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Preocupación por el consumo insuficiente de vitaminas por parte de los ancianos

Publicado

5 abril 2018

Según una nueva revisión de estudios, los datos de las encuestas sobre alimentación indican que el consumo inadecuado de vitaminas es común en los ancianos sanos incluso en los países ricos occidentales.

La revisión evaluó el consumo de vitaminas por parte de ancianos sanos no institucionalizados en compara-ción con el consumo de referencia alimenticio (CRA) basándose en encuestas sobre alimentación (1). Los datos mostraron que en los ancianos americanos (de más de 71 años) la prevalencia del consumo por debajo de las necesidades medias estimadas era de alrededor de 50% para la vitamina A, 75% para la vitamina E, 40% para la vitamina C, 16% de los hombres y 40% de las mujeres para el folato, así como 34% de los hombres y 49% de las mujeres para la vitamina K (2). Para la vitamina C, esto se confirma con datos sobre las concentraciones en suero y representa una mejora en comparación con datos anteriores, que se ha atribuido principalmente a una menor exposición al humo de cigarrillo y un mayor uso de suple-mentos más que a una mejora del consumo en dieta (3). Un estudio realizado en EE. UU. halló que hasta el 25% de las personas de más 60 años tenía concentraciones insuficientes de vitamina B12 en suero (4). Se cree que esto es al menos en parte debido a la malabsorción causada por condiciones relacionadas con la edad como la gastritis atrófica (5). Un reciente estudio halló que cerca del 40% de los mayores de 65 años en los EE. UU. no alcanza las concentraciones de 50 nmol/L de 25-hidroxi vitamina D, con las que se considera que se cubren las necesidades del 97,5% de la población (6). Puesto que cerca del 50% de las personas de más de 71 años afirma que hace un consumo regular de suplementos y considerando que la leche está enriquecida con vitamina D en EE. UU., esta cifra supone una gran parte de la población anciana.

Según los investigadores, el bajo nivel de vitaminas en los ancianos no es sorprendente teniendo en cuenta sus hábitos alimenticios. Se cree que entre los mayores de 71 años, el consumo recomendado de frutas, verduras y granos integrales no se cumple por parte de más de un 70, 80 y 90% de los individuos respecti-vamente. En otras partes del mundo industrializado como Europa, la situación es similar (8). En la mayoría de los países encuestados, el consumo de vitamina D y de folato en los ancianos se encontraba por debajo del recomendado y el consumo de vitamina E y C era bajo en cerca de la mitad de ellos (9).

Los científicos señalaron que los cambios inherentes al proceso de envejecimiento conllevan la necesidad de una mayor densidad de nutrientes difícil de cubrir solo con la dieta. En lugares en los que la dieta no es sufi-ciente para acortar la diferencia entre el consumo de vitaminas y el consumo recomendado, los alimentos enriquecidos y los suplementos en dieta que se centren específicamente en el creciente sector de ancianos sanos podría ser una solución pragmática.

En la última década, algunos estudios han investigado los efectos del consumo de vitaminas por encima de las recomendaciones diarias en diversas enfermedades, en su mayoría crónicas. Los resultados de estos estudios, en los que se usaron concentraciones considerablemente mayores que las establecidas en el CRA, son poco coherentes: algunos mostraron un efecto positivo (10, 11), mientras que otros no hallaron efectos o hallaron efectos negativos causados por algunas vitaminas en la salud como la mortalidad por todas las causas (12) o el riesgo de cáncer (13). Sin embargo, estas incoherencias en los estudios que investigan el posible efecto del consumo de vitaminas por encima del CRA establecido en las enfermedades crónicas no debería alejar la atención pública del consumo inadecuado de micronutrientes esenciales como las vitaminas por parte de la mayor parte de la población anciana.

REFERENCIAS

  1. Troesch B. et al. 100 Years of Vitamins: Adequate intake in the elderly is still a matter of concern. Journal of Nutrition. Published online April 2012.
  2. Marriott B. P. et al. Intake of added sugars and selected nutrients in the United States, National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES) 2003–2006. Crit Rev Food Sci Nutr. 2010; 50:228–258.
  3. Schleicher R. L. et al. Serum vitamin C and the prevalence of vitamin C deficiency in the United States: 2003–2004 National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES). Am J Clin Nutr. 2009; 90:1252–1263.
  4. Bailey R. L. et al. Monitoring of vitamin B-12 nutritional status in the United States by using plasma methylmalonic acid and serum vitamin B-12. Am J Clin Nutr. 2011; 94:552–561.
  5. Krasinski S. D. et al. Fundic atrophic gastritis in an elderly population. Effect on hemoglobin and several serum nutritional indicators. J Am Geriatr Soc. 1986; 34:800–806.
  6. Forrest K. Y. Z. and Stuhldreher W. L. Prevalence and correlates of vitamin D deficiency in US adults. Nutr Res. 2011; 31:48–54.
  7. Krebs-Smith S. M. et al. Americans do not meet federal dietary recommendations. J Nutr. 2010; 140:1832–1838.
  8. Elmadfa I.et al. European nutrition and health report 2009. Basel: Karger; 2009.
  9. Ahmadieh H. and Arabi A. Vitamins and bone health: beyond calcium and vitamin D. Nutr Rev. 2011; 69:584–598.
  10. de Jager C. A. et al. Cognitive and clinical outcomes of homocysteine-lowering B-vitamin treatment in mild cognitive impairment: a randomized controlled trial. Int J Geriatr Psychiatry. Epub 2011 Jul 21.
  11. Rabbani N. et al. High-dose thiamine therapy for patients with type 2 diabetes and microalbuminuria: a randomised, double-blind placebo-controlled pilot study. Diabetologia. 2009; 52:208–212.
  12. Bjelakovic G. et al. Mortality in randomized trials of antioxidant supplements for primary and secondary prevention. JAMA. 2007; 297:842–857.
  13. Klein E. A. et al. Vitamin E and the risk of prostate cancer. JAMA. 2011; 306:1549–1556.

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