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La complejidad de la investigación sobre micronutrientese

Aunque existen copiosas pruebas científicas que apoyan la importancia de micronutrientes como las vitaminas y los carotenoides para la salud, algunos estudios que investigan los efectos positivos de los micronutrientes algunas veces llegan a conclusiones menos claras de lo esperado o que incluso contradicen las expectativas. Esto en realidad no es sorprendente porque las relaciones entre la dieta, la salud y la enfermedad son extremadamente complejas y se ven afectadas por muchos factores. Consecuentemente, es muy difícil verificar e influenciar estas relaciones.

En los países en vías de desarrollo donde la gente a menudo no consume una cantidad adecuada de nutrientes esenciales, la suplementación, por ejemplo, ha demostrado un éxito notable para prevenir las enfermedades carenciales. Sin embargo, en los países industrializados, muchos estudios sobre suplementación fracasan en su intento de reducir el riesgo de enfermedades de la civilización como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes o el cáncer, las cuales están relacionadas con muchos otros factores del estilo de vida que van más allá de la dieta. Al fin y al cabo, un consumo adecuado de micronutrientes es sólo uno de los prerrequisitos para mantenerse sano. Otros son, por ejemplo, una dieta equilibrada y hacer ejercicio con regularidad. Por ello, cuando un estudio, por ejemplo, indica que las vitaminas que ha tomado un grupo de personas durante un periodo específico de tiempo a una dosis determinada no dan muestras de una clara (‘significativa’) reducción del riesgo de cáncer, esto no indica (‘demuestra’) que estas vitaminas no tengan un efecto positivo en el riesgo de desarrollar cáncer. No obstante, para este grupo de personas sí indica que el cáncer no se puede prevenir sólo tomando vitaminas.

A parte de esta complejidad, la falta de métodos de investigación apropiados hace que sea difícil hallar pruebas de los efectos de los micronutrientes en el cuerpo humano. Actualmente, los micronutrientes se prueban frente a placebos en investigaciones para la prevención y tratamiento de muchas enfermedades distintas, del mismo modo que se prueban los fármacos (ver ‘Calidad de los estudios’). Estos estudios comparan, por ejemplo, la incidencia de ciertas enfermedades en dos grupos de ensayo. Hablando estrictamente, un grupo de voluntarios tiene que tomar un micronutriente específico con cierta regularidad mientras que un grupo de control toma un placebo y evita el micronutriente. Sin embargo, dado que, a diferencia de los medicamentos, no es posible evitar la ingesta de micronutrientes con los alimentos, es decir, todo el mundo consume algunos micronutrientes, no existe de hecho ningún grupo de control apropiado. Más aún, el estilo de vida y el consumo de micronutrientes de los voluntarios difiere. Una comparación directa de, por ejemplo, la incidencia de enfermedades cardiacas en personas que toman vitaminas y personas que no toman vitaminas es, por lo tanto, imposible en la práctica.

Los métodos de investigación al alcance de los investigadores de micronutrientes para reducir el riesgo de enfermedades aportan, por lo tanto, resultados que rara vez son inequívocos y a menudo sólo reflejan algunos aspectos. El hecho sigue siendo que una ingesta adecuada de vitaminas y otros micronutrientes es absolutamente esencial para todos los procesos químicos del organismo y para una vida sana en general. Pero los micronutrientes no son un remedio mágico. No puede suplantar todas las demás medidas para fomentar la salud o compensar un estilo de vida poco saludable.

Calidad de los estudios

Aparte de la complejidad de las relaciones entre los micronutrientes y la salud, la falta de métodos de investigación adecuados es lo que dificulta el hallazgo de pruebas del efecto de los micronutrientes en la reducción del riesgo de desarrollar enfermedades, por ejemplo. La validez de los resultados científicos depende de la calidad y el tipo de estudio que los haya generado. Mientras que los estudios experimentales bien ejecutados pueden aportar evidencias sólidas o incluso pruebas, las publicaciones científicas basadas en metodología, resultados y conclusiones imprecisos crean como mucho hipótesis que tienen que ser probadas en otros experimentos.

Identificar los estudios realmente informativos entre las muchas publicaciones científicas no es tarea fácil, puesto que su calidad depende de muchos factores. Los resultados pueden estar tergiversados si, por ejemplo, los estudios se utilizan para generar datos ‘retrospectivamente’, es decir, cuando se pide a los participantes en los estudios que den detalles sobre sus hábitos dietéticos, resumiendo quizás un periodo de varios años. Los voluntarios pueden no recordarlos con exactitud y su información puede ser poco fiable. Más aún, los llamados meta-análisis pueden tergiversar los resultados al mezclar datos de estudios de diferente calidad y con distintos objetivos. Por ello es engañoso cuando se combinan los resultados de estudios en los que se les dieron micronutrientes a participantes sanos para reducir el riesgo de enfermedades con resultados de estudios en los que se les dieron altas dosis de micronutrientes a voluntarios que ya sufrían una enfermedad para tratarla.

Los resultados de estudios aleatorizados controlados (RCTs por sus siglas en inglés), que son el método preferido para probar medicinas, son considerados más valiosos que los resultados de otros tipos de estudio. Pero incluso los RCTs no dejan de generar controversia en la investigación sobre micronutrientes. Los investigadores señalan que mientras que se puede comparar el efecto de un medicamento con el de otro que no contiene ningún ingrediente activo (placebo), este método no se puede aplicar a los micronutrientes o nutrientes en general. Dado que los micronutrientes son vitales para nuestra supervivencia y todo el mundo los consume hasta cierto punto, en realidad no existe ningún grupo de control (grupo placebo) que no consuma ningún micronutriente. En todo caso, el establecimiento de tal grupo de control en condiciones experimentales no sería ético. Lo que es más, mientras que es fácil monitorizar la ingesta de medicamentos, no se puede decir lo mismo del consumo de alimentos diario de los voluntarios y de los potenciales efectos de sus formas de vida personales. De acuerdo con los expertos, actualmente no existe un método realmente adecuado para analizar la efectividad de los micronutrientes.

La planificación y ejecución de estudios sobre la eficacia de los micronutrientes, especialmente para prevenir enfermedades multifactoriales como las cardiovasculares, es, por lo tanto, una cuestión complicada y depende de muchos parámetros. Por ello, un estudio puede no conducir a las conclusiones esperadas por muchos motivos, inclusive una duración inadecuada de la ingesta de micronutrientes, dosis por debajo del nivel óptimo, deficiencias en la monitorización de los niveles de micronutrientes en la sangre, la falta de buenos métodos clínicos para analizar la gravedad de la enfermedad, fallos en la selección de voluntarios y cumplimiento de los planes dietéticos, así como horarios de ingesta erróneos.

Deficiencias de micronutrientes – un problema subestimado

Los micronutrientes son absolutamente esenciales para la salud y necesarios para muchos procesos metabólicos. Una falta de vitamina, por ejemplo, puede ocasionar diversos problemas de salud de leves a graves. La severidad de un problema depende de diversas variables como la edad, el sexo, la salud general (p. ej., enfermedades crónicas) y las circunstancias personales (p. ej., un embarazo). Una carencia de las vitaminas más importantes durante los primeros meses de vida puede tener consecuencias nefastas y permanentes.

Existen varios tipos de déficit de micronutrientes, desde ‘insuficiencia’ a ‘deficiencia’. Mientras que por regla general una deficiencia grave causará síntomas y signos clínicos obvios, las consecuencias de una insuficiencia pueden no ser evidentes de forma inmediata. No obstante, a largo plazo, una insuficiencia puede aumentar el riesgo de enfermedades crónicas como enfermedades cardiovasculares o cáncer. En este momento no está claro cuáles son los aportes ‘óptimos’ de micronutrientes y a partir de qué punto se puede hablar de un consumo ‘inferior al óptimo’. El debate sobre la ingesta adecuada de vitaminas y la confirmación de sus efectos para la salud es un ejemplo perfecto.

Las deficiencias e insuficiencias de micronutrientes afectan no sólo a personas que no tienen acceso a estos nutrientes o a quienes no pueden permitírselo, sino también a aquellos con sobrepeso u obesos. Muchos estudios sobre nutrición confirman que la deficiencia de vitaminas se da también en las sociedades ricas de los países industrializados. Sondeos sobre salud y nutrición recientes han mostrado que muchas personas en Europa y Estados Unidos consumen menos vitaminas de las recomendadas, aumentando el riesgo de una enfermedad carencial. Esto es especialmente válido para las mujeres en edad reproductiva, embarazadas, niños y jóvenes, personas mayores y personas que siguen una dieta de adelgazamiento, grupos socioeconómicos débiles, alcohólicos y fumadores. Los problemas de salud relacionados con la dieta son un fenómeno global que está siendo combatido a escala nacional recomendando un aporte de diario de micronutrientes. 

Una dieta adecuada es importante

Nuestro cuerpo no puede producir vitaminas, o lo hace sólo en cantidades insuficientes. Por lo tanto, dependemos del consumo de vitaminas a través de los alimentos. Una ‘dieta equilibrada’, con una mezcla variada de fruta y verdura, por ejemplo, asegura un alto consumo de vitaminas y minerales, esencial para la salud. La cantidad de fruta y verdura que debe consumirse al día depende de la edad, sexo y estado de salud, entre otras cosas. En este momento no está claro cuáles son los aportes ‘óptimos’ de micronutrientes y a partir de qué punto se puede decir que un consumo es ‘inferior al óptimo’.

Numerosos expertos recomiendan comer cinco porciones diarias o 500 a 650 gramos de fruta y verdura. Sondeos de nutrición en países industrializados muestran que la gente consume un promedio de menos de tres porciones al día. Evidentemente, a algunas personas les resulta más difícil cumplir las recomendaciones que a otras. A las personas mayores a veces les resulta difícil ingerir suficientes alimentos o preparar comidas adecuadas y asegurar así un aporte adecuado de micronutrientes. La gente joven, por otro lado, tiende a llevar un ritmo de vida acelerado caracterizado por una dieta pobre en verdura, fruta y cereales integrales. Las personas que limitan la ingesta de alimentos para perder o mantener peso también tienden a consumir cantidades insuficientes de micronutrientes. Por estos motivos, mucha gente consume alimentos enriquecidos con micronutrientes o suplementos dietéticos para cubrir las carencias en su dieta.

El objetivo final es intentar llevar y promover una dieta sana rica en micronutrientes, especialmente en aquellos cuyos hábitos de alimentación impiden una ingesta adecuada.

La ingesta de micronutrientes apropiada

Un aporte adecuado de micronutrientes es absolutamente necesario para la salud. Las cantidades necesarias difieren de una persona a otra, dependiendo de la edad, sexo, estado de saludo y estilo de vida, entre otras cosas. Las consecuencias de un consumo inadecuado no son siempre evidentes, pero a largo plazo pueden contribuir al desarrollo de enfermedades crónicas como enfermedades cardiovasculares o cáncer. El aporte ‘óptimo’ de micronutrientes para obtener los ‘máximos’ beneficios para la salud es un tema de debate entre los expertos en nutrición, al igual que la cuestión de a partir de qué punto podemos decir que un aporte es ‘inferior al óptimo’.

Expertos en nutrición han establecido recomendaciones sobre las cantidades diarias de micronutrientes en forma, por ejemplo, de ‘cantidad diaria recomendada (RDA)’, que se supone que cubren las necesidades de toda una población sana de la misma edad y sexo en situaciones de vida comparables (ver también Recomendaciones). Algunos investigadores critican que las recomendaciones actuales se basan principalmente en el consumo medio de personas sanas y que se dejan de lado las cantidades adicionales que podrían suponer beneficios para la salud.

Puesto que los efectos y efectos secundarios de los micronutrientes dependen de la dosificación, una ingesta continua de dosis muy altas de micronutrientes durante un largo periodo de tiempo podría ser perjudicial para la salud. Por este motivo, las autoridades sanitarias europeas y estadounidenses han definido ‘niveles máximos de ingesta tolerables (ULs por sus siglas en inglés)’ para algunas vitaminas y minerales. Estos niveles se basan en el aporte diario máximo que no se espera que tenga efectos negativos en la salud, incluso si se consumen a largo plazo.

Si tiene alguna pregunta relacionada con los aportes de micronutrientes recomendados en la dieta o en forma de complementos alimenticios, consulte a su nutricionista, dietista o médico.

Micronutrientes ‘naturales’ y ‘aislados’

Muchas personas consumen alimentos enriquecidos con micronutrientes o suplementos dietéticos para cubrir las carencias en sus dietas y satisfacer sus necesidades personales. La mayoría de estos productos contienen vitaminas y otros micronutrientes (solos o en combinación) que han sido añadidos en su forma aislada o producidos mediante procesos químicos. Existe un debate en curso acerca de si las vitaminas aisladas y las presentes en la fruta y verdura tienen efectos comparables.

Algunas personas dicen que las vitaminas de los alimentos fortificados y suplementos dietéticos no cumplen las mismas funciones en el organismo que las de la fruta y verdura porque están presentes de forma aislada y pueden carecer de ciertos componentes que sólo están presentes en la fruta entera, por ejemplo. Estos cofactores (p. ej., bioflavonoides) podrían mejorar la biodisponibilidad de ciertas vitaminas.

Otros argumentan que no hay motivo por el cual las vitaminas aisladas tengan que ser menos efectivas, puesto que su estructura es ‘idéntica a la natural’. Opinan que el efecto de cada sustancia depende de su estructura molecular y dosificación, más que de si son de origen natural o sintético. Más aún, el cuerpo a veces absorbe mejor las vitaminas aisladas y éstas no van acompañadas de las sustancias perjudiciales (p. ej., pesticidas) presentes en muchas fuentes naturales.

Puesto que las relaciones entre los micronutrientes y la salud son muy complejas y los métodos de investigación disponibles no son adecuados para proporcionar evidencias claras, actualmente contamos con teorías, pero no con respuestas definitivas.

Aun así es importante señalar que los componentes ‘naturales’ de los alimentos no son necesariamente más inocuos para el sistema o mejores para la salud. Muchos componentes naturales de los alimentos son ingredientes activos con fuertes acciones biológicas. Su función en la dieta y su seguridad aún no han sido investigadas de forma concluyente. Algunas de las sustancias más tóxicas son de origen natural.

Si tiene alguna pregunta relacionada con los micronutrientes en la dieta o en forma de complementos alimenticios, consulte a su nutricionista, dietista o médico.