Tema del mes

Los micronutrientes y la salud ocular

marzo 1, 2014

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Una buena visión depende del funcionamiento de las miles de células que forman el ojo. Para favorecer y mantener su función, estas células dependen a su vez de un suministro adecuado de micronutrientes. Así, por ejemplo, muchas vitaminas son necesarias como cofactores de las enzimas que intervienen en el proceso de la visión. Las vitaminas desempeñan un papel importante para el nervio óptico, que transmite las señales desde el ojo hasta el cerebro, para las células de los músculos, que permiten una visión nítida, y para los vasos sanguíneos, que se encargan de suministrar sangre y nutrientes a los ojos. Los carotenoides que se acumulan en el centro de la retina, la llamada mácula o mancha amarilla, actúan como unas gafas de sol naturales filtrando la luz de onda corta y protegiendo esta delicada zona del ojo de los daños provocados por los rayos UV. También los ácidos grasos omega-3 protegen la retina y son indispensables para el buen funcionamiento de los fotorreceptores del ojo.

Las personas de edad avanzada a menudo se ven afectadas por la pérdida de su capacidad visual. Las enfermedades oculares degenerativas relacionadas con la edad son la causa principal de deficiencias de la visión en los países industrializados. En el caso de la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), las células fotorrecep- toras de la parte central de la retina, encargadas de la percepción de imágenes nítidas y de los colores, se deterioran produciendo una pérdida progresiva de la agudeza visual en el centro del campo de visión. Las cataratas se producen por una opacidad del cristalino que impide el paso de la luz al interior del ojo y hace que esta se disperse. Esto provoca una visión borrosa, con pérdida de contraste y de color, y los afectados sufren de una mayor sensibilidad al deslumbramiento. Una alimentación sana y equilibrada a base de frutas y verduras de hoja verde ricas en antioxidantes puede ayudar a prevenir las enfermedades oculares hasta una edad avanzada o a frenar su progresión. Los micronutrientes en la prevención de, Cataratas, degeneración macular asociada a la edad y otras enfermedades oculares.

Cataratas

Por catarata se entiende una opacidad del cristalino del ojo relacionada con la edad que conlleva una pérdida lenta e indolora de la visión. Existen diferentes tipos de cataratas que se clasifican según la zona en la que esté ubicada la opacidad del cristalino: la catarata nuclear de progresión lenta en la parte central, la catarata cortical en la periferia y la catarata subcapsular en la parte posterior que, en comparación con las anteri- ores, se desarrolla rápidamente. Cuando la catarata está en un estado avanzado, se puede observar una coloración grisácea detrás de la pupila. Las personas afectadas tienen una visión cada vez más borrosa y son sensibles al deslumbramiento (sobre todo por la noche), ya que la opacidad da lugar a una refracción de la luz. Asimismo disminuye la percepción de los contrastes, dando la sensación de estar viendo a través de la niebla. Los primeros síntomas apenas son perceptibles y tardan en manifestarse, por lo que la presencia de esta afección ocular se suele descubrir relativamente tarde. Si no se tratan, las cataratas pueden causar ceguera, aunque se puede mejorar con éxito la visión mediante una intervención quirúrgica en la que el cristalino afectado se sustituye por una lente artificial.

La formación de cataratas no se debe únicamente al envejecimiento, sino que es el resultado de múltiples causas que incluyen la exposición prolongada a la radiación ultravioleta, el hábito de fumar, varias enfer- medades sistémicas (como la diabetes mellitus y la arterosclerosis) y un aporte insuficiente de nutrientes antioxidantes. Todos estos factores favorecen los procesos oxidativos en los que las especies reactivas de oxígeno ( radicales libres) pueden dañar o incluso destruir las células y los tejidos (1). Varios estudios han confirmado que la ingesta de determinados micronutrientes antioxidantes que actúan como antagonistas de los radicales libres puede influir favorablemente en la formación y el posterior desarrollo de las cataratas (2, 3). Este es el caso especialmente de las vitaminas C y E, el betacaroteno y otros carotenoides (luteína y zeaxantina), así como de oligoelementos como el selenio y el zinc (4, 5). Como antioxidante hidrosoluble en el humor acuoso del cristalino, la vitamina C puede tener un efecto preventivo y frenar el desarrollo de las cataratas. Estudios epidemiológicos y clínicos han constatado una asociación entre una carencia de vitamina C o unos niveles plasmáticos bajos y la aparición de esta afección (6, 7). En ensayos de laboratorio y mo- delos animales, la vitamina C ha demostrado ser particularmente eficaz en la prevención de los daños oxidativos causados por la luz ultravioleta (8).

La vitamina E liposoluble actúa sinérgicamente con la vitamina C previniendo la formación y la progresión de las cataratas en las paredes celulares del tejido ocular, que son ricas en lípidos. Cuando hay una concen- tración muy alta de especies reactivas de oxígeno, la vitamina E se oxida completamente, pero puede ser regenerada por la vitamina C. La vitamina E se halla en grandes concentraciones especialmente en la retina del ojo. Un estudio clínico a gran escala mostró que el aumento del consumo dietético de vitamina E y C redujo significativamente la incidencia y la cirugía de cataratas (9). Los estudios nutricionales y de interven- ción han aportado evidencia de que la administración de suplementos dietéticos de vitamina E podría frenar la progresión de las cataratas (10, 11). El betacaroteno, la luteína y la zeaxantina, como antioxidantes liposolubles, también ayudan a fortalecer el sistema de defensa antioxidante del organismo para combatir el estrés oxidativo (12) y, según varios estudios, contrarrestan la formación de cataratas mediante la absorción de la luz ultravioleta (11, 4). Este efecto preventivo también se ha demostrado en ensayos aleatorizados controlados con betacaroteno (13, 14). Asimismo, el selenio y el zinc pueden contribuir a prevenir la aparición de cataratas gracias a sus propiedades antioxidantes (4, 5). Aparte de eso, potencian el efecto de las vitaminas: el selenio aumenta la eficacia de la vitamina E, y el zinc mejora la biodisponibilidad de la vitamina A. Los estudios también han puesto de manifiesto los efectos preventivos del consumo de vitamina A y varias vitaminas B (B1, B2, B9), así como de preparados multivitamínicos (15, 16). Todos los estudios disponibles hasta el momento sobre la acción preventiva de los micronutrientes contra las cataratas sugieren que estos podrían tener un mayor efecto combinados (17).

Degeneración macular asociada a la edad

La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es la principal causa de deterioro de la visión entre personas mayores de 60 años en los países occidentales. La DMAE es una enfermedad ocasionada por daños en la mácula, la zona central de la retina responsable de la agudeza visual. Existen dos formas de degene- ración macular: en la forma seca, para la que no se conoce ningún tratamiento eficaz, la vista suele per- manecer estable durante mucho tiempo y se deteriora por lo general lentamente. La forma húmeda sí puede ser tratada y se produce por una hinchazón repentina de la mácula debida a la formación de vasos san- guíneos anormales. Esto puede provocar una rápida pérdida de la agudeza visual, la percepción de los contrastes y la visión de los colores, así como una mayor sensibilidad a los deslumbramientos. Ya que laDMAE afecta únicamente al centro de la retina y no a las áreas exteriores, cuando la enfermedad está en un estado avanzado lo único que empeora es la visión central, pero sigue siendo posible distinguir los contornos. La mácula posee la mayor concentración de fotorreceptores y una alta densidad de los caro- tenoides luteína, zeaxantina y mesozeaxantina (18). Estos constituyen los pigmentos maculares, que actúan como una gafas de sol naturales que protegen el ojo de la radiación ultravioleta filtrando la luz de onda corta y gracias a sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes. No obstante, la acción de los rayos UV hace que los pigmentos maculares se vayan degradando progresivamente durante el envejecimiento biológico y que se debilite su función protectora (19). Por otra parte, con la edad pueden aparecer depósitos de color blanco o amarillo debajo de la retina, conocidos como drusas, que pueden ocasionar alteraciones en la capa de pigmento. El tabaco es uno de los principales factores de riesgo de padecer DMAE, además de la pre- disposición genética, la hipertensión arterial y unos niveles altos de homocisteína en sangre.

El consumo de cantidades suficientes de determinados micronutrientes puede desempeñar un papel impor- tante en la prevención y el tratamiento de la DMAE seca. Una estrategia eficaz podría ser proporcionar a la mácula la luteína y la zeaxantina degradadas a través de la alimentación o de suplementos dietéticos. Al mismo tiempo, se pueden suministrar a la retina nutrientes protectores específicos, como los ácidos grados omega-3 ácido eicosapentanoico (EPA) y ácido docosahexanoico (DHA), que abundan en la retina de forma natural. Un estudio aleatorizado controlado (LUTEGA) demostró que la suplementación con luteína, zeaxan- tina y ácidos grasos omega-3 en pacientes con DMAE seca es capaz de aumentar significativamente las concentraciones de pigmentos maculares además de detener, o al menos retrasar, la progresión de DMAE seca y mejorar la capacidad visual de forma medible (20, 21). Esto respalda los resultados de un ensayo clínico a gran escala (Age-Related Eye Disease Study, AREDS2) en el que se demostró que un preparado con luteína y zeaxantina solo, o con EPA y DHA, puede reducir la incidencia de DMAE (22). De un segundo análisis de este estudio se desprende que el consumo de luteína y zeaxantina en combinación con los micro- nutrientes antioxidantes utilizados en el estudio precursor (AREDS) podía reducir en un 10 % el riesgo de desarrollar DMAE avanzada (23). En el primer estudio clínico de esta índole (AREDS) mostró que la ingesta diaria de un preparado con micronutrientes antioxidantes (500 mg de vitamina C, 400 UI de vitamina E,
15 mg de betacaroteno, 80 mg de zinc y 2 mg de cobre para evitar una posible deficiencia de cobre debida al alto contenido en zinc) consiguió reducir en un 25 % el riesgo de desarrollar DMAE después de cinco años (24, 25).

Por consiguiente, el consumo de cantidades adecuadas de vitaminas antioxidantes y oligoelementos podría proteger los pigmentos maculares del daño oxidativo y evitar así su degradación. Además, los estudios LUTEGA y AREDS2 han señalado una acción antiinflamatoria de los EPA y DHA en la mácula y en los alrede- dores de la misma. Esto podría, entre otras cosas, ralentizar la progresión de una DMAE ya existente, algo que ya se había observado en el primer estudio AREDS (26, 27). La retina también tiene unas elevadas concentraciones de licopeno antioxidante. Los posibles efectos positivos de un aumento de la ingesta de licopeno en la DMAE aún se están investigando (28).

Otras enfermedades oculares

El consumo adecuado de vitamina A (retinol) es imprescindible para la vista: la vitamina A es necesaria en los fotorreceptores de la retina (bastones) para la formación de un pigmento visual (rodopsina) por medio del cual se activa la transmisión de señales al nervio óptico. En el caso de la ceguera nocturna (hemera- lopía), la capacidad visual disminuye considerablemente durante el crepúsculo y por la noche. La causa de esta falta de adaptación a la oscuridad, que puede ocasionar graves problemas, por ejemplo, al conducir, es una pérdida de la función de los fotorreceptores de la retina (bastones) responsables de la visión crepus- cular. Aparte de la forma hereditaria, la ceguera nocturna puede estar causada por un déficit de vitamina A (29). Dado que las posibilidades de tratamiento son limitadas, es importante prevenir una carencia de vitamina A (retinol) con un aporte suficiente también durante el embarazo y el periodo de lactancia. La deficiencia grave de vitamina A puede provocar sequedad en la parte exterior del ojo (xeroftalmia) y con- ducir, finalmente, a la ceguera (30). La xeroftalmia es la principal causa de ceguera entre los niños de los países desarrollados. En los países de economía emergente y en vías de desarrollo se está intentando prevenir las deficiencias mediante la administración de suplementos con vitamina A.

referencias

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