Tema del mes

Micronutrientes antioxidantes

octubre 29, 2010

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Entre los componentes de los productos alimentarios que contribuyen a una buena salud son esenciales los micronutrientes, como vitaminas, carotenoides y minerales. Un factor clave para el manteniniento de la misma es la capacidad “ antioxidante” de varios micronutrientes. Se cree que estos antioxidantes reducen los riesgos de enfermedades crónicas, como cáncer y enfermedades cardiovasculares, por su capacidad para complementar los sistemas de defensa celular (p. ej., enzimas antioxidantes), eliminando las “especies reactivas del oxígeno” (ERO) y las “especies reactivas del nitrógeno” (ERN). ERO y ERN son “ radicales libres ” altamente reactivos que se producen durante el proceso normal de generación de energía del cuerpo. Estos radicales libres (o “prooxidantes”) provocan reacciones en cadena que dan lugar a una rápida oxidación de las moléculas celulares. Una mayor exposición a los radicales libres, conocida como “ estrés oxidativo o nitrosativo”, puede provocar daños en el ADN, lípidos y proteínas, e incrementar potencialmente el riesgo de enfermedades cardiovasculares y de cáncer.

Los efectos de los micronutrientes antioxidantes en vivo están sujetos a controversia. La mayoría de los estudios epidemiológicos ha demostrado los efectos beneficiosos de una alimentación adecuada y el consumo de suplementación antioxidante en la reducción de los riesgos de enfermedades en personas no enfermas. Por otra parte, los resultados de muchos ensayos aleatorios controlados con suplementos antioxidantes han demostrado efectos nulos o ambiguos en retrasar la progresión de enfermedades crónicas establecidas. Algunos meta-análisis incluso vincularon el consumo de complementos antioxidantes a ciertos riesgos para la salud. Las discusiones sobre los antioxidantes son un ejemplo de la complejidad de la investigación de los micronutrientes. Es importante diferenciar claramente, por un lado, los beneficios probados para la salud en la prevención de enfermedades primarias de los antioxidantes en la alimentación y en suplementos o alimentos enriquecidos y, por otro lado, las limitaciones de esos antioxidantes en su influencia sobre enfermedades multifactoriales existentes o en estado incipiente. Además, deben cuestionarse los resultados de los ensayos aleatorios controlados, diseñados para probar fármacos (no nutrientes), y las conclusiones de los meta-análisis, propensos a los errores y prejuicios.

Antioxidantes alimentarios 

Las fuentes principales de los antioxidantes en la dieta humana son variadas e incluyen cereales, frutas, verduras, chocolate, aceite y bebidas como el té, café, vino y zumos de fruta. Los perfiles antioxidantes de las plantas varían en función de la especie y están además determinados por el cultivo, envase, transporte, almacenaje, así como el tratamiento individual y comercial. Los antioxidantes alimentarios incluyen los micronutrientes vitamina Cvitamina E, carotenoides como el betacarotenolicopenoluteína, así como el selenio y el zinc. Estos han sido bien estudiados en vivo, poseen fuertes actividades antioxidantes y se absorben bien. Además, los polifenoles –una familia de moléculas (flavonoides y ácidos fenólicos) ubicua en las plantas– han generado mucho interés en su investigación debido a su estructura compleja y a su potente actividad antioxidante in vitro medida en ensayos especiales como “ORAC” (Oxygen Radical Absórbanse Capacity). Este ensayo muestra la actividad antioxidante de un componente (alimentario) frente a una mezcla compleja (indeterminada) de varias especies reactivas, produciendo unos resultados que solo pueden ser traducidos con limitaciones en efectos en vivo (1).

Hay evidencias convincentes de que una dieta rica en frutas y verduras que incluya nutrientes antioxidantes puede ayudar a mantener un estilo de vida saludable. Las recomendaciones habituales incluyen que cada persona debería consumir al menos cinco porciones de frutas y verduras variadas diariamente para reducir el riesgo de enfermedades crónicas. Sin embargo, varias encuestas nacionales han mostrado que la ración de frutas y verduras consumidas al día es menor de tres (2,3), con un consumo incluso menor en niños (4). En consecuencia, como estrategia preventiva se ha sugerido el consumo de complementos alimentarios y alimentos enriquecidos como fuentes de antioxidantes.



Mantener el equilibrio adecuado 

Para prevenir muchas enfermedades crónicas y promover el envejecimiento sano, son esenciales la evaluación y control del estrés oxidativo. Teóricamente, hay un equilibrio entre la generación de radicales libres y la producción o consumo de antioxidantes que el cuerpo utiliza para desactivar y protegerse a sí mismo contra la toxicidad de los radicales libres (5). El incremento de radicales libres se produce como resultado de una infección viral o por hongos, inflamación, envejecimiento, radiación UV, polución, consumo excesivo de alcohol, consumo de tabaco, así como un ejercicio físico intenso. Los antioxidantes nutricionales sustentan el equilibrio oxidante / antioxidante del cuerpo. En general, el amplio campo de antioxidantes procedentes de las frutas y verduras constituye una base sólida. En situaciones de alto estrés oxidativo o si no se proporciona el suministro adecuado a través de la alimentación, la suplementación dietética con antioxidantes puede ayudar a sostener el sistema de defensas. Como numerosos micronutrientes antioxidantes trabajan conjuntamente en red de forma sinérgica (p. ej., se necesita vitamina C para la regeneración de vitamina E), es más aconsejable consumir una combinación de antioxidantes complementarios en dosis moderadas en lugar de tomar una dosis alta de un nutriente antioxidante específico.

Los efectos beneficiosos de los micronutrientes antioxidantes dependen del lugar al que deban dirigirse en el cuerpo, lo que está relacionado con sus características de solubilidad. Mientras que la vitamina C es soluble en agua (“hidrofílica”) y se encuentra por tanto en las fracciones acuosas de las células y en los fluidos corporales, la vitamina E (tocoferoles), los carotenoides y la CoQ10 se disuelven en grasas (“lipofílicos”) y se encuentran en membranas y lipoproteínas. En consecuencia, los antioxidantes lipofílicos protegen potencialmente los tejidos y partes celulares ricos en grasa, como la piel y las membranas lípidas (6), mientras que los antioxidantes hidrofílicos pueden proteger tejidos (p. ej., músculos y órganos internos) y partes celulares acuosos (7). Algunos micronutrientes antioxidantes muestran su eficacia en tejidos especiales (p. ej., la luteína y la zeaxantina en el ojo) (8).

Sin embargo, el hecho de que los micronutrientes antioxidantes puedan contribuir a mantener una buena salud y retrasar el inicio de enfermedades no implica que cuanto más se consuma, mejor resulte para la salud. Se ha sugerido que un consumo excesivo podría disminuir la regulación de antioxidantes importantes del propio cuerpo, reducir parte del sistema inmunológico y la respuesta celular normal de protección del tejido dañado (9). Además, una hipótesis sugiere que, en algunos casos, las especies reactivas del oxígeno (ERO) pueden desempeñar un papel de protección, p. ej., reduciendo la inflamación, lo que podría ser contrarrestado con la administración de un antioxidante (10). Además, estudios in vitro han debatido que los antioxidantes también puedan producir propiedades prooxidantes nocivas en condiciones específicas poco probables de darse en vivo. (11). Algunos científicos han considerado incluso que los niveles excesivos de algunos antioxidantes puedan contribuir al desarrollo de la enfermedad al provocar “estrés reductivo”, el homólogo del estrés oxidativo (12). Actualmente faltan datos sólidos para los efectos en vivo.

En caso de duda, se aconseja el consumo de micronutrientes antioxidantes en las dosis recomendadas.



Análisis de los beneficios para la salud 

Varios estudios observacionales sugieren que las dietas ricas en nutrientes antioxidantes (en especial las vitaminas C y E y betacaroteno) o en suplementos con uno o más de estos nutrientes se asocian con la reducción de riesgo de enfermedades crónicas relacionadas con el envejecimiento, incluyendo algunos tipos de cáncer, enfermadades cardiovasculares, oculares y neurodegenerativas (13-18). Estos resultados, relativamente consistentes, propiciaron la realización de varios ensayos aleatorizados controlados a gran escala (19-24). En general, la mayoría de resultados se presentaron como ambiguos o nulos.

Respecto a la eficacia de los suplementos de antioxidantes en los ensayos aleatorizados controlados, sus beneficios para la salud son estadísticamente significativos sobre todo en la población caracterizada, de forma general, por el riesgo de padecer deficiencias de micronutrientes, incluyendo los miconutrientes que favorecen el sistema de defensa antioxidante (25). Esta relación sugiere que los suplementos dietéticos podrían ser más eficaces en la prevención o el tratamiento de enfermedades crónicas en aquellas personas que hagan un consumo inadecuado, aunque no manifiesten síntomas de deficiencia.

Los expertos sugieren que las razones por las que se dan hallazgos contradictorios están ligadas al diseño de los ensayos aleatorizados controlados (25-28). La mayoría de los ensayos realizados hasta ahora:

  • Ha estudiado el efecto de los suplementos de antioxidantes en la prevención secundaria de enfermedades. Sin embargo, la mayoría de estudios observacionales ha investigado la prevención primaria. Por lo tanto, mientras que las cantidades adecuadas de antioxidantes alimenticios o suplementos de antioxidantes consumidas en un periodo largo de tiempo por sujetos sanos puede, en efecto, prevenir o retrasar el desarrollo de enfermedades crónicas, tratar a pacientes diagnosticados de estas enfermedades con antioxidantes de suplementos no tiene por qué derivar en beneficios significativos.
  • Ha evaluado los efectos del tratamiento antioxidante junto a la terapia estándar multi-fármacos, la cual puede anular los potenciales efectos beneficiosos de los antioxidantes estudiados.
  • No ha determinado los niveles de antioxidantes, tales como los del plasma de las vitaminas C y E, o los niveles de estrés oxidativo al principio del estudio ni en la siguiente suplementación. Sin esos datos, es imposible saber si la suplementación tuvo el efecto deseado de aumentar los antioxidantes y/o disminuir los niveles de estrés oxidativo en los sujetos estudiados.
  • Ha analizado la eficacia de los suplementos solamente con uno o dos nutrientes antioxidantes en enfermedades multifactoriales. Por lo tanto, puede que los ensayos no se hayan beneficiado del todo de las interrelaciones dinámicas entre estos nutrientes y otros componentes (p. ej., micronutrientes adicionales) del sistema de defensa antioxidante.


En general, los ensayos aleatorizados controlados están limitados a la hora de probar la eficacia y la seguridad de los nutrientes, ya que fueron creados para probar fármacos. Mientras que las intervenciones con fármacos están diseñadas para curar una enfermedad que no se produce por la ausencia de éstos, los nutrientes evitan disfunciones que podrían resultar de su consumo inadecuado (29). Además, los fármacos están hechos generalmente para tener efectos concretos, duraderos y con un objetivo de acción específico. Aparte de eso, los efectos de los fármacos se pueden probar contrastándose con un grupo no-expuesto (placebo), mientras que es imposible o poco ético hacerlo con un grupo de consumo cero de nutrientes (30). Sin embargo, los ensayos aleatorizados controlados se consideran la prueba de referencia para evaluar intervenciones dietéticas y por lo tanto cuentan con la atención de la mayoría de los meta-análisis sobre este tema.

La eficacia del consumo de micronutrientes antioxidantes dentro de unos hábitos de vida saludables depende del estado inicial del sistema de defensa antioxidante y del nivel de estrés oxidativo de cada sujeto. Además, la(s) dosis de micronutriente(s) y el umbral de concentración para la acción de cada nutriente son también relevantes. El umbral de consumo adecuado de cualquier nutriente así como sus niveles en sangre y tejido dependen de las necesidades específicas del sujeto al que afectan parámetros como la edad, el sexo, el estado de salud, el estilo de vida y factores genéticos (ver también “Insuficiencia de micronutrientes: también una cuestión de genes”). Reducir el riesgo de enfermedad y retrasar su progreso mediante un consumo adecuado de antioxidantes es una cuestión que ha de tratarse a largo plazo.



Evaluación de los riesgos para la salud 


Además de utilizar los ensayos aleatorizados controlados para determinar los potenciales beneficios para la salud de los suplementos de antioxidantes, los meta-análisis se utilizan para comprobar que son seguros. Las principales metas de los meta-análisis son aumentar el número de observaciones y la importancia estadística de los resultados de los estudios. Los meta-análisis se han mostrado parciales y altamente variables, con deficiencias en la evaluación metodológica. En consecuencia, las opiniones a las que se llegó en los mismos estudios a menudo son bastante divergentes (31). Ya que los investigadores difieren sobre los criterios de inclusión o exclusion de estudios, sobre su validez para la publicación, su comparabilidad y calidad científica, sus resultados deben interpretarse con cautela.

El riesgo de muerte y las tasas de mortalidad se han usado como indicador general de la seguridad en muchos meta-análisis de ensayos aleatorizados controlados con suplementos de antioxidantes (p. ej., 32,33). Los cálculos estadísticos son bastante críticos en cuanto a la validez de tales meta-análisis dada la variabilidad de los estudios incluidos. Incluir ensayos aleatorizados controlados a pequeña escala con pocas muertes, atribuir muertes que se dan solo unos meses después del tratamiento antioxidante, así como combinar diferentes nutrientes de diferentes maneras dentro de un amplio rango de dosis en grupos de población muy variados con estados de salud cambiantes implica un alto riesgo de parcialidad. Los meta-análisis de tasas de mortalidad que no determinan la causa de la muerte y por lo tanto no desechan aquellas que no tienen relación biológica real con la toxicidad de un hipotético antioxidante (o prooxidante), tales como las muertes accidentales u homicidios, tienen una validez limitada (25). El riesgo de mortalidad en cualquier ensayo aleatorizado controlado de nutrientes depende básicamente de la naturaleza de la población estudiada, incluyendo parámetros tales como la edad avanzada, el padecimiento de alguna enfermedad grave, los posibles efectos secundarios de tratamientos con fármacos, etc.

En consecuencia, los expertos recomiendan que, en lugar de centrarse exclusivamente en el riesgo de los efectos tóxicos (riesgo de muerte) de los micronutrientes, es necesaria una perspectiva equilibrada que tenga también en cuenta los resultados, en general positivos, de los estudios (25).

Bibliografía

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