativo interviene en procesos inflamatorios en los que los linfocitos T colaboradores del sistema de defensa inmunitaria tienen una función crucial (3).

Además de los sistemas de defensa antioxidante del cuerpo, hay ciertos micronutrientes con propiedades antioxidantes que también podrían contribuir a proteger el sistema inmune del daño oxidativo. En particular, la vitamina E, que se complementa con las propiedades regenerativas de la vitamina C y con el selenio. Los antioxidantes ayudan a modular el sistema inmune y tienen una acción antiinflamatoria (4, 5). Efectos similares se observan también con los carotenoides antioxidantes, sobre todo el betacaroteno, el licopeno, la luteína y la zeaxantina (6). Durante los procesos inflamatorios disminuyen los niveles séricos de carotenoides y vitamina A en la sangre, por lo que sería necesario compensarlos con una ingesta adecuada de estos antioxidantes (7).

Los ensayos clínicos iniciales han aportado evidencia de que los suplementos de vitamina C y zinc pueden favorecer la cicatrización (8), sobre todo teniendo en cuenta que, después de producirse una herida, las concentraciones de vitamina C en el plasma y los tejidos disminuyen y es conveniente elevar los niveles de nuevo (9). También los pacientes con problemas de cicatrización podrían beneficiarse con la administración de vitamina C, zinc, selenio y vitamina A (10). Un ensayo controlado aleatorizado ha demostrado que la ingesta de una combinación de antioxidantes con vitamina E, betacaroteno, zinc, selenio y glutamina puede acelerar la cicatrización de heridas en pacientes con traumatismos y problemas de cicatrización y reducir de este modo el tiempo de convalecencia (11).

La administración de micronutrientes podría contrarrestar los riesgos de un debilitamiento (supresión) del sistema inmune por un aumento de la producción de especies reactivas de oxígeno, algo a lo que están expuestos los deportistas (12). En este sentido destacan las vitaminas E y C, esenciales para la diferenciación y el mantenimiento de la función de las células T (13). Se ha demostrado además que estas vitaminas reducen la peroxidación lipídica provocada por el esfuerzo físico y, por lo tanto, ayudan a prevenir daños en el tejido muscular (14, 15). Por otra parte, un consumo insuficiente de selenio, antes incluso de que se manifieste una deficiencia de este oligoelemento, podría dar lugar a una reducción de la función muscular (16). Un ensayo clínico ha aportado pruebas de que la administración de selenio en personas sanas con sobrepeso contribuye a evitar la aparición de lípidos oxidados en la fase de regeneración después de un esfuerzo físico (17).

Vitaminas A y D y minerales

La vitamina A y la vitamina D son dos de los micronutrientes que centran la atención de la investigación por su importancia para el sistema inmune (18). Los derivados de la vitamina A (metabolitos), como el ácido retinoico, pueden influir en la división (proliferación) y la comunicación de las células del sistema inmune como, por ejemplo, los linfocitos T colaboradores. Esta influencia de la vitamina D se debe a dos mecanismos diferentes: por un lado, la vitamina D frena la proliferación de los factores del sistema inmune adaptativo, tales como las células T o las células beta, y, por otro, estimula la división de las células del sistema inmune innato, como los monocitos. Por ejemplo, un estudio clínico de casos y controles reveló que los pacientes que se habían restablecido de una tuberculosis presentaban unos niveles bajos de vitamina D en sangre (19); es decir, posiblemente sus reservas de vitamina D en el cuerpo disminuyeron a consecuencia de esta grave enfermedad infecciosa. Además, la vitamina D ayudó a regenerar los vasos sanguíneos después de la inflamación producida en las paredes de los mismos (20). Un ensayo clínico demostró también que las mujeres mayores que tomaban suplementos de vitamina D pudieron recuperar mejor la fuerza de agarre en la mano después de una fractura de radio que las mujeres que no consumieron suplementos de esta vitamina (21). Para los deportistas, la vitamina D es especialmente importante, ya que parece promover la formación y el mantenimiento del tejido muscular y, por lo tanto, del rendimiento físico (22).

El hierro es un componente de la hemoglobina que se une al oxígeno y lo transporta a todas las células del cuerpo (23). Este oligoelemento también desempeña funciones importantes en el sistema inmunitario, por ejemplo, como catalizador de diversos procesos celulares de reducción-oxidación (24). La deficiencia de hierro hace que llegue menos cantidad de oxígeno a los músculos. En deportistas de resistencia, como los corredores de fondo, esto da lugar a un rápido aumento de la producción de ácido láctico (lactato), fatiga muscular prematura, disminución de la movilidad, pérdida de coordinación y dolor muscular. Otras consecuencias de la deficiencia de hierro son unos tiempos de recuperación más largos tras el esfuerzo físico y lesiones al correr. Asimismo, el déficit de hierro puede dar lugar a fatiga crónica y a un estado permanente de debilidad física. Un ensayo controlado aleatorizado demostró que la administración intravenosa de hierro durante un entrenamiento de seis semanas podía ayudar a prevenir la fatiga y los cambios de humor (25). Las mujeres que practican deporte son el principal grupo de riesgo de padecer una deficiencia de hierro debido a la menstruación, algo que afecta sobre todo a las atletas de resistencia. Un estudio ha mostrado que, independientemente de los niveles de hierro durante el entrenamiento, el cuerpo necesita tras el mismo más de 10 días para regenerarse (26).

El magnesio es un mineral que se pierde a través del sudor durante la práctica de actividades deportivas. Es indispensable para la función de los músculos y los nervios, así como de varias enzimas, especialmente las que intervienen en el metabolismo energético. Además de favorecer la función del sistema nervioso, el magnesio ayuda a relajar los músculos y a realizar la síntesis de proteínas (27). Estudios recientes han hallado evidencias de que la administración de suplementos de magnesio podría mejorar el rendimiento deportivo aumentando la biodisponibilidad de glucosa en la sangre, los músculos y el cerebro durante el esfuerzo físico (28).

En un ensayo controlado aleatorizado se pudo demostrar que los pacientes con desnutrición conseguían regenerarse mejor después de un accidente cerebrovascular tomando un suplemento con varios micronutrientes (29). Por lo tanto, es posible que también los pacientes con síndrome de fatiga crónica puedan mejorar sus síntomas y calidad de vida mediante la ingesta de un preparado de vitaminas y minerales (30).

Vitaminas B

Algunas vitaminas B, concretamente las vitaminas B1B2B3B6 y B12, están implicadas en el metabolismo de las proteínas, las grasas y los carbohidratos y, por consiguiente, son importantes para el suministro de energía (31). Una ingesta insuficiente puede afectar negativamente al rendimiento bajo condiciones tanto aeróbicas como anaeróbicas. Por su parte, la vitamina B12 puede contribuir a la formación de hemoglobina y, con ello, al transporte y suministro de oxígeno a las células. Además, las vitaminas B1, B3, B6 y B12 son esenciales para la función de los nervios e influyen, por tanto, en el control neuronal de las actividades musculares (32, 33). Se ha observado que durante el esfuerzo físico aumenta la demanda de vitamina B1, B2 y B6 (34).

Un ensayo clínico llevado a cabo con pacientes que se habían sometido a una operación de encías demostró que el proceso de cicatrización mejoraba significativamente con la administración de una bebida enriquecida, entre otras, con vitamina B1, B3 y vitamina A (35).

Ácidos grasos omega-3

Durante la actividad física, especialmente en atletas de alto rendimiento, el organismo produce más compuestos de oxígeno agresivos que, junto con las (micro)lesiones derivadas del esfuerzo, pueden provocar reacciones inflamatorias en todos los músculos del cuerpo. Las consecuencias son un periodo más largo de regeneración y, a menudo, también una pérdida del bienestar físico debida, por ejemplo, al dolor muscular. Los ácidos grasos omega-3, como el ácido docosahexanoico (DHA) y el ácido eicosapentanoico (EPA), poseen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que pueden evitar la inflamación y mejorar la respuesta inmunitaria.

Además, el EPA y el DHA se almacenan en las membranas celulares, como los glóbulos rojos o las células de los vasos sanguíneos, favoreciendo así su flexibilidad y elasticidad. Existe evidencia de que la actividad física podría aumentar además los beneficios del EPA y el DHA para la salud del sistema cardiovascular (37).

referencias

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