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El papel de la vitamina C en la promoción de la salud: nuevos estudios y sus implicaciones para revisar las recomendaciones de consumo

Nate Matusheski, PhD

enero 22, 2018


Mucho antes de que la vitamina C se considerara un nutriente esencial, el Dr. James Lind descubrió que un componente de los cítricos ayudaba a curar el escorbuto en los marineros británicos. Este descubrimiento contribuyó a impulsar el dominio naval de Inglaterra y a conformar el mundo en el que vivimos hoy (1). Años más tarde se identificó un ácido hexurónico (actualmente conocido como ácido ascórbico) como “vitamina C” y se determinó su importante papel en el mecanismo bioquímico de la formación de colágeno (2, 3). Aunque esta es la razón principal de que la vitamina C se considere un nutriente esencial, estudios recientes sugieren que esta vitamina también puede ser importante para otras enfermedades crónicas. Por otra parte, es posible que los niveles de ingesta necesarios para una salud óptima sean superiores a los que se recomiendan actualmente.

Función inmunológica

La función inmunológica es uno de los beneficios más conocidos de la vitamina C. La vitamina C es absorbida principalmente por las células circulantes del sistema inmune, alcanzando niveles entre 20 y 60 veces más altos que los de las células vecinas (4). Esto ayuda a proteger los neutrófilos frente a las especies reactivas de oxígeno que se utilizan para matar bacterias o virus patógenos. La vitamina C también estimula la migración de las células inmunes al lugar de la infección, y se ha observado una disminución de los niveles de vitamina C en personas que padecen infecciones (5). Una reciente revisión Cochrane de ensayos clínicos sobre la suplementación con vitamina C concluyó que la administración de 200 mg o más de vitamina C redujo la duración de los síntomas del resfriado común tanto en adultos como en niños (6).

Enfermedades no transmisibles

La vitamina C también se asocia con ciertas enfermedades no transmisibles como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer o la enfermedad de Alzheimer. Los estudios de población han señalado asociaciones entre la vitamina C y una disminución del riesgo cardiovascular (7). Asimismo, varios meta-análisis de ensayos clínicos con suplementos de vitamina C han indicado mejoras en la función endotelial (8) y la presión arterial (9). La ingesta de vitamina C también se ha asociado con una menor incidencia de ciertos tipos de cáncer (10–12) y la enfermedad de Alzheimer (13, 14), si bien aún no están claras las relaciones de causa-efecto. En los últimos tiempos ha habido un creciente interés médico en los posibles beneficios de la administración de vitamina C por vía intravenosa para mejorar la calidad de vida en pacientes que reciben quimioterapia (15).

A la luz de esta evidencia reciente, algunos expertos han recomendado aumentar la ingesta diaria recomendada a 200 mg o más al día (16), una cantidad que se puede obtener mediante el consumo de 5 porciones de frutas y verduras. Sin embargo, en muchas partes del mundo es sorprendentemente frecuente la deficiencia marginal o total de vitamina C. En el Reino Unido se ha constatado una deficiencia marginal o depleción de vitamina C (<28 µmol/L) en un 34-46 % de la población de bajos ingresos (17), mientras que en EE. UU., el 46 % de la población presenta unos niveles insuficientes de vitamina C status (<53 µmol/L) (18).

No hay duda de que la vitamina C es importante para otros aspectos de la salud que van más allá de la simple prevención del escorbuto. Muchas personas no consumen las cantidades recomendadas de frutas y verduras o tienen unos niveles de vitamina C en el organismo que están por debajo de las recomendaciones. Teniendo en cuenta sus posibles beneficios, es un buen momento para proponer un mayor consumo de alimentos ricos en vitamina C o de suplementos que ayuden a alcanzar unos niveles en el cuerpo que favorezcan una salud óptima.

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referencias

  1. Lind J. Treatise of the Scurvy in Three Parts [Internet]. Edinburgh: Sands, Murray and Cochran; 1753 [cited 2017 Dec 13]. 22 p. Available from: http://www.jameslindlibrary.org/lind-j-1753/
  2. Svirbely JL, Szent-Györgyi A. Hexuronic Acid as the Antiscorbutic Factor. Nature. 1932;129:576.
  3. Englard S, Seifter S. The Biochemical Functions of Ascorbic Acid. Annu Rev Nutr. 1986;6:365–406.
  4. Carr AC, Maggini S. Vitamin C and Immune Function. Nutrients. 2017;9:1211.
  5. Bakaev VV, Duntau AP. Ascorbic acid in blood serum of patients with pulmonary tuberculosis and pneumonia. Int J Tuberc Lung Dis. 2004;8:263–6.
  6. Hemilä H, Chalker E. Vitamin C for preventing and treating the common cold. Cochrane Database of Systematic Reviews [Internet]. John Wiley & Sons, Ltd; 2013 [cited 2016 Jun 16]. Available from: http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/14651858.CD000980.pub4/abstract
  7. Moser MA, Chun OK. Vitamin C and Heart Health: A Review Based on Findings from Epidemiologic Studies. Int J Mol Sci. 2016;17:1328.
  8. Ashor AW, Lara J, Mathers JC, Siervo M. Effect of vitamin C on endothelial function in health and disease: A systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. Atherosclerosis. 2014;235:9–20.
  9. Juraschek SP, Guallar E, Appel LJ, Miller ER. Effects of vitamin C supplementation on blood pressure: a meta-analysis of randomized controlled trials. Am J Clin Nutr. 2012;95:1079–88.
  10. Finck H, Hart AR, Lentjes MA, Jennings A, Luben RN, Khaw K-T, Welch AA. Cross-sectional and prospective associations between dietary and plasma vitamin C, heel bone ultrasound, and fracture risk in men and women in the European Prospective Investigation into Cancer in Norfolk cohort. Am J Clin Nutr. 2015;102:1416–24.
  11. Cao D, Shen K, Li Z, Xu Y, Wu D. Association between vitamin C Intake and the risk of cervical neoplasia: A meta-analysis. Nutr Cancer. 2016;68:48–57.
  12. Hua Y-F, Wang G-Q, Jiang W, Huang J, Chen G-C, Lu C-D. Vitamin C Intake and Pancreatic Cancer Risk: A Meta-Analysis of Published Case-Control and Cohort Studies. PLOS ONE. 2016;11:e0148816.
  13. Silva SL da, Vellas B, Elemans S, Luchsinger J, Kamphuis P, Yaffe K, Sijben J, Groenendijk M, Stijnen T. Plasma nutrient status of patients with Alzheimer’s disease: Systematic review and meta-analysis. Alzheimers Dement J Alzheimers Assoc. 2014;10:485–502.
  14. Li F-J, Shen L, Ji H-F. Dietary intakes of vitamin E, vitamin C, and β-carotene and risk of Alzheimer’s disease: a meta-analysis. J Alzheimers Dis JAD. 2012;31:253–8.
  15. Carr AC, Vissers MCM, Cook JS. The Effect of Intravenous Vitamin C on Cancer- and Chemotherapy-Related Fatigue and Quality of Life. Front Oncol [Internet]. 2014 [cited 2017 May 26];4. Available from: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4199254/
  16. Frei B, Birlouez-Aragon I, Lykkesfeldt J. Authors’ Perspective: What is the Optimum Intake of Vitamin C in Humans? Crit Rev Food Sci Nutr. 2012;52:815–29.
  17. Mosdøl A, Erens B, Brunner EJ. Estimated prevalence and predictors of vitamin C deficiency within UK’s low-income population. J Public Health. 2008;30:456–60.
  18. Dionne CE, Laurin D, Desrosiers T, Abdous B, Sage NL, Frenette J, Mondor M, Pelletier S. Serum vitamin C and spinal pain: a nationwide study. Pain. 2016;157:2527–35.