Hábitos alimentarios seguidos por muchas personas en los países desarrollados y, cada vez más, en los países en vías de desarrollo. Se caracteriza por un consumo elevado de carnes rojas, azúcar, grasa, sal y harinas refinadas. Normalmente contiene productos lácteos ricos en grasa, bebidas y postres con mucho azúcar, fritos y huevos. La típica dieta occidental suele incluir entre 14 y 25 veces más ácidos grasos omega-6 que ácidos grasos omega-3.

La investigación ha demostrado que las personas que consumen muchos alimentos clasificados como occidentales presentan un 35% más de riesgo de infarto que aquellas que ingieren menos carne, huevos y alimentos fritos y con sal (véase también dieta mediterránea). Además, se cree que enfermedades crónicas y problemas de salud como la obesidad, la aterosclerosis, la hipertensión, el colesterol alto y el cáncer pueden estar parcial o totalmente relacionados con la dieta occidental.