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Detalle Opinion de los Expertos
Requerimientos y efectos sobre la salud de los ácidos grasos omega-3 en la infancia
15 de noviembre de 2011 - 

 

 

Carrie Ruxton, PhD RD, dietista, nutricionista y escritora sobre temas de salud, Reino Unido

 

“En referencia a los ácidos grasos poliinsaturados, la mayor parte de la evidencia científica tiene que ver con los beneficios para la salud de los ácidos grasos omega-3 de cadena muy larga, ácido docosahexaenoico (DHA) y eicosapentaenoico (EPA), siendo muy inferiores en número los estudios que reportan beneficios para el ácido alfa-linolénico de cadena corta (ALA). Nuestro cuerpo es capaz de metabolizar DHA y EPA a partir de ALA de origen vegetal, pero este proceso es ineficiente y puede verse dificultado por un consumo elevado de ácidos grasos omega-6. De ahí que resulte mucho más eficiente consumir EPA y DHA directamente de fuentes alimenticias.

 

La principal fuente de ácidos grasos omega-3 es el pescado, especialmente los tipos grasos como el salmón, la trucha, la caballa, el arenque y el atún fresco.Los suplementos de aceite de pescado también son ricos en ácidos grasos omega-3, mientras que la carne y los productos enriquecidos contienen cantidades pequeñas. En el Reino Unido, las recomendaciones sobre la ingesta de ácidos grasos omega-3 proponen un consumo ideal de pescado de dos raciones a la semana, una de las cuales debe ser de pescado azul (1), lo que equivaldría a 0,45 g de ácidos grasos omega-3 al día. Estas recomendaciones se basan en una ración media de 140 g y van dirigidas a toda la población en general, pero no proporcionan una pauta específica sobre el tamaño de las raciones para los niños, a algunos de los cuales posiblemente les resulte difícil ingerir 140 g. Se necesita una normativa más amplia que cubra esta laguna. En los Estados Unidos, el Consejo de Alimentación y Nutrición ha sugerido alrededor de 0,15 g al día para los niños en edad preescolar (2), mientras que la Organización Mundial de la Salud recomienda un consumo de 0,1-0,25 g dependiendo del grupo de edad (3).

 

Varios autores han intentado evaluar la ingesta de ácidos grasos omega-3 en poblaciones infantiles, siendo el consumo de pescado el mejor factor para su predicción. Un estudio llevado a cabo con más de 1000 niños alemanes reveló que la ingesta diaria de ácidos grasos omega-3 de los niños que consumían pescado habitualmente era diez veces superior a la de aquellos que no comían pescado (0,10-0,26 g frente a 0,01-0,02 g). En el Reino Unido no existe actualmente ningún análisis publicado sobre la ingesta en niños, si bien la National Diet and Nutrition Survey (Encuesta Nacional de Dietética y Nutrición) aporta datos sobre el consumo medio semanal de pescado (4, 5). De acuerdo con los resultados de la misma, se observa que los niños más pequeños consumen hasta 140 g de pescado a la semana, mientras que los más mayores consumen 116 g, predominando mayormente el pescado blanco. Únicamente un 14% de los preescolares, un 10% de los niños en edad escolar y un 6% de los adolescentes toman pescado azul. Incluso siguiendo la ingesta máxima semanal de 21 g de pescado azul en niños de entre cuatro y diez años, esto solo proporcionaría 0,4 g de ácidos grasos omega-3 a la semana; es decir, alrededor de un 13% del nivel recomendado. Estos resultados han sido confirmados por una encuesta telefónica realizada recientemente en el Reino Unido a más de 1000 padres. Según esta, tan sólo el 10% de los niños comía pescado una o más veces por semana, y de entre ellos, un 40% lo hacía una vez a la semana, pese al hecho de que el 42% de los padres afirmó estar al tanto de las recomendaciones relativas al consumo de pescado. A esto hay que añadir que el 87% de los niños nunca consumía pescado azul.

 

Hace ya algún tiempo que se ha reconocido el papel de los ácidos grasos en el desarrollo y protección del cerebro humano. El DHA constituye el 25% del total de ácidos grasos del cerebro y parece estimular el rápido desarrollo que se aprecia en el tejido cerebral del feto durante los tres últimos meses de embarazo (6). Es probable que este ácido sea vital para el desarrollo del cerebro, ya que aporta fluidez a las membranas neuronales ayudando así a facilitar la actividad enzimática, la unión a proteínas y el transporte de nutrientes, mecanismos todos ellos que regulan el buen funcionamiento del cerebro. El DHA también influye en el desarrollo de la vista y representa el 50% de los ácidos grasos de la retina (7). Se cree que la fluidez del DHA favorece el funcionamiento normal de las células fotorreceptoras y ayuda de este modo a mejorar la agudeza visual (8). Unos niveles bajos de DHA durante el crecimiento fetal se han relacionado con una función cognitiva y una visión subóptimas (9, 10). Por otro lado, los ácidos grasos omega-3 también desempeñan un papel en la función inmune. Los eicosanoides, sustancias del organismo que se forman a partir de ácidos grasos, controlan la intensidad y la duración de las respuestas inflamatorias. Se cree que los eicosanoides producidos a partir del EPA son menos potentes y por lo tanto, tienen un menor efecto antiinflamatorio que los sintetizados a partir de los ácidos grasos omega-6. Esto significa que las dietas maternas con un alto contenido en EPA pueden programar el sistema inmune fetal para desarrollar menos alergias (11). Varios ensayos aleatorizados controlados (EAC) han analizado cómo influye el nivel de omega-3 en el desarrollo infantil. Los resultados de estos ensayos indican beneficios –tales como un menor riesgo de alergias a alimentos (12) y eccema (13), así como un mejor desarrollo mental (especialmente del procesamiento secuencial y la capacidad de resolución de problemas) (14), coordinación óculo-manual (15) y agudeza visual (claridad) (16)– con una ingesta materna de 0,2 a 3,7 g de DHA y EPA. Estos niveles se pueden alcanzar con la cantidad semanal recomendada de pescado o con el uso habitual de suplementos de aceite de pescado disponibles en el mercado.

 

La mayoría de los ensayos realizados con ácidos grasos omega-3 en niños de edad escolar se han centrado en trastornos del comportamiento como el TDAH o la dispraxia. En general, la ingesta de ácidos grasos omega-3 en estos ensayos es de 0,3 a 0,6 g al día. Una revisión sistemática financiada por la Agencia Alimentaria del Reino Unido (FSA, por sus siglas en inglés) concluyó que existían ciertos beneficios al administrar ácidos grasos omega-3 a niños con TDAH, aunque la solidez de esta conclusión se vio debilitada por el reducido tamaño de las muestras, la brevedad de los estudios y la falta de consistencia en las dosis (17). Aún más relevante son los escasos, pero crecientes en número, estudios realizados en niños sanos. A pesar de que en la mayoría de los mismos no se observó un impacto importante de la suplementación en las pruebas de rendimiento mental, sí se hallaron algunos efectos positivos que podrían afectar con el tiempo a la salud o al rendimiento; por ejemplo, una mejora del estado de DHA/EPA, una función inmune reforzada (18), un mejor aprendizaje verbal y una mejor memoria (19), y un mayor rendimiento en las pruebas de comprensión auditiva y de adquisición del vocabulario (20). Asimismo, en el más reciente de los ensayos realizados (21) se apreció una reducción significativa de la falta de atención y el comportamiento no deseado en la clase usando cantidades relativamente pequeñas de ácidos grasos omega-3 (0,01-0,4 g al día).

 

En conclusión, los resultados revisados del estudio sugieren que los ácidos grasos omega-3 son cruciales durante la permanencia en el útero y los primeros años de vida. La suplementación de la madre y el bebé aumenta los niveles de DHA/EPA y favorece el desarrollo normal del cerebro, la vista y el sistema inmune. En niños sanos en edad escolar, los beneficios de la suplementación son más modestos, si bien los resultados pueden estar influidos por la escasa cantidad de estudios, su duración limitada y el bajo consumo de ácidos grasos omega-3 que se dio en ellos. Se necesitan más ensayos controlados en distintos grupos de edad para determinar la ingesta óptima de ácidos grasos omega-3 en la infancia”.

 


Basado en un editorial de Complete Nutrition. 2011; 11(1):22–24.

 

 


1. Scientific Advisory Committee on Nutrition (SACN) & Committee on Toxicity: Advice on fish consumption, benefits and risks. HM Stationery Office: London. 2004.

 

2. Food and Nutrition Board (FNB) of the Institute of Medicine of the National Academies: Dietary fats, total fat and fatty acids. In Dietary Reference Intakes for energy, carbohydrates, fiber, fats, fatty acids, cholesterol, protein and amino acids (Macronutrients). 2002; 422–541.

 

3. World Health Organisation (WHO): Interim summary of conclusions and dietary recommendations on total fat and fatty acids. WHO, Geneva. 2008.

 

4. Nelson M. et al. Low Income Diet and Nutrition Survey. Volume 2, Food consumption and Nutrient Intake. The Stationery Office: London. 2007.

 

5. Bates B. et al. National Diet and Nutrition Survey Headline results from year 1 of the rolling programme (2008-09). FSA and the DH, London. 2010.

 

6. Clandinin M. T. et al. Do low-weight infants require nutrition with chain elongation - desaturation products of essential fatty acids. Progress in Lipid Research. 1982; 21:901–904.

 

7. Stinson A. M. et al. Fatty acid and molecular species compositions of phospholipids and diacylglycerols from rat retinal membranes. Experimental Eye Research. 1998; 52:213–218.

 

8. Giusto N. M. et al. Lipid metabolism in vertebrate retinal rod outer segments. Progress in Lipid Research. 2000; 39:315–391.

 

9. O’Connor D. L. et al. Growth and development in preterm infants fed long-chain polyunsaturated fatty acids: a prospective, randomized controlled trial. Pediatrics. 2001; 108:359–371.

 

10. Innis S. M. et al. Essential n-3 fatty acids in pregnant women and early visual acuity maturation in term infants. American Journal of Clinical Nutrition. 2008; 87:548–557.

 

11. Ruxton C. H. S. et al. The impact of long chain n-3 polyunsaturated fatty acids on human health. Nutrition Research Reviews. 2005; 18:113–129.

 

12. Dunstan J. et al. Fish oil supplementation in pregnancy modifies neonatal allergen-specific immune responses and clinical outcomes in infants at high risk of atopy: a randomised controlled trial. Journal of Allergy and Clinical Immunology. 2003; 112:1178–1184.

 

13. Furuhjelm C. et al. Fish oil supplementation in pregnancy and lactation may decrease the risk of infant allergy. Acta Paediatrica. 2009; 98:1461–1467.

 

14. Judge M. P. et al. Maternal consumption of a docosahexaenoic acid-containing functional food during pregnancy, benefit for infant performance on problem-solving but not on recognition memory tasks at age 9 mo. American Journal of Clinical Nutrition. 2007; 85:1572–1577.

 

15. Dunstan J. A. et al. Cognitive assessment of children at age 2(1/2) years after maternal fish oil supplementation in pregnancy, a randomised controlled trial. Archives of Disease in Childhood Fetal Neonatal Edition. 2008; 93: F45–50.

 

16. Judge M. P. et al. A docosahexaenoic acid-functional food during pregnancy benefits infant visual acuity at four but not six months of age. Lipids. 2007; 42:117–122.

 

17. Ells L. et al. A systematic review of the effect of nutrition, diet and dietary change on learning, education and performance of children of relevance to UK schools. Food Standards Agency Project Code: N05070. www.food.gov.uk/multimedia/pdfs/system review.pdf. 2006.

 

18. Mazurak V. C. et al. Long-chain polyunsaturated fat supplementation in children with low docosahexaenoic acid intakes alters immune phenotypes compared with placebo. Journal of Pediatric Gastroenterology and Nutrition. 2008; 46:570–579.

 

19. Osendarp S. et al. Effect of a 12-mo micronutrient intervention on learning and memory in well-nourished and marginally nourished school-aged children, 2 parallel, randomized, placebo-controlled studies in Australia and Indonesia. American Journal of Clinical Nutrition. 2007; 86:1082–1093.

 

20. Ryan A. S. and Nelson E. B. Assessing the effect of docosahexaenoic acid on cognitive functions in healthy, preschool children, A randomized, placebocontrolled, double-blind study. Clinical Pediatrics. 2008; 47:355–362.

 

21. Kirby A. et al. A double-blind, placebo-controlled study investigating the effects of omega-3 supplementation in children aged 8-10 years from a mainstream school population. Research in Developmental Disabilities. 2010; 31:718–730.