Estilo de alimentación basado en pautas alimentarias típicas de Grecia (Creta) y el sur de Italia a comienzo de los años 1960: abundantes alimentos de origen vegetal, frutas frescas como postre, aceite de oliva como la principal fuente de grasa, productos lácteos (principalmente queso y yogurt), pescado y aves en cantidades bajas o moderadas, hasta cuatro huevos a la semana, carnes rojas en pocas cantidades y vino en cantidades bajas o moderadas. La grasa total de este tipo de alimentación es de entre un 25% y un 35% de las calorías, con un 8% o menos de calorías procedentes de grasas saturadas. La dieta mediterránea aporta un equilibrio saludable entre ácidos grasos omega-3 (alto) y omega-6 (bajo) (en comparación con la dieta occidental).

La investigación ha demostrado que las personas que siguen este tipo de alimentación son menos propensas a desarrollar enfermedades cardiovasculares (p. ej., cardiopatías).