opinión experta

La Dra. Johanna Ward explica cómo embellecer el cuerpo a través de la nutrición

Johanna Ward, M.D.

mayo 25, 2018

La piel es el órgano más extenso del cuerpo y tiene una enorme necesidad fisiológica de alimento y nutrición. Se trata de un órgano complejo, en estado de constante de renovación y reparación, que reacciona a la nutrición y la protección de los alimentos que comemos. Optimizando la alimentación y adoptando unos cuantos cambios en el estilo de vida, podemos nutrir la piel desde dentro para mantenerla radiante, joven y sana.

Los productos de alta calidad para el cuidado tópico de la piel pueden protegerla, nutrirla y fortalecerla, pero no pueden sustituir las vitaminas, los minerales y los ácidos grasos esenciales que le aporta la sangre. De ahí que esté cobrando rápidamente protagonismo una estrategia «de dentro afuera» como método indicado para mantener la salud de la piel a largo plazo.

¿Por qué debemos cuidar la piel desde dentro?

Vivimos en una época moderna que nos expone a diario a productos químicos, radiaciones, contaminación, toxinas y pesticidas. Ahora más que nunca, nuestras células necesitan ayuda nutricional para prevenir la oxidación, la glucación y la metilación: los tres procesos bioquímicos que constituyen el núcleo del envejecimiento celular.

En los últimos 50 años, la dieta occidental moderna ha cambiado por completo, pero nosotros no hemos evolucionado genéticamente en el mismo sentido. Nuestras células no están diseñadas para buscar combustible en alimentos procesados con elevado contenido de azúcar y grasas hidrogenadas. El ser humano debe ingerir a diario frutas y verduras para obtener las vitaminas, los minerales y los antioxidantes necesarios para hacer frente al aluvión de radicales libres que tiene lugar todos los días en las células. 

Nunca hasta ahora había sido tan importante nutrir bien la piel con una alimentación saludable y variada. Un estudio realizado en 2007 en American Journal of Nutrition demostró que el envejecimiento se acelera en las personas con un alto consumo de grasas malas e hidratos de carbono procesados (como pan blanco, galletas, comidas procesadas, etc.), mientras que una dieta rica en vitamina C reduce el envejecimiento de la piel.(1)

En la salud de la piel también repercute enormemente que haya un equilibrio saludable entre las bacterias buenas y malas en el intestino. Para una absorción óptima de nutrientes se precisa un intestino sano. Lo maravilloso es que los alimentos que son buenos para el intestino también son los que favorecen la piel y la salud a largo plazo. La madre naturaleza ha aunado a la perfección todo lo que nutre y embellece para que los alimentos que benefician el cerebro, el corazón, el intestino y el cuerpo también sean buenos para la piel.

¿Qué nutrientes afectan a la salud de la piel?

La piel necesita que el riego sanguíneo aporte nutrientes y oxígeno a la dermis. Para suministrar combustible a las células, el cuerpo precisa un número increíble de nutrientes en delicado equilibrio. Una dieta óptima debe incluir una amplia selección de frutas y verduras, pescado azul y legumbres, y ser baja en azúcares, grasas trans y alimentos procesados. Ingeniosamente, la naturaleza ha incluido gran abundancia de vitaminas, minerales y potentes antioxidantes —protectores cutáneos— en los alimentos saludables para que, llevando una buena dieta, solo se requiera un mínimo de complementación.

Omega 3

Cuando se trata de la piel, los omega 3 son responsables de la salud de las membranas celulares. Una piel que carece de suficientes omega 3 está apagada, seca y sin brillo, y es vulnerable a los ataques de irritantes y toxinas. La membrana celular es una de las formas fundamentales que tiene la piel para ejercer su función de barrera y protegernos de las bacterias, los virus, los productos químicos y la contaminación. Actúa como barrera ante cosas que son perjudiciales, pero también es un canal importante para los nutrientes que entran y los residuos que salen de las células. La membrana es lo que influye en la capacidad de la célula para retener agua, por lo que una barrera sana e intacta favorece una piel más hidratada, tersa y de aspecto más juvenil. Resumiendo: para conservar la humedad, bloquear la entrada de irritantes y mantener unas rutas óptimas para la desintoxicación y la eliminación de residuos, es vital contar con el buen funcionamiento de la barrera de la piel.

Vitamina C

La vitamina C es una de las vitaminas más importantes que necesitamos a diario para la piel. Es un cofactor de la producción de colágeno y ayuda a mantener el colágeno y la elastina resistentes y flexibles. Los seres humanos hemos perdido la capacidad de fabricar vitamina C, por lo que debemos tomarla a diario a través de alimentos, bebidas y, si son necesarios, complementos alimenticios. Numerosos estudios demuestran que la falta de vitamina C disminuye la síntesis total de colágeno y la reticulación.(2)

Zinc

El zinc desempeña un importante papel en la salud de la piel y debe ingerirse a diario con la alimentación. Es necesario para la síntesis de proteínas y la cicatrización de heridas, y además es un antioxidante vital. También ayuda a descomponer la sustancia P, a transportar la vitamina A del hígado y a metabolizar omega 3. Aun siendo leve, una deficiencia de zinc puede alterar la producción de colágeno, el metabolismo de los ácidos grasos y la cicatrización de heridas.

Todo lo que ponemos en el plato y en la boca puede tener un impacto enorme y decisivo en la salud de la piel a largo plazo. Una de las mejores formas de influir en la salud de la piel y el bienestar en general es cambiar la alimentación para incorporar alimentos que resulten beneficiosos para la piel. No lo deje para mañana. En el futuro, usted mismo se lo agradecerá.

referencias

  1. Cosgrove MC, Franco OH American journal of Clinical Nutrition 2007 86: 1225-1231 ‘Dietary nutrient intakes in skin ageing appearance among middle aged American Women’
  2. Geesin JC, Murad s, Pinnell S ‘Ascorbic acid specifically increases type 1 and type 3 pro collagen messenger RNA levels in human skin fibroblast’ Journal of Invest Dermatology: 1988:90: 420-424