Tema del mes

La salud masculina en la edad madura

Julia Bird

septiembre 21, 2018

A medida que envejecen, los hombres experimentan necesidades de salud especiales distintas de las de las mujeres. Algunas diferencias biológicas los hacen más propensos a sufrir determinadas enfermedades. Dadas las disparidades profesionales, los hombres tienden a estar más expuestos a riesgos en el lugar de trabajo. También eligen estilos de vida diferentes, lo que incrementa su riesgo de padecer enfermedades. Todo ello se traduce en unas dificultades propias de la salud de los hombres del mundo entero [1, 2].

Diferencias biológicas

Entre hombres y mujeres hay diferencias biológicas fundamentales que afectan a la salud masculina. La base de las diferencias biológicas entre los sexos está en la genética. En el momento de la concepción, el cromosoma Y aporta el código genético básico que dirige el desarrollo hacia la formación de un varón. A las 6-8 semanas de gestación, el embrión con el cromosoma Y empieza a desarrollar características masculinas [3]. Unas dos semanas después, el feto del niño empieza a producir testosterona y otras hormonas que dan lugar a características masculinas [4]. En el tercer trimestre de embarazo, la anatomía masculina está completamente formada. Al comienzo de la pubertad, los niños experimentan drásticos cambios hormonales y físicos que marcan el inicio de sus años reproductores y que también afectan a la conducta, la biología y el riesgo de enfermedades [4].

En comparación con la genética femenina, el hombre tiende a acumular grasa en la parte inferior del cuerpo, a desarrollar más masa muscular, a tener la presión arterial más elevada y a registrar un nivel superior de hormonas «masculinas», en especial de testosterona. Esta mayor masa muscular lo protege de la osteoporosis debido al efecto fortalecedor de los músculos en los huesos, pero también contribuye a protegerlo de la obesidad por la mayor necesidad de gasto energético en reposo. Sin embargo, la presión arterial más elevada aumenta su riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares [4]. A pesar de que en general la incidencia de obesidad es menor entre los hombres, la tendencia a acumular el exceso de peso en el abdomen es mayor, lo que también incrementa el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares en comparación con las mujeres.

Las conductas de los hombres, producto de la combinación de factores biológicos, educativos y sociales, pueden comportar más riesgo que los comportamientos de las mujeres. El elevado nivel de testosterona de los hombres provoca un mayor nivel de agresividad y de exposición al riesgo, lo que aumenta sus posibilidades de lesionarse. Los hombres tienden a visitar menos al médico y tardan más que las mujeres en dar a conocer síntomas de salud preocupantes [4]. Por ejemplo, se ha observado que los hombres tienen la mitad de probabilidades que las mujeres de detectar un melanoma —el cáncer de piel más peligroso— en sí mismos o en su pareja [5]. La conducta masculina también explica algunas diferencias con el sexo opuesto en el índice de enfermedades infecciosas [4].

Riesgo de enfermedades cardiovasculares en los hombres

Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo una de las principales causas de muerte en el mundo y afectan a las personas en la segunda mitad de su vida [6]. Los hombres tienden a padecer los primeros síntomas unos 10-20 años antes que las mujeres y registran una mayor mortalidad hasta llegar a la vejez [7]. Esto se debe a que los hombres tienen más factores de riesgo cardiovascular, como un nivel de colesterol más elevado, una presión arterial más alta [4] y un mayor índice de tabaquismo [8]. Mayoritariamente, el mayor nivel de colesterol y de presión arterial tiene un motivo biológico. Los hombres carecen del efecto protector de los estrógenos, que tienden a incrementar el colesterol HDL «bueno» y a disminuir el LDL «malo». Su mayor peso y masa corporal genera más posibilidades de desarrollar hipertensión. Es posible que su tendencia a reaccionar al estrés con una respuesta de «huida o lucha» [9] los predisponga a tener la presión arterial elevada.

En cuanto al tabaquismo, en el mundo fuman muchos más hombres que mujeres, especialmente en los países en desarrollo [8]. Los hombres consideran el tabaco una forma de demostrar su masculinidad, su fuerza y su resistencia física [10]. Es posible que corran mayor riesgo de dependencia de la nicotina que las mujeres, lo que les hace más difícil dejar el tabaco [11]. Esta diferencia en el hábito de fumar explica en parte por qué los hombres padecen más riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Andropausia y bajo nivel de testosterona

En la edad avanzada, los hombres experimentan la «andropausia», un descenso gradual de la producción de hormonas masculinas que generalmente se produce entre las edades de 48 y 70 años [4] y que puede afectar tanto al bienestar general [12] como al riesgo de enfermedades crónicas. La andropausia no es el equivalente de la menopausia en las mujeres, ya que este descenso se produce lentamente [13]. El nivel de testosterona empieza a disminuir en cuanto el hombre entra en la treintena [12]. En algunas personas, esta disminución puede provocar una serie difusa de síntomas, como fragilidad y debilidad muscular, disfunción sexual y problemas cognitivos, como decaimiento y confusión mental [14]. La pérdida de fuerza muscular aumenta el riesgo de osteoporosis [15]. Sin embargo, hay otras complicaciones, como la obesidad, que también contribuyen a disminuir el nivel de testosterona en sangre [14]. En este caso, es recomendable llevar una alimentación y un estilo de vida saludables para aliviar los síntomas y recuperar masa y funcionamiento muscular.

Los nutrientes en los hombres mayores

Una buena nutrición puede ayudar a los hombres a superar algunos de los efectos del envejecimiento. Para prevenir las enfermedades cardiovasculares en general, numerosas instituciones de todo el mundo recomiendan una alimentación rica en ácidos grasos poliinsaturados omega 3 de cadena larga [16]. Cumpliendo las recomendaciones de omega 3, los hombres pueden reducir el riesgo general de padecer una enfermedad cardiovascular. Otra estrategia puede consistir en incrementar el consumo de fibra soluble, como betaglucanos de avena, para mantener controlado el nivel de colesterol [17]. La fibra alimentaria ayuda a eliminar del cuerpo la acumulación de colesterol, lo que en última instancia reduce la cantidad total de colesterol en el riego sanguíneo. Junto con una alimentación y un estilo de vida saludables, es una forma clínicamente demostrada de reducir el nivel de colesterol [17].

Uno de los principales efectos de la reducción gradual del nivel de hormonas masculinas es su efecto en la masa muscular. La disminución de masa muscular comporta la pérdida de fuerza física y, como consecuencia, genera fragilidad, osteoporosis y fracturas óseas. Además de hacer ejercicio regularmente, los hombres mayores deben consumir proteínas adecuadamente. Las últimas investigaciones demuestran que, para ayudar a prevenir la pérdida muscular, es posible que los hombres en edad avanzada necesiten una mayor ingesta de proteínas, idealmente repartidas entre todas las comidas, [18]. Además, los hombres mayores corren el riesgo de lesionarse por la osteoporosis si sufren alguna caída [19]. Aunque el número de fracturas óseas es ligeramente inferior en los hombres que en las mujeres, el riesgo de mortalidad tras una fractura es considerablemente superior en los hombres [19-21]. Cumplir las recomendaciones de ingesta de vitamina D y calcio ayuda a mantener fuertes los huesos y puede ayudar a los hombres a mantener el funcionamiento normal de los músculos durante el envejecimiento [18].

referencias

  1. Baker, P.; Dworkin, S.L.; Tong, S.; Banks, I.; Shand, T.; Yamey, G. The men's health gap: men must be included in the global health equity agenda. Bull World Health Organ 2014, 92, 618-620. 10.2471/BLT.13.132795.
  2. Lim, S.S.; Vos, T.; Flaxman, A.D.; Danaei, G.; Shibuya, K.; Adair-Rohani, H.; Amann, M.; Anderson, H.R.; Andrews, K.G.; Aryee, M., et al. A comparative risk assessment of burden of disease and injury attributable to 67 risk factors and risk factor clusters in 21 regions, 1990-2010: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2010. Lancet 2012, 380, 2224-2260. 10.1016/S0140-6736(12)61766-8.
  3. Hughes, I.A. Minireview: Sex Differentiation. Endocrinology 2001, 142, 3281-3287. 10.1210/endo.142.8.8406.
  4. Exploring the Biological Contributions to Human Health: Does Sex Matter? Washington (DC), 2001.
  5. Koh, H.K.; Miller, D.R.; Geller, A.C.; Clapp, R.W.; Mercer, M.B.; Lew, R.A. Who discovers melanoma? Patterns from a population-based survey. J Am Acad Dermatol 1992, 26, 914-919.
  6. Global, regional, and national age-sex specific all-cause and cause-specific mortality for 240 causes of death, 1990-2013: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2013. Lancet 2015, 385, 117-171. 10.1016/S0140-6736(14)61682-2.
  7. Dawber, T.R.; Moore, F.E.; Mann, G.V. Coronary heart disease in the Framingham study. Am J Public Health Nations Health 1957, 47, 4-24.
  8. Ng, M.; Freeman, M.K.; Fleming, T.D.; Robinson, M.; Dwyer-Lindgren, L.; Thomson, B.; Wollum, A.; Sanman, E.; Wulf, S.; Lopez, A.D., et al. Smoking prevalence and cigarette consumption in 187 countries, 1980-2012. JAMA 2014, 311, 183-192. 10.1001/jama.2013.284692.
  9. Taylor, S.E.; Klein, L.C.; Lewis, B.P.; Gruenewald, T.L.; Gurung, R.A.; Updegraff, J.A. Biobehavioral responses to stress in females: tend-and-befriend, not fight-or-flight. Psychol Rev 2000, 107, 411-429.
  10. Bottorff, J.L.; Haines-Saah, R.; Kelly, M.T.; Oliffe, J.L.; Torchalla, I.; Poole, N.; Greaves, L.; Robinson, C.A.; Ensom, M.H.; Okoli, C.T., et al. Gender, smoking and tobacco reduction and cessation: a scoping review. Int J Equity Health 2014, 13, 114. 10.1186/s12939-014-0114-2.
  11. Perkins, K.A.; Donny, E.; Caggiula, A.R. Sex differences in nicotine effects and self-administration: review of human and animal evidence. Nicotine Tob Res 1999, 1, 301-315.
  12. Haren, M.T.; Kim, M.J.; Tariq, S.H.; Wittert, G.A.; Morley, J.E. Andropause: a quality-of-life issue in older males. Med Clin North Am 2006, 90, 1005-1023. 10.1016/j.mcna.2006.06.001.
  13. Saad, F.; Gooren, L.J. Late onset hypogonadism of men is not equivalent to the menopause. Maturitas 2014, 79, 52-57. 10.1016/j.maturitas.2014.06.016.
  14. Huhtaniemi, I. Late-onset hypogonadism: current concepts and controversies of pathogenesis, diagnosis and treatment. Asian J Androl 2014, 16, 192-202. 10.4103/1008-682X.122336.
  15. Samaras, N.; Samaras, D.; Lang, P.O.; Forster, A.; Pichard, C.; Frangos, E.; Meyer, P. A view of geriatrics through hormones. What is the relation between andropause and well-known geriatric syndromes? Maturitas 2013, 74, 213-219. 10.1016/j.maturitas.2012.11.009.
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  17. Ho, H.V.; Sievenpiper, J.L.; Zurbau, A.; Blanco Mejia, S.; Jovanovski, E.; Au-Yeung, F.; Jenkins, A.L.; Vuksan, V. The effect of oat beta-glucan on LDL-cholesterol, non-HDL-cholesterol and apoB for CVD risk reduction: a systematic review and meta-analysis of randomised-controlled trials. Br J Nutr 2016, 116, 1369-1382. 10.1017/S000711451600341X.
  18. Tessier, A.J.; Chevalier, S. An Update on Protein, Leucine, Omega-3 Fatty Acids, and Vitamin D in the Prevention and Treatment of Sarcopenia and Functional Decline. Nutrients 2018, 10. 10.3390/nu10081099.
  19. Cawthon, P.M. Gender differences in osteoporosis and fractures. Clin Orthop Relat Res 2011, 469, 1900-1905. 10.1007/s11999-011-1780-7.
  20. World Health Organization. WHO Global Report on Falls Prevention in Older Age; 2007;  http://www.who.int/ageing/publications/Falls_prevention7March.pdf.
  21. Haas, M.L.; Moore, K. Osteoporosis: an invisible, undertreated, and neglected disease of elderly men. J Elder Abuse Negl 2007, 19, 61-73, table of contents. 10.1300/J084v19n01_05.