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Quién, qué y por qué de la nutrición médica

Publicado

24 octubre 2018

Todos sabemos que lo que comemos afecta a nuestra salud. Por su parte, nuestra salud también puede influir en nuestras necesidades nutricionales. La nutrición médica lleva este concepto un poco más lejos y ofrece una nutrición especializada que ayuda a tratar las enfermedades. Utilizada exclusivamente con la supervisión de un médico, la nutrición médica puede ayudar a pacientes con distintas afecciones, trastornos y problemas de salud. La nutrición médica contribuye a tratar carencias nutricionales que no pueden resolverse con la alimentación normal. 

En las próximas décadas, la nutrición médica será de gran ayuda para la población de mayor edad y para las personas con enfermedades graves o crónicas que necesiten una dieta especial o una terapia nutricional. La nutrición médica es eficaz, rentable y además mejora la calidad de vida de los pacientes [1]. 

¿Quién debe recurrir a la nutrición médica?

La nutrición médica está pensada para los pacientes a quienes beneficiaría un refuerzo nutricional a corto o largo plazo bajo supervisión médica. Puede favorecer a las personas que, por algún problema de salud, tienen dificultades para obtener suficientes nutrientes de lo que comen, en especial:

  • Pacientes geriátricos frágiles
  • Personas con problemas para deglutir
  • Antes y después de una intervención quirúrgica, en especial si está relacionada con el aparato digestivo
  • Personas con enfermedades crónicas, como diabetes e insuficiencia renal crónica 
  • Pacientes con trastornos del tubo digestivo, como la enfermedad de Crohn
  • Pacientes de cáncer con poco apetito o dificultades para comer o digerir los alimentos
  • Pacientes hospitalizados

¿Qué formas adoptan los productos de nutrición médica?

Complementos alimenticios orales

Pueden recurrir a los complementos alimenticios orales los pacientes que conservan un buen apetito y pueden comer con normalidad. Los complementos pueden suministrarse en forma de polvo para mezclar con una bebida o bien tratarse de un líquido estéril, como un batido, una sopa o una dosis, o de un alimento semisólido, como un postre lácteo o una gelatina. Los complementos orales pueden utilizarse para incrementar el nivel total de energía o para aumentar la ingesta de macronutrientes, sobre todo de proteínas, o de vitaminas y minerales. Las formas líquidas o semisólidas son fáciles de consumir y no inhiben el apetito porque el organismo las absorbe sin dificultad [1]. 

Normalmente, las personas que más se benefician de los complementos orales son los pacientes que necesitan ayuda para satisfacer sus necesidades nutricionales, como pacientes geriátricos, pacientes hospitalizados que deben ganar peso antes de una intervención quirúrgica y pacientes de cáncer que no consiguen ingerir las calorías suficientes. Los complementos ricos en proteínas pueden ayudar a los adultos de edad avanzada a satisfacer sus necesidades proteínicas, en especial en periodos de reposo en cama [2]. Numerosas revisiones y metanálisis han demostrado que los pacientes que toman complementos orales registran menos mortalidad y riesgo de complicaciones que los pacientes con tratamientos estándar [1, 3]. En un ensayo clínico, los pacientes de cáncer colorrectal que ingirieron complementos alimenticios en forma de batidos antes de una intervención quirúrgica registraron menos pérdidas de peso y riesgo de infección [4]. En otro, los adultos desnutridos de varias residencias de ancianos que tuvieron acceso a distintos complementos orales disfrutaron de una mejor calidad de vida y un mayor aporte de nutrientes que los que recibieron consejos dietéticos [5]. Estos resultados demuestran que los complementos orales pueden ayudar a los pacientes de distintas patologías. 

Nutrición enteral

La nutrición enteral permite obtener los nutrientes necesarios sin tener que masticar ni tragar cuando los pacientes no pueden comer pero el tubo gastrointestinal todavía les funciona. Comúnmente llamada «alimentación por sonda», esta forma de nutrición exige colocar un tubo en el estómago o en el intestino delgado. La sonda puede introducirse por la nariz o por la boca, o bien en el abdomen mediante una intervención quirúrgica para insertarla a través de una pequeña incisión. La nutrición enteral suele utilizarse a corto plazo —justo antes y después de una intervención— o para abordar con rapidez una desnutrición, aunque también puede emplearse a largo plazo.

Los alimentos destinados a la alimentación por sonda deben administrarse en forma líquida y poder fluir con facilidad por un tubo. Es posible utilizar tanto fórmulas comerciales como «alimentos licuados», es decir, alimentos normales triturados en una licuadora. Los productos comerciales son líquidos estériles que contienen mezclas especialmente formuladas de todos los nutrientes: proteínas, grasas, hidratos de carbono y micronutrientes. Hay disponibles fórmulas diferentes para distintos tipos de pacientes. Por ejemplo, hay fórmulas que contienen péptidos y aminoácidos para mejorar la digestión de componentes proteínicos y otras diseñadas para pacientes con insuficiencia renal crónica [6].  

En la nutrición enteral también pueden emplearse alimentos licuados. Para ello pueden combinarse alimentos habituales en la mesa, aunque también es posible recurrir a otros alimentos preparados, como los alimentos infantiles. Otra alternativa es emplear fórmulas comerciales como base para los alimentos licuados o para hacerlos más líquidos. Hay que tener cuidado de que los alimentos licuados satisfagan las necesidades alimentarias de los pacientes [7]. 

¿Por qué necesitamos nutrición médica?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ritmo de envejecimiento de la población es mucho más rápido que antes. De hecho, entre 2015 y 2050, la proporción de la población mundial de más de 65 años se duplicará y pasará del 8 al 16 % [8]. Los adultos en edad avanzada son los que corren mayor riesgo de desnutrición. El envejecimiento de la población incrementa el índice de enfermedades crónicas y discapacidades [9]. Por ejemplo, en un estudio realizado en 12 países se observó que uno de cada cinco adultos de más de 65 años estaba desnutrido según el Mini Nutritional Assessment [10]. La nutrición médica puede prevenir la desnutrición y favorecer el tratamiento de determinadas enfermedades. Ha llegado el momento de entender mejor la nutrición médica y el modo en que puede contribuir a optimizar el nivel nutricional de las personas de todas las edades, en especial de las que están envejeciendo.  

REFERENCIAS

  1. Stratton, R.J.; Elia, M. Encouraging appropriate, evidence-based use of oral nutritional supplements. Proc Nutr Soc 2010, 69, 477-487. 10.1017/S0029665110001977.
  2. English, K.L.; Paddon-Jones, D. Protecting muscle mass and function in older adults during bed rest. Curr Opin Clin Nutr Metab Care 2010, 13, 34-39. 10.1097/MCO.0b013e328333aa66.
  3. Cawood, A.L.; Elia, M.; Stratton, R.J. Systematic review and meta-analysis of the effects of high protein oral nutritional supplements. Ageing Res Rev 2012, 11, 278-296. 10.1016/j.arr.2011.12.008.
  4. Burden, S.T.; Gibson, D.J.; Lal, S.; Hill, J.; Pilling, M.; Soop, M.; Ramesh, A.; Todd, C. Pre-operative oral nutritional supplementation with dietary advice versus dietary advice alone in weight-losing patients with colorectal cancer: single-blind randomized controlled trial. J Cachexia Sarcopenia Muscle 2017, 8, 437-446. 10.1002/jcsm.12170.
  5. Parsons, E.L.; Stratton, R.J.; Cawood, A.L.; Smith, T.R.; Elia, M. Oral nutritional supplements in a randomised trial are more effective than dietary advice at improving quality of life in malnourished care home residents. Clin Nutr 2017, 36, 134-142. 10.1016/j.clnu.2016.01.002.
  6. Cano, N.; Fiaccadori, E.; Tesinsky, P.; Toigo, G.; Druml, W.; Dgem; Kuhlmann, M.; Mann, H.; Horl, W.H.; Espen. ESPEN Guidelines on Enteral Nutrition: Adult renal failure. Clin Nutr 2006, 25, 295-310. 10.1016/j.clnu.2006.01.023.
  7. Carter, H.; Johnson, K.; Johnson, T.W.; Spurlock, A. Blended tube feeding prevalence, efficacy, and safety: What does the literature say? J Am Assoc Nurse Pract 2018, 30, 150-157. 10.1097/JXX.0000000000000009.
  8. National Institute on Aging; National Institutes of Health; U.S. Department of Health and Human Services. Global Health and Aging. NIH Publication no. 11-7737; 2011;  http://www.who.int/ageing/publications/global_health.pdf.
  9. Fouweather, T.; Gillies, C.; Wohland, P.; Van Oyen, H.; Nusselder, W.; Robine, J.M.; Cambois, E.; Jagger, C.; Team, J.E. Comparison of socio-economic indicators explaining inequalities in Healthy Life Years at age 50 in Europe: 2005 and 2010. Eur J Public Health 2015, 25, 978-983. 10.1093/eurpub/ckv070.
  10. Kaiser, M.J.; Bauer, J.M.; Ramsch, C.; Uter, W.; Guigoz, Y.; Cederholm, T.; Thomas, D.R.; Anthony, P.S.; Charlton, K.E.; Maggio, M., et al. Frequency of malnutrition in older adults: a multinational perspective using the mini nutritional assessment. J Am Geriatr Soc 2010, 58, 1734-1738. 10.1111/j.1532-5415.2010.03016.x.

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