opinión experta

La luz azul: luteína y zeaxantina para la salud ocular

Hilary Jones, MD

abril 6, 2018

La luz azul es parte del espectro visible. Forma parte de la luz solar, también compuesta por rayos ultravioleta no visibles al ojo humano (y que todos conocemos por ser los causantes del bronceado y quemaduras en la piel), pero la parte visible está formada por luz roja, naranja, amarilla, verde y azul, y muchos matices entre estos colores dependiendo de la energía y la longitud de onda de cada radiación. La combinación de este espectro es lo que forma la “luz blanca” del sol.

A lo largo de nuestra vida, nuestros ojos están expuestos a diversos tipos de luz visible e invisible procedente no solo del sol, que es la fuente natural de la que proviene la mayor parte de la exposición a la luz azul, sino también de la continua presencia de luces artificiales en nuestras casas, lámparas fluorescentes y luces LED en las oficinas, nuestro televisor plano y pantallas de ordenadores, móviles y otros dispositivos digitales.

La luz azul es la que tiene la longitud de onda más corta (entre 380 y 510 nm) y la energía más alta del espectro visible, y se dispersa fácilmente cuando choca con las partículas de agua de la atmósfera, confiriendo al cielo ese maravilloso color azul de los días soleados de verano.

Por desgracia, el ojo humano no es capaz de bloquear el paso de la luz azul visible, que atraviesa rápidamente la córnea y el cristalino hasta llegar a la retina. Con el tiempo, esto puede causar un daño irreparable a las células fotorreceptoras de la retina y provocar cambios que son similares a los de la degeneración macular, una de las principales causas de pérdida permanente de la visión.

Este riesgo se considera aún mayor entre las miles de personas que se someten a una operación de cataratas, ya que la opacidad del cristalino permite filtrar parte de la radiación de la luz azul y, cuando se extrae quirúrgicamente, la retina puede ser más vulnerable. (1) Las cataratas y la DMAE están entre las principales causas de pérdida visual y ceguera adquirida en los EE. UU. y el Reino Unido, afectando la calidad de vida de millones de personas. (2) Normalmente se manifiestan a partir de los 50 años, y se estima que una de cada 10 personas mayores de 65 años desarrolla algún signo de DMAE. Aunque otros factores de riesgo son la edad, los antecedentes familiares, el tabaco, la raza y la alimentación, no hay duda de que la exposición prolongada al sol influye de manera importante. Las células fotorreceptoras de la mácula, donde los rayos de luz se enfocan con mayor intensidad, comienzan a degenerarse y provocan pérdida de visión central. Esta pérdida suele ser gradual, a veces también rápida, pero el resultado es dificultad para leer, distorsión de las imágenes, alteración de la percepción de los colores y dificultad o incapacidad para reconocer las caras de las personas.

Aunque parezca contradictorio, la luz azul es necesaria y beneficiosa. Existe abundante evidencia de que la luz visible de alta energía propicia el estado de alerta, la función cognitiva y el estado de ánimo. (3–5) Por ejemplo, constituye una proporción importante de la luz blanca difusa emitida por las lámparas de fototerapia que se utilizan para tratar los síntomas del trastorno afectivo estacional. La cuestión está, por tanto, en disfrutar de sus beneficios y, al mismo tiempo, minimizar el daño que causa en la parte posterior del ojo. Por esta razón, en los últimos años se está prestando mayor atención a la importancia de una buena alimentación y, más concretamente, al valioso papel de la luteína y la zeaxantina en la salud ocular. (6–9)

La luteína y la zeaxantina solo son dos de los centenares de carotenoides presentes en la naturaleza, las verduras, la fruta y una gran variedad de plantas, muchas de las cuales tienen notables propiedades antioxidantes. Esto significa que protegen el cuerpo de los efectos dañinos de los radicales libres, responsables de la inflamación. Pero, a diferencia de otros carotenoides, solo la luteína y la zeaxantina se encuentran en grandes concentraciones en la mácula y son las que le proporcionan su típico color amarillo. La concentración de este color se determina midiendo la densidad óptica del pigmento macular (DOPM), que se ha convertido recientemente en un práctico biomarcador para predecir el riesgo de enfermedades oculares y mejorar la función visual. Existen numerosos estudios epidemiológicos que demuestran una relación inversa entre el pigmento macular y la incidencia de DMAE. (10).

En la naturaleza, la luteína y la zeaxantina absorben el exceso de luz solar para proteger las plantas de luz azul de alta energía. En la retina, la luteína y la zeaxantina bloquean el paso de la luz azul a la retina, reduciendo así el daño foto-oxidativo. Esto ha llevado a sugerir que una mayor ingesta de estos antioxidantes puede ayudar a ralentizar la progresión de la DMAE. (11) Hay varios estudios que sustentan esta hipótesis al demostrar que la suplementación con luteína y zeaxantina entre otros carotenoides, con o sin ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (AGPI-CL), puede aumentar la DOPM y mejorar la agudeza visual y la sensibilidad al contraste en pacientes con DMAE temprana. (12, 13, 14)

Con una población cada vez más vieja, pero con suficiente salud para disfrutar de todos sus sentidos, y especialmente de la vista, los suplementos orales de luteína y zeaxantina se presentan como una sabia elección para asegurar una buena agudeza visual. Los estudios no registran ningún efecto secundario tóxico y, aunque actualmente no hay establecida una cantidad diaria recomendada, el consenso general es de 10 mg y 2 mg diarios de luteína y zeaxantina, respectivamente, para las personas que tienen una dieta baja en frutas y verduras.

referencias

  1. R J Symes1 and F M Cuthbertson2 Eye (2012) 26, 1397–1399; doi:10.1038/eye.2012.178; published online 7 September 2012
  2. http://www.who.int/blindness/causes/en/
  3. Figueiro MG, Sahin L, Wood B, Plitnick B. 2016. Daytime light exposure: Effects on biomarkers, measures of alertness, and performance Behavioural Brain Research, 274:176-185
  4. Plitnick B, Figueiro MG, Wood B, Rea MS. 2010. The effects of red and blue light on alertness and mood at night. Lighting Research & Technology, 42(4):449-458
  5. Sahin L, Figueiro MG. 2013. Alerting effects of short-wavelength (blue) and long-wavelength (red) lights in the afternoon. Physiology & Behavior, 116-117:1-7.
  6. Glaser TS, Doss LE, Shih G, Nigam D, Sperduto RD, Ferris FL 3rd, Agrón E, Clemons TE, Chew EY; Age-Related Eye Disease Study Research Group. The Association of Dietary Lutein plus Zeaxanthin and B Vitamins with Cataracts in the Age-Related Eye Disease Study: AREDS Report No. 37. Ophthalmology. 2015 Jul;122(7):1471-9.
  7. Hobbs RP, Bernstein PS. Nutrient Supplementation for Age-related Macular Degeneration, Cataract, and Dry Eye. J Ophthalmic Vis Res. 2014 Oct-Dec;9(4):487-93.
  8. Weikel KA, Garber C, Baburins A, Taylor A. Nutritional modulation of cataract. Nutr Rev. 2014 Jan;72(1):30-47
  9. Richer SP1, Stiles W, Graham-Hoffman K, Levin M, Ruskin D, Wrobel J, Park DW, Thomas COptometry. 2011 Nov;82(11):667-680.e6. doi: 10.1016/j.optm.2011.08.008
  10. Paul S. Bernstein,1 François C. Delori,2 Stuart Richer,3 Frederik J. M. van Kuijk,4 and Adam J. Wenzel5. Vision Res. 2010 Mar 31; 50(7): 716–728. Published online 2009 Oct 23. doi:  10.1016/j.visres.2009.10.014
  11. Nicole K. Scripsema, 1 Dan-Ning Hu, 1 , 2 , 3 and Richard B. Rosen 1 , 3 , J Ophthalmol. 2015; 2015: 865179. Published online 2015 Dec 24. doi:  10.1155/2015/865179
  12. Arnold C, et al JAMA Ophthalmol 2013 May; 131 (5): 564-72 doi; 10.1001/jamaopthalmol 2013.2851
  13. Dawczynski J, et al.  Graefes Arch Clin Exp Opthalmol. 2013 Graefes Arch Clin Exp Ophthalmol. 2013 Dec;251(12):2711-23. doi:10.1007/s00417-013-2376. Epub 2013 May 22
  14. Huang YM, et al. Br J Opthalmol. 2015 Mar;99(3):371-5. doi 10. 1136/bjopthalmol-2014-305503. Epub 2014 Sep 16