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Los micronutrientes y la salud cardiovascular

marzo 1, 2011

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La salud cardiovascular se refiere a la salud del corazón, los vasos sanguíneos y los órganos que necesitan un suministro de sangre abundante. Un buen funcionamiento del sistema cardiovascular es fundamental para gozar de una buena salud general, ya que todas las células del cuerpo dependen de ello para su supervivencia. En consecuencia, los trastornos del sistema cardiovascular pueden tener repercusiones de gran alcance.

La principal causa que provoca la enfermedad cardiovascular es la aterosclerosis, una afección generalmente asintomática durante décadas, que lleva al engrosamiento de las paredes de las arterias debido a la acumulación de depósitos adiposos. Con el tiempo, las arterias se endurecen y se estrechan restringiendo el flujo de sangre rica en oxígeno a los órganos y a otras partes del cuerpo. Esto puede desembocar en graves problemas de salud como infartos, accidentes cerebrovasculares o incluso la muerte. Gran parte de la carga económica y sanitaria de las enfermedades cardiovasculares podría prevenirse y controlarse practicando más ejercicio físico, manteniendo un peso saludable y llevando una dieta equilibrada y rica en micronutrientes.



Salud cardiovascular

El sistema cardiovascular se encarga de transportar alimentos, hormonas y oxígeno a las células y de recoger los productos de desecho y el dióxido de carbono. Los componentes del sistema son la sangre (formada por plasma y células), el corazón (una bomba muscular que impulsa la sangre) y los vasos sanguíneos (los "canales" que distribuyen la sangre a los tejidos). Las arterias son vasos gruesos y elásticos preparados para transportar la sangre rica en oxígeno desde el corazón al resto del cuerpo con una presión de bombeo relativamente alta. Controladas por el sistema nervioso, se dilatan y contraen para impulsar la sangre. Las venas devuelven la sangre desoxigenada al corazón y la transportan a los pulmones, donde se carga de oxígeno antes de regresar de nuevo al corazón. Las arterias y las venas discurren de forma paralela por el cuerpo conectadas mediante una compleja red de capilares. Los capilares son vasos sanguíneos de paredes muy delgadas. En ellos se produce el intercambio de gases, nutrientes y desechos entre la sangre y los tejidos circundantes.

Un corazón fuerte y sano es indispensable para gozar de una vida más larga. El corazón late un promedio de 70 veces por minuto y se contrae más de 3 mil millones de veces a lo largo de la vida. Para poder mantener el ritmo, este músculo necesita recibir continuamente sangre y oxígeno en abundancia. Si están sanos, los vasos sanguíneos son elásticos y flexibles y se acomodan a los cambios de flujo sanguíneo en situaciones de actividad física o estrés. Cuanto mejor sea el tono vascular, menos tendrá que trabajar el corazón para bombear la sangre. Teniendo en cuenta que todas las funciones del organismo dependen del buen funcionamiento del corazón y del sistema vascular, las enfermedades cardiovasculares pueden afectar a la salud en general. El término "enfermedad cardiovascular” se refiere generalmente a trastornos que implican un estrechamiento u obstrucción de los vasos sanguíneos y que pueden provocar un infarto (cuando el riego sanguíneo no llega a una parte del corazón), una angina de pecho (dolor torácico que aparece cuando el corazón no recibe suficiente sangre y oxígeno) o accidente cerebrovascular (en el que se interrumpe el flujo sanguíneo al cerebro).

Las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte en todo el mundo, afectando por igual a hombres y mujeres (1) y ocasionando unos costes sanitarios de más de 500 mil millones de dólares (2). El principal mecanismo desencadenante es la aterosclerosis, una afección caracterizada por el engrosamiento de la pared arterial como consecuencia de la acumulación de materias grasas como el colesterol y de un proceso inflamatorio crónico en el revestimiento interno de las arterias (3). Esto hace que se formen múltiples placas y que éstas pierdan elasticidad (endurecimiento) y reduzcan su diámetro (estrechamiento), limitando e incluso bloqueando el riego sanguíneo a los órganos y a los tejidos.

Para cuando se detectan los problemas cardiovasculares, la aterosclerosis suele estar bastante avanzada después de décadas sin haber manifestado síntomas. De ahí que se insista especialmente en su prevención modificando los principales factores de riesgo: una dieta poco saludable, la falta de ejercicio físico y fumar (4). Una dieta nutritiva y equilibrada puede reducir significativamente las probabilidades de desarrollar enfermedades cardiovasculares y ayudar a controlar una enfermedad cardiaca ya existente. Incorporando en la dieta ciertos micronutrientes, podemos mejorar y mantener la salud del corazón.



Promoción de la función cardiaca

Los síntomas más evidentes de un mal funcionamiento del corazón son un dolor intenso en el pecho ( angina de pecho) o un ritmo cardiaco inestable. Una frecuencia cardiaca elevada (latidos por minuto) y la variabilidad del ritmo cardiaco son factores de riesgo independientes para el colapso cardiovascular, especialmente la muerte súbita. Los micronutrientes pueden contribuir a mantener un buen funcionamiento del corazón y a reducir el riesgo de padecer cardiopatías.

Numerosos estudios observacionales y ensayos clínicos de intervención han demostrado que los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3 puede reducir el riesgo de enfermedad coronaria. De acuerdo con un meta-análisis reciente, los ácidos grasos omega-3 ayudan a disminuir la frecuencia cardiaca (5). Los ácidos grasos omega-3 también mejoraron la variabilidad de la frecuencia cardiaca en varios estudios clínicos. Lo más probable es que este efecto se deba a la incorporación de los PUFA (ácidos grasos poliinsatuturados) a las membranas celulares, mejorando así la comunicación entre las células (6).

Otra causa directa de la insuficiencia cardiaca es la incapacidad de las células de las paredes del corazón de suministrar suficiente energía para que éste funcione correctamente. La coenzima Q10 podría aumentar la eficacia con que las células del corazón producen energía. Estudios clínicos han señalado que la CoQ10 mejora los parámetros cardiacos, tales como la cantidad de sangre que el corazón puede bombear, en el fallo cardiaco crónica (7).



Mejora del nivel de lípidos en la sangre

El colesterol, sustancia grasa formada por ácidos grasos, alcoholes de cadena larga y diferentes restos de azúcares, es necesario para la formación de hormonas sexuales, sales biliares y vitamina D, y es asimismo un componente importante de las membranas celulares. Dado que el colesterol y otras grasas no pueden disolverse en la sangre, estos tienen que ser transportados a las células por las llamadas lipoproteínas. La lipoproteína de baja densidad (LDL) es la principal portadora de colesterol en la sangre. Si la cantidad de colesterol LDL y VLDL (proteína de muy baja densidad) que circula en la sangre es muy alta, se puede acumular lentamente en las paredes de las arterias formando una placa y dando lugar a aterosclerosis y a un mayor riesgo de cardiopatías. Entre una tercera y una cuarta parte del colesterol en sangre es transportado por la lipoproteína de alta densidad ( HDL). Se cree que la HDL retira el colesterol de las arterias y lo lleva de vuelta al hígado, donde es excretado del cuerpo. Además, la HDL parece eliminar el exceso de colesterol de las placas protegiendo contra las cardiopatías. Los triglicéridos son el tipo más frecuente de grasa en el cuerpo. Hay además fuertes indicios de que constituyen un factor de riesgo independiente de padecer enfermedades cardiacas. Unas concentraciones elevadas de triglicéridos en la sangre parecen afectar al ensanchamiento normal de las arterias que tiene lugar al realizar un esfuerzo físico. Conseguir un equilibrio entre el colesterol HDL y LDL y reducir los triglicéridos y la VLDL, son medidas importantes para disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Numerosos estudios clínicos demuestran que, dependiendo de la dosis, los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3 reducen los niveles plasmáticos de triglicéridos (8). Se cree que estos ácidos actúan reduciendo la producción de triglicéridos y VLDL en el hígado (9). Asimismo son capaces de aumentar las concentraciones de colesterol HDL y mejorar la relación LDL / HDL (10).

Por otro lado, un nivel alto de homocisteína en sangre se ha relacionado con una mayor probabilidad de desarrollar cardiopatías. Las vitaminas B2, B6 y B12, y especialmente la vitamina B9 (folato), han demostrado disminuir los niveles de homocisteína. Por lo tanto, las personas con una ingesta insuficiente de vitamina B podrían reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular, sobre todo de accidentes cerebrovasculares, aumentando su consumo de vitaminas B (11).


Prevención de la oxidación del colesterol LDL

El colesterol LDL es el principal encargado de transportar grasas y aceites en la sangre. Al oxidarse, el LDL pone en marcha una reacción en cadena que produce compuestos en la sangre que dañan las paredes arteriales e inician el proceso de la aterosclerosis (12). Los estudios confirman que las personas que llevan una dieta rica en antioxidantes presentan una menor incidencia de enfermedades cardiacas (13). Estos niveles altos de antioxidantes en sangre podrían reducir los efectos de la oxidación y prevenir el daño causado por el colesterol LDL oxidado (14).

La vitamina E es un importante antioxidante liposoluble que ha probado reducir la oxidación del colesterol LDL implicado en la acumulación de placa en las arterias (15). Los estudios de población demuestran que la vitamina E podría tener un efecto protector contra la enfermedad coronaria (16, 17). Por otra parte, la vitamina E puede contribuir a reducir la mortalidad cardiovascular en determinados grupos de población de alto riesgo (18, 19). La vitamina C ayuda a regenerar la vitamina E para que siga actuando como antioxidante.

Otro potente antioxidante es el licopeno, un nutriente natural presente en los tomates. Los estudios han indicado que las personas que consumen gran cantidad de tomates y productos derivados ricos en licopeno, presentan una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares. El licopeno disminuye la oxidación del colesterol LDL, y las pruebas preliminares sugieren que puede prevenir las enfermedades cardiovasculares (20).


Promoción de una presión arterial saludable

Una presión arterial alta ( hipertensión) hace que el corazón tenga que trabajar más de lo normal, agrandándose y debilitándose con el tiempo. La tensión sobre los vasos sanguíneos aumenta, y estos pueden resultar dañados. Prevenir una presión arterial alta puede ayudar a evitar daños perjudiciales en las arterias, el corazón y otros órganos como el cerebro.

Estudios clínicos y observacionales sugieren que la vitamina C desempeña un papel importante en la regulación de la presión arterial. Una ingesta alta de vitamina C a partir de los alimentos podría proteger contra la presión arterial elevada y los accidentes cerebrovasculares (21). Los suplementos de vitamina C han demostrado bajar la presión arterial y reducir la rigidez de las paredes arteriales (22-24).

Los estudios de población asocian unas concentraciones bajas de vitamina D con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, especialmente de infarto (25, 26) e hipertensión (27-29). Cada vez existe más evidencia de que un aumento de los niveles séricos de vitamina D puede reducir la incidencia de la hipertensión, ayudando a mantener una presión arterial saludable (30). Unos niveles bajos de vitamina D y unos niveles elevados de calcio parecen estar asociados con diferentes factores de riesgo cardiovascular y, por tanto, podrían influir en el riesgo de enfermedad cardiovascular a través de diversos mecanismos.

La coenzima Q10 participa en la generación de energía en las células y se encuentra en órganos metabólicamente activos como el corazón. Aunque es producida por el cuerpo, sus niveles descienden con la edad y el uso de algunos medicamentos. Se cree que la CoQ10 conserva la disponibilidad de óxido nítrico, un mensajero celular que ayuda a dilatar los vasos sanguíneos. La CoQ10 se ha demostrado eficaz para bajar la presión arterial en varios estudios a largo plazo (31).

Dosis altas de ácidos grasos omega-3 han demostrado reducir la presión arterial sistólica y diastólica en pacientes hipertensos, dependiendo su eficacia del grado de hipertensión. Un meta-análisis ha observado una reducción significativa de la presión arterial en pacientes hipertensos que consumieron gran cantidad de ácidos grasos omega-3 (32).

El potasio y el magnesio también pueden ayudar a mantener una presión arterial saludable (33, 34).



Promoción de unos vasos sanguíneos y sistema circulatorio sanos

Para la que la circulación de la sangre funcione correctamente, ésta debe fluir libremente y sin obstáculos por los vasos sanguíneos. El sistema funciona mal cuando el tono de los vasos no es el adecuado o las células sanguíneas se concentran (agregación plaquetaria) dando lugar a coágulos que pueden alojarse en venas y arterias (35). La mejora del tono vascular se centra en el endotelio, una fina capa de células que recubre la cara interna de los vasos sanguíneos. Las células endoteliales tienen una enorme importancia en la regulación del flujo sanguíneo, la presión arterial y la coagulación. Estas células segregan una serie de sustancias químicas que hacen que los vasos sanguíneos se dilaten y contraigan, ayudando de este modo a regular el flujo sanguíneo y a activar las células implicadas en la coagulación de la sangre. La disfunción endotelial ha sido identificada como un importante factor de riesgo de enfermedad coronaria (36). Se ha sugerido que unos niveles elevados de colesterol LDL oxidado, triglicéridos y homocisteína aumentan las posibilidades de padecer disfunción endotelial.

Algunos estudios han señalado el efecto beneficioso de las vitaminas antioxidantes C y E para mejorar la función endotelial en sujetos sanos (37), grupos de alto riesgo (38, 39) y pacientes cardiovasculares (40). Por otra parte, los ensayos han indicado que las vitaminas podrían prevenir un deterioro de la función causado por unos niveles altos de homocisteína en sangre (41). Esta capacidad de mantener un tono normal mediante la reducción de estrés oxidativo vascular, podría explicar en parte los beneficios de las vitaminas en la prevención de las enfermedades cardiovasculares.

Cada vez hay más evidencia de que una ingesta mayor de vitamina K puede reducir la acumulación de calcio en las arterias y el consiguiente endurecimiento de los vasos sanguíneos. Según un estudio, los suplementos de vitamina K1 pueden reducir el endurecimiento de las arterias en personas que sufren este problema (42).

Otro estudio reciente ha demostrado que la función endotelial vascular parece estar relacionada con el nivel de vitamina D, asociándose unos niveles bajos de esta vitamina con la inflamación del endotelio (43).

Los ácidos grasos omega-3 que llegan a través de los alimentos son incorporados a las membranas celulares, colocándose en el lugar adecuado para reducir la agregación plaquetaria (44). Una vez allí transforman la producción de tromboxano, un lípido responsable de la coagulación de la sangre, en una forma menos potente (9).

Bibliografía

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