opinión experta

Nutrición a lo largo de la vida: el ácido fólico

enero 15, 2013

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Pr. Helene McNulty, Northern Ireland Centre for Food & Health, Universidad de Ulster, Irlanda del Norte

“El ácido fólico interviene en la transferencia y utilización de unidades de carbono importantes en el metabolismo de los aminoácidos y en las rutas biosintéticas que conducen al ADN, el ARN, las membranas lipídicas y los neurotransmisores. Los efectos clínicos de la deficiencia de ácido fólico son el resultado de una alteración de la síntesis de ADN. Las causas de esta deficiencia son el aumento de las de-mandas fisiológicas (por ejemplo, estados patológicos y fármacos) y el descenso de la disponibilidad (reducción de la ingesta dietética y problemas de absorción del ácido fólico). Las investigaciones han mostrado que unas concentraciones óptimas de ácido fólico en la sangre pueden contribuir a mantener la salud a lo largo de toda la vida. Si bien los resultados para la salud materna durante el embarazo (prevención de la anemia megaloblástica y la preclampsia) y el desarrollo del feto (prevención de defectos del tubo neural) son concluyentes, existen evidencias de los efectos positivos del ácido fólico en la salud cognitiva durante la infancia, hallazgos convincentes que sugieren efectos preventivos en enfermedades del corazón y resultados prometedores en la prevención del cáncer. Asimismo, se ha insinuado que el ácido fólico puede influir en la salud ósea y la función cognitiva durante el envejecimiento.

El ácido fólico, junto con las vitaminas del grupo B metabólicamente relacionadas, es necesario para el me-tabolismo de la homocisteína. Cuado los niveles de ácido fólico son bajos o deficientes, la concentración plasmática de homocisteína es invariablemente elevada, por lo que constituye un práctico biomarcador funcional para medir el nivel de ácido fólico. Se ha sugerido que unas concentraciones elevadas de homo-cisteína en sangre pueden ser un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares (ECV) de magnitud similar al colesterol alto. Aparte de tener un efecto probado en la prevención de defectos del tubo neural ( DTN), la evidencia más sólida para confirmar los beneficios que tiene para la salud el aumento de los niveles de ácido fólico (y/o la reducción de la homocisteína) es principalmente la prevención del ictus (1,2).

Las pruebas que respaldan una relación causal entre unos niveles subóptimos de ácido fólico y las ECV también provienen de estudios genéticos. El determinante genético más importante de la homocisteína en la población general es la variante común 677C->T en el gen que codifica la metilentetrahidrofolato reductasa, que es la enzima responsable de la metabolización del ácido fólico. Las personas homocigotas para este poliformismo (genotipo TT) (alrededor del 10% de la población mundial) por lo general tienen mayores con-centraciones plasmáticas de homocisteína y un riesgo entre un 14 y un 21% más alto de padecer enferme-dades cardiovasculares (3). La riboflavina (vitamina B2) es otra vitamina del grupo B necesaria como cofactor de la MTHFR. Nuevas evidencias demuestran que la intervención con suplementos de riboflavina da lugar a un marcado descenso de la presión arterial, particularmente en individuos con el genotipo TT (4,5), un efecto que parece ser independiente de la función reductora de la riboflavina sobre la homocisteína y que solamente se ha observado en personas con este genotipo.

Los resultados de estudios epidemiológicos y en animales han arrojado evidencia sólida y consistente sobre la relación entre un nivel bajo de ácido fólico y un mayor riesgo de cáncer, especialmente de cáncer color-rectal. Como posible mecanismo de esta relación se ha sugerido que un nivel bajo de ácido fólico produce una disminución de la disponibilidad de S-adenosilmetionina (SAM) para la metilación del ADN y/o una síntesis y reparación anormales del ADN. Sin embargo, algunos investigadores han manifestado su preocu-pación por los posibles efectos promotores del cáncer derivados de la exposición a largo plazo a altas dosis de ácido fólico (6,7).

Existen tres vías para alcanzar el nivel óptimo de ácido fólico: los alimentos naturales, los alimentos enrique-cidos y los suplementos. Mientras que los folatos procedentes de los alimentos naturales muestran una biodisponibilidad incompleta y escasa estabilidad, el ácido fólico (la forma sintética del folato) es capaz de ofrecer una forma de vitamina muy estable y altamente biodisponible. Pruebas recientes indican que la dosis de suplementos de ácido fólico requerida para alcanzar los posibles efectos beneficiosos (derivados de la disminución de las concentraciones de homocisteína) es mucho menor de lo estimado previamente debido a que las intervenciones eran demasiado cortas (8).”

Basado en: McNulty H. Nutrition throughout life: folic acid. Symposium “100 years of vitamins – Past, present, future: Micronutrients – Macro impact”. November 2012. Basel, Switzerland.

referencias

  1. Wang X. et al. Efficacy of folic acid supplementation in stroke prevention: a meta-analysis. Lancet. 2007; 369(9576):1876-1882.
  2. Yang Q. et al. Improvement in stroke mortality in Canada and the United States, 1990 to 2002. Circulation. 2006; 113(10):1335-1343.
  3. Klerk M. et al. MTHFR 677C->T polymorphism and risk of coronary heart disease: a meta-analysis. JAMA. 2002; 288(16):2023-2031.
  4. Horigan G. et al. Riboflavin lowers blood pressure in cardiovascular disease patients homozygous for the 677C->T polymorphism in MTHFR. J Hypertension. 2010; 28(3):478-486.
  5. Wilson C. P. et al. Riboflavin offers a targeted strategy for managing hypertension in patients with the MTHFR 677TT genotype: a 4-y follow-up. AJCN. 2012; 95(3):766–772.
  6. Cole B. F. et al. Folic acid for the prevention of colorectal adenomas: a randomized clinical trial. JAMA. 2007; 297(21):2351-2359.
  7. Figueiredo J. C. et al. Folic acid and risk of prostate cancer: results from a randomized clinical trial. 2009; 101(6):432-435.
  8. Tighe P. et al. A dose-finding trial of the effect of long-term folic acid intervention: implications for food fortification policy. American Journal of Clinical Nutrition. 2011; 93(1):11-18.