Tema del mes

Programación nutricional

octubre 1, 2011

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El desarrollo embrionario y fetal así como los primeros meses de vida de un recién nacido constituyen un periodo de plasticidad fisiológica durante el cual los factores ambientales pueden desencadenar efectos a largo plazo. Se ha demostrado que tanto la desnutrición como la sobrealimentación durante este periodo pueden modificar el riesgo de enfermedad en la edad adulta. Estos efectos varían dependiendo del tipo, del momento y de la duración de la nutrición inadecuada.

Por otro lado, ha quedado ampliamente demostrado que una nutrición materna óptima, incluyendo el consumo de micronutrientes, es esencial para el desarrollo óptimo en el útero. Además, existe un interés considerable en demostrar de qué manera interactúa la nutrición durante el embarazo y tras el parto para determinar la salud fetal y del recién nacido en el periodo posnatal. Es muy probable que la clave para optimizar en el futuro los resultados en el ámbito de la salud pase por comprender la interacción entre el desequilibrio de nutrientes y las alteraciones de la expresión génica.



En el embarazo

Cada vez hay más pruebas de que la exposición del feto a una deficiencia de macro y micronutrientes está relacionada con un mayor riesgo de enfermedad metabólica y cardiovascular en la edad adulta. Este proceso se denomina “programación fetal”. Se han recogido datos sobre los efectos de la nutrición en diferentes fases del embarazo humano procedentes de varios estudios epidemiológicos anteriores . En un estudio, los hijos ya adultos de los supervivientes de la hambruna holandesa de 1945 mostraron un mayor riesgo de trastorno de la tolerancia a la glucosa ( diabetes tipo 2) si su exposición a la nutrición insuficiente en el útero se había dado en la gestación tardía, y un riesgo mayor de cardiopatía coronaria y dislipidemia si dicha exposición se había dado en la gestación temprana (1, 2). Por otro lado, un estudio retrospectivo realizado en Gambia ha relacionado la exposición del feto a la “temporada del hambre estacional” con un mayor índice de muertes por causas infecciosas en la edad adulta temprana, aumentando la posibilidad de que la desnutrición materna durante el embarazo afecte a la función inmune del hijo (3), aunque otros estudios no han conseguido confirmar estos hallazgos (4).


Folato Existen varios estudios sobre la relación entre la deficiencia de folato en el embarazo y un aumento del riesgo de parto prematuro, de bajo peso al nacer y defectos del tubo neural (5). En un subgrupo de la población, esto podría estar causado por la interacción de un bajo nivel de folato con los rasgos genéticos, tales como las variaciones (polimorfismos) en el gen de la metilentetrahidrofolato reductasa, que da lugar a mayores niveles de homocisteína en sangre cuando el consumo de folato es bajo (6). Las altas concentraciones de homocisteína en el embarazo se relacionan con complicaciones en el embarazo y con trastornos hipertensivos, que pueden afectar al crecimiento del feto (7, 8).


Vitamina B6 La expresión génica, que afecta a la diferenciación celular y al desarrollo de los órganos, puede regularse mediante otros mecanismos aparte de los cambios en la secuencia subyacente del ADN tales como la metilación del ADN o la deacetilación de histonas (también conocidos como cambios epigenéticos). Entre las condiciones ambientales que influyen en la expresión génica, la nutrición es uno de los factores epigenéticos más importantes. La metilación de ADN, por ejemplo, parece depender de la disponibilidad de vitaminas B6, vitamina B12 y del folato (9).


Vitamina B12 La deficiencia de vitamina B12 se relaciona con altas concentraciones de homocisteína (10), lo que sugiere que un nivel bajo de vitamina B12 en el embarazo también podría ser un factor de riesgo de defectos del tubo neural (11). Puesto que las concentraciones altas de homocisteína se relacionan de por sí con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, al menos una parte de la relación entre el peso bajo al nacer y la posterior enfermedad cardiovascular en un nivel de la población podría intervenirse mediante variaciones genéticas en el metabolismo del folato y de la B12.


Vitamina D Actuando a través de su receptor específico, la vitamina D puede producir varios efectos biológicos en la salud humana a través de mecanismos genómicos, no genómicos y hormonales. La deficiencia de vitamina D en mujeres embarazadas está potencialmente relacionada con un mayor riesgo de preeclampsia, resistencia a la insulina y diabetes mellitus gestacional. Además, los datos experimentales también anticipan que la suficiencia de vitamina D es crítica para el desarrollo del feto, en especial para las funciones cerebrales e inmunológicas. Por esto, la deficiencia de vitamina D durante el embarazo podría no solo interferir en la conservación ósea materna y en la formación ósea del feto, sino tener también un impacto en la “huella” en el feto que podría afectar a su susceptibilidad ante ciertas enfermedades crónicas al poco después de nacer o en otros periodos de su vida (12).

Otros datos han mostrado que la suplementación materna con vitamina D durante el embarazo se relaciona con un aumento de la expresión génica, aumentando así los niveles de receptores ILT (transcripciones de tipo inmunoglobulina) en la sangre del cordón umbilical. Estos hallazgos podrían apuntar a una inducción temprana de la tolerancia inmunológica en el feto mediante el consumo materno de vitamina D (13). El receptor de la vitamina D (VDR) parece desempeñar un papel importante en varias funciones inmunológicas, como por ejemplo, la modulación de la diferenciación de células T (14). Las variaciones genéticas del VDR se relacionan con enfermedades ligadas al sistema inmune como el asma.


Antioxidantes En los estudios epidemiológicos con niños y adultos, varios grupos mostraron una relación entre el asma y un consumo y niveles en sangre reducidos de nutrientes antioxidantes en dieta como las vitaminas C y E, el betacaroteno, el selenio y el zinc (15). Sin embargo, no se ha observado una relación constante entre la suplementación con esos antioxidantes y unos mejores resultados en cuanto al asma (16, 17). Como posible explicación a las discrepancias entre los estudios epidemiológicos y de intervención se ha sugerido que los antioxidantes en dieta podrían influir principalmente en el desarrollo del asma durante un periodo determinado de tiempo a una edad temprana. Los estudios han mostrado que un bajo consumo materno de vitamina E durante el embarazo se relaciona con un aumento de la probabilidad de desarrollar asma en niños de 5 años de edad (18). Hallazgos más recientes respaldan la teoría de la programación fetal temprana de enfermedades respiratorias. Según esto, los niveles de vitamina E en la madre podrían ser determinantes para el crecimiento del feto y el desarrollo de los pulmones durante el embarazo temprano (19).


Ácidos grasos esenciales Las investigaciones estudian el complejo papel de los ácidos grasos esenciales en la regulación de la expresión génica y de la comunicación intracelular. Las pruebas recogidas apuntan a que el consumo materno de los ácidos grasos omega-3 ácido docosahexaenoico y ácido eicosapentaenoico (EPA) así como de los ácidos grasos omega-6 en el periodo de gestación y de lactancia (que quizá conlleva un exceso de ácidos grasos omega-6 y un nivel inadecuado de ácidos grasos omega-3) puede tener un impacto en el desarrollo de los tejidos lípidos del bebé y en las rutas metabólicas de las células que reciben una conexión neuronal. Se necesitan más investigaciones en el campo de la programación metabólica para entender la necesidad de ácidos grasos omega-3 y omega-6 durante la vida del feto y del bebé y su papel en cuanto al desarrollo del equilibrio energético y el neurometabolismo (20). Un estudio inicial indica que el consumo adecuado de ácidos grasos omega-3 durante el embarazo tiene efectos neurofisiológicos y neuroconductuales beneficiosos en la función de la memoria de los niños en edad escolar (21).


Calcio Un ensayo sobre la suplementación materna con calcio ha mostrado que la presión sanguínea es menor en los niños de 7 años de edad de las madres que tomaron suplementación con calcio (22). Un estudio prospectivo de cohortes también ha hallado relación entre la presión sanguínea baja en los bebés de 6 meses y el consumo de calcio de las madres mediante suplementación (23).


Hierro Se halló que el bajo nivel de hierro de las madres en el momento de la primera visita médica del embarazo está relacionado con un aumento del tamaño de la placenta (24). Las consecuencias de esto en la salud del hijo se desconocen por el momento, pero existen estudios epidemiológicos que han mostrado una relación entre una mayor presión arterial en los hijos y una placenta de gran tamaño (25). Un ensayo clínico aleatorizado doble ciego sobre el hierro realizado con mujeres embarazadas con y sin suplementación de multimicronutrientes no ha mostrado ningún efecto adicional de los micronutrientes en comparación con el efecto de los suplementos con hierro en cuanto al peso al nacer (26).



En bebés

Aunque una nutrición inapropiada en el útero puede afectar claramente al feto de manera que impacte en su salud posterior, saber hasta qué punto pueden modificarse estos efectos mediante los factores ambientales tras el nacimiento (periodo posnatal) es un asunto de gran importancia para la salud pública a fin de minimizar los resultados sanitarios adversos. El periodo posnatal temprano es también un periodo de plasticidad fisiológica, aunque el principio y el fin de esta franja de acción pueden variar dependiendo de los resultados deseados y podrían estar ligados al sexo. Hasta la fecha, solo se han realizado unos pocos ensayos con humanos que investiguen el potencial de los micronutrientes en cuanto a programación en la dieta de los bebés. Estos estudios requieren un seguimiento prolongado, podrían enfrentarse a dificultades éticas y no siempre cuentan con datos exactos sobre la alimentación de la madre durante el embarazo (27).


Ácidos grasos esenciales Hallazgos recientes indican que las variaciones de los genes relacionadas con el metabolismo de los ácidos grasos poliinsaturados podrían ser relevantes para el desarrollo humano y su salud. Se ha demostrado que los polimorfismos comunes en los genes del ácido graso desaturasa (FADS) disminuyen de forma considerable las concentraciones de ácidos grasos omega-3 en sangre, en la leche materna y en los tejidos durante el embarazo y en niños (28). Además, los polimorfismos en el FADS parecen influir negativamente en el riesgo de desarrollar trastornos de alergia y eccema y disminuir el efecto positivo de la lactancia en el desarrollo cognitivo posterior. Por otro lado, las investigaciones sugieren que la suplementación con ácidos grasos esenciales omega-3 en bebés podría reducir el riesgo de desarrollar algunas manifestaciones de enfermedades alérgicas más tarde en la vida del hijo (29). Sin embargo, se necesitan más estudios que confirmen estos posibles efectos de la programación temprana en el sistema inmunitario.

Referencias

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