opinión experta

Resumen del congreso: Nuevos avances en la investigación de los carotenoides

marzo 13, 2011

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Congreso en Tufts University, Boston, EE. UU., 11y 12 de marzo de 2011

Resumen de una selección de las conferencias más importantes:

“La importancia clínica de la vitamina A como nutriente esencial se ha ido haciendo cada vez más clara. Se necesita un nivel adecuado de vitamina A para una organogénesis, competencia inmunológica, diferenciación de tejidos y ciclo visual normales. La deficiencia de esta vitamina, muy extendida en los países en vías de desarrollo, es la responsable de un millón o más de muertes evitables y casos de ceguera al año. El consumo de vitamina A preformada en productos animales no es suficiente en la mayor parte de la población mundial, incluyendo Europa, EE. UU. y Asia. El betacaroteno es una fuente segura de vitamina A. Su función provitamina A es una contribución crucial al total requerido de consumo de vitamina A tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo. Estudios recientes sugieren que los niveles de vitamina A y betacaroteno por debajo del nivel óptimo, aunque se encuentren por encima de los niveles que causan síndromes clínicos de deficiencia, pueden contribuir al riesgo de padecer enfermedades crónicas.

En 2001, la proporción de 6:1 de betacaroteno en relación con la vitamina A (1 microgramo de retinol =
6 microgramos de betacaroteno) fue descartada en EE. UU. y sustituida por una nueva proporción de 12:1, basada en nuevos datos recogidos de isótopos estables reproducibles. Sin embargo, hay una gran variabilidad en la proporción de la bioconversión dependiendo de los alimentos que se analizan (p. ej., en hortalizas verdes de hoja la proporción es mayor de 20:1 y en zanahorias alrededor de 15:1). Además, hay nuevas pruebas que demuestran que los alimentos de centro simple y digerible tienen una relación muy superior a 12:1. Por otro lado, la biodisponibilidad y la proporción de la vitamina A en relación con el betacaroteno pueden verse afectadas por las características de la población con la que se trata, tales como los niveles de vitamina A, deficiencias de otros nutrientes, estado de los intestinos y polimorfismos genéticos asociados al metabolismo del betacaroteno. Por lo tanto, la variabilidad en los cálculos de la relación de vitamina A es muy elevada entre estudios y entre sujetos dentro de dichos estudios.

Los resultados de los estudios epidemiológicos y de suplementación en humanos con betacaroteno sobre la prevención de enfermedades crónicas indican que intervenir en poblaciones con un nivel bajo de betacaroteno para mejorar dicho nivel puede ser más útil que intervenir en pobalciones con un nivel adecuado para elevarlo a un nivel “supra” adecuado. Sin embargo, este enfoque más personalizado de la intervención basada en nutrientes depende fuertemente de la disponibilidad de marcadores biológicos de los niveles, en este caso, de carotenoide. Los avances recientes en el desarrollo de nuevos métodos para un cálculo rápido y no invasivo del nivel de carotenoide sugieren que cada vez es más factible identificar a las personas que tienen más probabilidades de beneficiarse de una intervención con carotenoide, permitiendo así que se den futuros ensayos de intervención con más posibilidades de demostrar efectos beneficiosos que los que se han demostrado hasta la fecha.

Los resultados del estudio demuestran que una dieta rica en betacaroteno y licopeno o la suplementación proporcionan protección contra daños en la piel ocasionados por el sol. Aunque la fotoprotección conseguida mediante el consumo de carotenoides individuales es bastante más baja que la que se consigue usando cremas solares de uso tópico, proporcionar a la piel la cantidad óptima de micronutrientes antioxidantes aumenta la defensa dérmica de base contra la radiación UV, y a la vez contribuye a la protección a largo plazo así como al mantenimiento de la salud y el aspecto de la piel.

Se ha descubierto que un alto consumo de tomates o productos que contienen tomate reduce el riesgo de padecer algunas enfermedades crónicas en muchos estudios epidemiológicos, probando así que el licopeno (que es el carotenoide más presente en el tomate) es un micronutriente con importantes beneficios para la salud, tales como la prevención de enfermedades crónicas (p. ej., distintos tipos de cáncer). Sin embargo, se desconoce aún si el efecto del licopeno en algunas funciones celulares y en las vías de transducción de señales es resultado de las acciones directas del licopeno intacto o de sus derivados.

Hay numerosas pruebas epidemiológicas que sugieren que la luteína y la zeaxantina (que son carotenoides y pigmentos maculares) desarrollan un papel clave en la prevención y el tratamiendo de la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), una de las principales causas de pérdida irreversible de visión en ancianos en países desarrollados. También hay pruebas de que la luteína y la zeaxantina parecen mejorar la vista de los sujetos sanos. Además, hay estudios epidemiológicos que sugieren que el consumo de carotenoides en la dieta puede contribuir al mantenimiento de la salud cognitiva. Dado su papel de antioxidantes y agentes antiinflamatorios, la luteína y la zeaxantina podrían desarrollar un papel importante en la prevención o el retraso del deterioro cognitivo. De entre todos los carotenoides, estos dos son los únicos que atraviesan la barrera hematorretinal para formar el pigmento macular del ojo”.


Boston, marzo de 2011


Ponentes seleccionados: Alfred Sommer (Johns Hopkins University, USA), Robert M. Russell (National Institutes of Health, USA), Keith P. West (Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, USA), Marjorie J. Haskell (University of California, USA), Susan T. Mayne (Yale Schools of Public Health and Medicine, USA), Francine Grodstein (Harvard Medical School, USA), Helmut Sies (Heinrich-Heine University, Germany),
A. Catharine Ross (Pennsylvania State University, USA), Xiang-Dong Wang (Tufts University, USA), Steven K. Clinton (Ohio State University, USA), Paul S. Bernstein (University of Utah, USA), B. Randy Hammond (University of Georgia, USA), Elizabeth J. Johnson (Tufts University, USA).